Viernes, 24 de mayo de 2013

“Para que den el Nobel a Dylan, alguien tiene que echar LSD en el agua sueca"

“Para que den el Nobel a Dylan, alguien tiene que echar LSD en el agua sueca"
El músico, cuando recibió el título de doctor en la Universidad de St. Andrews (Reuters/David Cheskin)
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Hoy se falla el Premio Nobel 2012 de Literatura, y como viene siendo habitual desde finales de los años noventa, el cantautor Bob Dylan se encuentra entre los nombres por los que más dinero se ha pagado en las casas de apuestas, a pesar de que la mayor parte de expertos señalan que sus posibilidades son prácticamente nulas. ¿Pero realmente merece Dylan el Nobel, un premio que siempre se ha centrado más en la Alta Literatura? ¿En caso de ocurrir, sería la confirmación definitiva de la entrada de la música popular en el Gran Arte? Nos ponemos en contacto con Diego A. Manrique, uno de los críticos musicales señeros de nuestro país con una trayectoria de más de cuarenta años en publicaciones como Vibraciones, El País o Efe Eme o en programas de radio como El Ambigú y uno de los grandes expertos sobre la figura de Dylan en este país, para charlar con él sobre el tema.

Héctor G. Barnés.- Dices que consideras que Dylan no debería aspirar al Nobel de literatura porque no es su mundo, aunque no veo por qué no. ¿El problema, como señalas en Rolling Stone, es que Dylan no es un escritor "serio", o que los suecos nunca entenderán una letra como la de «Subterranean Homesick Blues»? Si es por lo primero, no creo que haya duda de que Dylan ha sido más relevante para el lenguaje del siglo XX que, pongamos, Tranströmer; si es por lo segundo, aunque Dylan corra el peligro de ser reducido una vez más al estereotipo del "poeta laureado del rock and roll", quizá estemos juzgando de manera injusta a la Academia... Aunque es cierto que ese empeño (innecesario) de la cultura popular de legitimarse a través del sello de calidad del Nobel puede parecer un tanto infantil, un capricho de semióticos baby boomers.

Diego A. Manrique.- Lo obvio: el escribir canciones es un arte diferente del literario, aunque haya cierto solapamiento. Sería como considerar a Stanley Kubrick –o a su director de fotografía– como un gran pintor por la voluntad paisajística de algunas secuencias de Barry Lyndon. No: la canción es un arte autónomo que no encaja en las categorías del Nobel. Claro que ha sido más relevante, social y culturalmente, que muchos de los literatos reconocidos. Y yo celebraría que le dieran el Nobel como el que más, aún sabiendo que es un disparate. En realidad, no creo que ocurra, por razones como su gusto por el plagio. Los "prestamos" pueden ser legítimos pero quedan afeados por esa renuencia tan dylaniana a asumirlos públicamente.

Y tampoco tendría otra justificación que apuntarse a la heterodoxia de celebrar las letras del rock como alta literatura. Dudo que los escandinavos caigan en esa boutade, habiendo una legión de escritores de diferentes culturas que cumplen mejor los requisitos. Y está el Problema Leonard Cohen: el canadiense tiene un perfil más literario, más Nobel-izable.

H.G.B.- Me sigue pareciendo discutible que las letras pop no sean arte literario, o al menos no pueda serlo en un futuro inmediato: Winston Churchill tiene el Nobel por sus "descripciones biográficas y su oratoria". Quizá por eso se hace campaña por él, aunque no lo vaya a ganar nunca (algo por lo que pongo en la mano en el fuego): ampliaría el campo de batalla del Premio, que tampoco creo que mire desde hace tiempo exclusivamente a la Alta Literatura (porque ya no sé si existe tal cosa).

Sin embargo, el Problema Cohen como lo llamas aún plantea otro dilema casi aún más complicado del de Dylan: ¿podría ganar Cohen el Nobel por su producción poética y sus novelas? Con casi total seguridad no, lo haría por su carrera como cantante, pero al mismo tiempo, habría necesitado esa justificación extramusical, esa legitimación (soy un escritor que canta, no un cantante que escribe) para que ser nominado. Ahora, a Dylan le volvería loco llevarse el Nobel y ponerlo al lado del Oscar, ¿no? Se le ve muy contento de alternar con Toni Morrison, otra Nobel, en la Casa Blanca, en la última entrevista.

D.A.M.- Muy bien traído lo de Churchill. He leído algunos de sus libros y es evidente que se trata de un caso de "pulpo como animal de compañía". Se premiaba, imagino, al Salvador de la Democracia. En realidad, no he estudiado la historia de los Nobel de literatura, desconozco incluso si hay bases por escrito.

Lo que sí tienen claro es el concepto de Alta Literatura. No recuerdo que haya habido premios para la literatura de género, el periodismo o los guiones de cine. Y allí están Elmore Leonard, Ursula K. Le Guin, Gay Talese, Tom Wolfe.... más merecedores del premio que Dylan, me atrevería a decir.

Sí, retiro el ejemplo de Cohen. Evidentemente, no ha tenido ni la centésima parte del impacto cultural de Bob. Volviendo a algo que decías más arriba, premiar a Dylan no sería solo una concesión a la generación de los sesenta. El asegura no identificarse con esa década y urge reconocerle que ha sabido fascinar a las generaciones posteriores. Es posible incluso que sus peores críticos estén entre los que vivieron los 60 y que, de alguna manera, se sienten traicionados.

H.G.B.- Lo que no hay entre los Premios Nobel, hablando de Guy Talese y Tom Wolfe, son periodistas propiamente dichos. Volviendo a Dylan y su Nobel, sería interesante conocer la motivación de Andrés Amorós para proponerlo para el Príncipe de Asturias: ¿por ejemplo, por temas menos conocidos como «Dear Landlord», «Lonesome Death of Hatie Carroll», «Blind Willie McTell», si las conoce? ¿O por «Blowin' in the Wind» y «The Times They Are A-Changin'»? ¿Por publicidad? ¿Porque es la forma más rápida de certificar que la música pop es también cultura (precisamente en el momento en que menos capaz se muestra de renovarse)? Lo que está claro es que la relación de Dylan con la época que ayudó a cambiar es conflictiva: gracias a él, y a unos pocos más, pero principalmente él, la música y sociedad que ahora reivindica (esos cincuenta donde no había depresiones ni inseguridades, la de Elvis, Jerry Lee Lewis o Gene Vincent) es la que él ayudó a poner fin.

Ah, y sorprende que Dylan se tome tan mal las acusaciones de plagio, cuando en la mayor parte de casos son evidentes y manifiestas y no se esconden: uno pensaría que siendo así, se lo iba a tomar con más deportividad.

D.A.M.- No era una provocación lo de especular con el Nobel para Talese o Wolfe: ambos tienen obra, incluyendo novelas en el caso del segundo. Y Talese contó la revolución sexual de los 60/70 mejor que cualquier novelista.

El rechazo dylaniano de los sesenta es puro Sr. Contrario Cascarrabias. Ha vivido tanto tiempo haciendo lo que le da la gana que se cree con poder para cambiar nuestra percepción de la Historia. Por
eso tampoco puede aceptar nuestro desconcierto ante los plagios/las citas con que nos obsequia y que tan feas pueden parecer. Para él, son prerrogativas del autor que trabaja en la tradición folk. Para los demás, confirmaciones de que Dylan va a su bola. Como siempre.

H.G.B.- Un artículo reciente de The Guardian afirmaba que las apuestas por Dylan suben, pero no sus posibilidades reales. En el mismo, Tom Stoppard pedía a la gente que fuese un poco seria, que Dylan nunca ha aspirado y nunca aspirará al premio. El podio está completado por Cormac McCarthy y Philip Roth, en definitiva, tres americanos mundialmente conocidos y al que cualquiera ha leído. ¿Qué pasa, que nos gusta apostar por nuestro equipo? ¿Somos un poco hooligans de los premios?

D.A.M.- Claro, tú lo has dicho: somos hinchas que esperamos que la Gimnástica Arandina gane el campeonato, por muy improbable que sea. Dylan no tiene posibilidades, a no ser que alguien ponga LSD en el agua de Estocolmo.

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COMENTARIOS

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1pepitoforero 11/10/2012 | 18:16

Afortunadamente, esto de ser una leyenda viva a Bob Dylan le trae al pairo. Ya lo demostró cuando le homenajearon los Clinton en Hollywood, que no quiso moverse ni levantarse del patio de butacas, o cuando le concedieron el Príncipe de Asturias, que personalmente me dolió su respuesta de no asistir y rechazar el premio.

Pero le perdono. Lo que no dejo es de aprender todas sus canciones, todas las que no nos llegaron en la dictadura, a las que ahora tenemos acceso por internet e incluso traducidas. Son un prodigio de la mejor poesía, política o lírica.
No creo que en toda mi vida llegue a dominar todo su repertorio, porque normalmente suelo escuchar muchas veces las que más me fascinan, por su simplicidad y profundidad a la vez. Me conmueve muchísimo porque su voz es el sonido de mi juventud, y por eso sigo fiel a él y no me interesan otros, como Cohen, que nunca me enganchó por mucho que me lo recomendaran.

También soy fan de Diego Manrique desde Popgrama con Carlos Tena y Angel Casas en los 70. Anda, que dudar lo de Bob Dylan, Dieguito... pero siempre has sido un poco snob. Dylan y Baez encabezaban las manifestaciones de los 60, no tiene color!

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