Sábado, 20 de julio de 2013

Trece estrategias de personas emocionalmente competentes

Rocío Mayoral 13/05/2013   (06:00)
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No voy a premiar a mi hijo por estudiar. Es su obligación”; “¿Felicitar a mi comercial por su trabajo?; por ahora no lo haré, podría relajarse”;”¿Por qué he de decirte que está rico? Ya lo sabes, siempre lo está”. Ciertamente nos desenvolvemos en un mundo en el que los halagos y las palabras de reconocimiento son muy difíciles de escuchar… Todavía son muchos los opinan que no son tan necesarias. Pero ¿de verdad esto es así?

Pues según parece, quien así piensa se equivoca. La investigación ha demostrado de manera contundente que los halagos y palabras de gratitud y reconocimiento generan emociones muy positivas y un enorme bienestar. Y no solo eso, también mejoran la motivación, potencian las capacidades, el aprendizaje, razonamiento y la autoestima. Además, estudios de empresa demostraron que mejoran la productividad, la resistencia al cansancio, la creatividad y el trabajo en equipo. Está claro. Hoy no es posible concebir el desarrollo de la persona al margen de las emociones, ni tampoco de las palabras, aunque muchos piensen lo contrario.

La falta de reconocimiento acaba alterando el estado emocionalSin embargo, a pesar de las evidencias, la proporción de felicitaciones y reconocimientos sigue siendo insignificante en comparación con las veces que detectamos fallos. Eso se nos da fenomenal; pero halagar nos cuesta mucho más. Los especialistas coinciden. Queda mucho por hacer; seguimos sin ser conscientes de la importancia de hacer halagos o expresar gratitud.

¿Conocemos realmente las consecuencias de no halagar a los demás?

La investigación no deja dudas. Se ha demostrado que la falta de reconocimiento acaba alterando el estado emocional. Estudios con empleados demostraron que genera desconcierto, inseguridad, enfado, ansiedad e incluso depresión. Deteriora también la autoestima. Y por si fuera poco, estudios realizados en entornos educativos demostraron que acaba generando apatía, falta de estímulo y motivación; ausencia de creatividad e innovación. Y se confirmó que si además se añade la crítica, los efectos negativos se multiplican. Hemos de tenerlo claro. Aunque parezca que no nos afectan, nadie es inmune a los juicios negativos y menos si éstos son frecuentes. Nadie.

El extraordinario poder de las palabras

No podemos dar la espalda al conocimiento. Las palabras han demostrado ser un pilar básico para la estabilidad emocional y personal. Muchos estudios han aportado claves valiosas para mejorar el lenguaje de las emociones. Veamos algunas:

1. Trate de evaluarse de manera regular. ¿Cuándo fue la última vez que felicitó a sus subordinados o a sus hijos? ¿Lo ha hecho en los últimos dos días? Si se da cuenta que sus halagos son escasos quizás deba plantearse un plan de mejora. Le reportará mucho bienestar.

2. Si decide hacerlo debe tener claras dos cosas: deberá esforzarse por halagar más y practicar regularmente. Se han demostrado que  las palabras de aprecio no salen con facilidad cuando no se usan habitualmente. Así que la única forma es trabajar hasta que le resulte fácil. Inicie hoy mismo una terapia de halagos y reconocimientos. ¿No sabe cómo? Veamos algunas de las estrategias más avaladas.

3. Empiece a practicar emociones en saludos y despedidas. Es lo más fácil. Emplee frases como: “qué alegría de verte” ,“encantada de saludarte”... Se ha demostrado que iniciar una conversación de este modo predispone al entendimiento. Piense en algunos saludos y despedidas; memorícelos; empléelos cada vez que pueda. Desde el primer momento notará el positivo efecto que tienen.

4. Fuércese a expresar regularmente sentimientos personales más profundos con seres cercanos. Lo más fácil es practicar en familia y en saludos o despedidas. Una buena forma de empezar, es despedirse de sus hijos o su pareja diciendo “te quiero”.Una vez que empiece, nunca deje de hacerlo. Puede que se sienta raro pero pronto se acostumbrará y le generará mucho bienestar.

5. Eduque a sus hijos en un lenguaje emocional. Desde pequeños deben aprender a oír y expresar sentimientos. Si escuchan a sus padres, lo harán más fácilmente. Oblíguese a decirles varias veces al día, frases como. “estoy muy contento porque hoy has….”,” estoy orgulloso de tus esfuerzos por…” Cuando juegue con ellos también puede hacer que los muñecos “hablen” y expresen cómo se sienten, qué les gusta, por qué…

6. Y si lidera un equipo fuércese a emplear en todas las reuniones al menos una frase de ánimo y reconocimiento. Es un recurso muy avalado por la investigación  Elija algunas frases. Escríbalas si quiere. Oblíguese a emitirlas en cada reunión: “Confío en el esfuerzo de todos”; “buen trabajo”; ”sé que son buenos en su trabajo y podrán hacerlo” Nunca deje de felicitar en público.

7. Dé las gracias con frecuencia. Recientemente F. Gino, de la Universidad de Harvard ha hablado del sorprendente "efecto gratitud” tras comprobar en sus estudios que ésta eleva enormemente la autoestima y dispara el impulso de ayuda, participación y esfuerzo. Según esto, debiéramos esforzarnos por dar las gracias continuamente, sobre todo en el trabajo. Si le cuesta, elabore frases hechas: “Te lo agradezco mucho”, “Gracias por tu tiempo, por tu disposición”. No deje de hacerlo. Los grandes beneficios de una palabra tan simple están plenamente avalados.

8. También ha contrastado el poderoso efecto de una frase: “¿Qué opina usted?”. Genera emociones muy positivas, Diga esta frase casi a diario tanto en el trabajo como en la familia y la escuela. Se ha comprobado que genera mucho bienestar y autoestima. Hace sentir a quién se pregunta que se valora su opinión, que le respetan, que está cerca de la acción.

9. Y si tiene que regañar hágalo, pero sin brusquedad. No es necesario. Debe saber que el efecto de una crítica es mayor cuando se realiza con palabras amables. Se siente que se ha fallado a alguien respetado y sirve de impulso a la mejora.

10. Pero si lo hace compense después con palabras de reconocimiento. Se ha comprobado que para la mente lo negativo es mucho más potente que lo positivo y que para compensar una crítica, necesita al menos cinco halagos Así que tras apercibir, trate de compensar. Diga frases como que se “es consciente de que lo intenta”, “que sabe que lo conseguirá”. Así evitará que quien es apercibido se bloquee y quiera demostrarle que podrá hacerlo bien la próxima vez.

11. Y nunca dude en decir “lo siento”. Marshal Goldmith, es para muchos uno de los mejores coach de ejecutivos del mundo. Para él “pedir perdón es el gesto más mágico, reconciliador y reparador que podemos hacer”. Algunos expertos señalan ésta como una inigualable ventaja estratégica que debe ser trabajada, sobre todo por directivos, padres y educadores. Es difícil pero todos debiéramos intentar especializarnos en el arte de la disculpa.

12. Acompañe sus palabras de gestos. Todos los estudios han demostrado que multiplican su poder. Tenga esto en cuenta. Practique expresiones de reconocimiento y gratitud de manera no verbal, sobre todo si le cuesta hacerlo de forma oral: De una palmada en el hombro, un beso. Los gestos son también un lenguaje. Pero sobre todo Sonría. Se ha demostrado que los que más sonríen, ganan con facilidad la aceptación y el compromiso de los subordinados. La sonrisa es una herramienta muy potente en el desarrollo de la inteligencia emocional

13. ¿Y qué hacer si nadie nos halaga? Pues si a pesar de todo le toca vivir en un entorno parco en halagos no se confíe. Aunque no lo crea, usted también necesita reconocimiento. Por eso, si siente poco apreciado por su esfuerzo y valores, hágalo usted mismo (*) Rodéese de gente con la que se sienta a gusto. Disfrutar con ellos le hará sentirse bien y parte de un grupo que le aprecia (*) Fuércese por hacer cosas que le agraden. Al finalizar, repase los sentimientos positivos que experimentó. Cuente su experiencia. Es bueno oír que se sintió bien, que fue emocionante… Si trabaja en ello, será sin duda uno de los que esté fuera de la lista de los que no reconocen sus emociones y no pueden hablar de ellas

Y es que la investigación parece dejarlo muy claro. Por encima de cualquier otra, hay un tipo de inteligencia por la que merece la pena trabajar: la Inteligencia emocional. 

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ROCIO MAYORAL. Neuropsicóloga, Orientadora Escolar, Maestra y Logopeda. Posee varios masters en Psicología y Educación. Ha trabajado como profesora de Diagnóstico en títulos propios de la Universidad Complutense de Madrid. Ha participado en numerosas investigaciones en el campo de la Neuropsicología y procesos psicológicos Básicos, en educación y desarrollo del lenguaje. En la actualidad se mantiene activa en el campo de la investigación. Además trabaja en clínica infantil y de adultos y como orientadora escolar. Imparte cursos de formación a universitarios, especialistas y a padres. Colabora de forma asidua como técnica en el ámbito periodístico, tanto en prensa como en radio y televisión.

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