El trabajo es, en muchos casos, como el amor. Cuando somos adolescentes, vivimos una revelación vital que hace que de repente deseemos por todos los medios dedicar el resto de nuestra vida a estudiar filologías eslavas, descubrir el ADN del escarabajo pelotero o a darle una nueva vuelta de tuerca a la nouvelle cuisine. El futuro es nuestro.

Llegamos a la universidad y nos damos cuenta de que la realidad es muy diferente, y que quizá no todo el mundo (ni siquiera los profesores) comparten nuestras pasiones. Aun así, seguimos intentándolo y terminamos nuestros estudios, a veces complementados con un posgrado. Otro golpetazo llega con la entrada en el mundo laboral, cuando nos chocamos de frente con la realidad. Quizá no nos desencantemos completamente, pero a medida que pasan los años, resulta más difícil recuperar ese impulso inicial que nos hizo querer dedicar nuestra vida a determinada actividad.

¿Qué podemos hacer para revivir la emoción del primer momento? En muchos casos, algo semejante a lo que ocurre cuando necesitamos volver a encender la llama de la pasión con nuestra pareja, como es buscar nuevas experiencias, revivir los buenos momentos o, incluso, tomarse un tiempo. Pero, ¿cuáles son las características que suelen compartir aquellos que siguen amando su trabajo, después de tantos años?

  • Es un reto, no una obligación

Si llevamos a cabo un trabajo que en el pasado nos gustaba, por muy complicado y exigente que pueda resultar, debemos pensar cada día que nos enfrentamos con un reto que nos permitirá crecer, no con una obligación cuyo único objetivo es aumentar nuestra cuenta corriente al final de cada mes. Sólo de esa manera podremos evitar terminar odiando lo que hacemos.

  • Nunca olvidan lo que les llevó a dedicarse a eso

Cuando pasamos un mal momento con nuestra pareja, recordar la primera cita puede llevarnos a relativizar los aspectos negativos y darle más relevancia a lo que nos llevó a estar con ella, lo esencial. Por eso, no perder de vista lo que en un primer momento nos empujó a realizar determinada actividad (o a la persona que nos inspiró para hacerlo) puede darnos un empujón de moral en momentos bajos.

  • Conservan una parte pasional en su labor

De acuerdo, en muchas ocasiones resulta complicado que si de adolescentes hemos soñado con ser el primer astronauta que llegue a Marte, consigamos ser efectivamente el primer astronauta en llegar a Marte. No hay que desechar nuestros sueños y cambiar completamente de rumbo, sino trasladar parte de esa pasión inicial a nuestra labor actual, y quizá, convertirnos en astrónomos especializados en el planeta rojo o agentes de viajes a lugares exóticos.

  • Rediseñan su pasión

La vida es larga (afortunadamente) y lo que en un pasado nos pudo atraer, quizá ya no lo haga en un futuro. Saber cuándo es momento de cambiar de dirección porque lo que hacemos ya no nos atrae como en un pasado puede ser esencial a la hora de inspirarnos nuevamente en nuestro trabajo diario.

  • Se plantean metas, y las alcanzan

Es un viejo truco de la superación personal: quizá dejar de fumar de la noche a la mañana sea demasiado difícil para un cuerpo acostumbrado a la nicotina, pero abandonarlo poco a poco puede ser más sencillo. Algo semejante ocurre con las metas profesionales: si nos planteamos determinados retos y somos capaces de alcanzarlos en un período razonable de tiempo, nos daremos cuenta de que estamos en la dirección correcta (y si no lo hacemos, podemos poner los medios para remediarlo).

  • No se obsesionan

La pasión arde rápidamente, pero ¿qué queda cuando esta desaparece? Todos conocemos a esa clase de persona que irrumpe en las conversaciones entre amigos con una nueva afición cada dos meses, a la que dedica todo su esfuerzo y dinero pero que abandona rápidamente. La motivación en el trabajo es como el matrimonio: es preferible que el encanto se mantenga de manera prolongada a lo largo de un amplio período de tiempo que a que explote y se apague continuamente.

  • No pierden la perspectiva

Un estudio realizado por el departamento de psicología de la Universidad de Nueva York aseguraba que pensar como un hombre de negocios podía ayudarnos a no perder la perspectiva a la hora de enfrentarnos a situaciones complicadas en nuestra carrera. ¿Por qué? Porque tienen en cuenta que las pérdidas son parte inevitable del juego, y que tan sólo no pierde el que no juega. Siempre habrá momentos malos, debemos recordar, pero no deben hacernos desistir de nuestro esfuerzo.

  • No les importa lo que pienses

“No dejes que los bastardos te derriben”, le dijo en una ocasión Kris Kristofferson a Sinead O’ Connor tras ser expulsada del escenario del Madison Square Garden a base de abucheos. Siempre habrá quien nos diga que no valemos para hacer algo, quien ponga zancadillas en nuestro camino o quien nos dé una opinión sobre nosotros mismos que no hemos solicitado. Si dejamos que ello influya en nuestro ánimo, lo más probable es que tarde o temprano dejemos de intentarlo. Si no lo hace, terminaremos por demostrarles que se equivocaban.

  • Viven en el momento

Para conquistar el futuro, hay que habitar en el presente. De nada sirve hacerse castillos en el cielo ni montarse cuentos de la lechera con nuestras posibilidades futuras si esperamos para mañana para demostrar en nuestro trabajo todo lo que podemos hacer. El futuro nunca se llega a vivir más que en la ciencia-ficción, pero si nos concentramos en el presente, podremos disfrutar hasta el más mínimo detalle de la jornada laboral.

  • Terminan lo que empiezan

Primero nos gusta la cocina, más tarde la pintura y al final, la música, pero no sabemos ni cocinar un plato, ni pintar un cuadro, ni tocar un instrumento. Las personas que llegan más lejos en la vida son aquellas que completan lo que se proponen, la única manera de labrar un camino seguro sobre el que asentar cada paso. Siempre existe la tentación de dejarlo todo y empezar de nuevo, pero si caemos en ella, nunca llegaremos a ningún sitio.