Nueve hábitos mentales que te pueden ayudar a dejar de sufrir

El sufrimiento se puede mostrar de diferentes formas. En unos casos, es el producto de un acontecimiento traumático; en otros, no sabemos de dónde viene
Foto: El ser humano contemporáneo siente, en ocasiones, una tristeza de origen desconocido. (Corbis)
El ser humano contemporáneo siente, en ocasiones, una tristeza de origen desconocido. (Corbis)

El sufrimiento puede manifestarse de muy diferentes maneras. En muchos casos, es el producto lógico de un acontecimiento negativo o traumático, que trae consigo un proceso de duelo del que la angustia es parte consustancial, quizá no deseable, pero sí inevitable. Sin embargo, la vida contemporánea ha hecho aparecer una nueva forma de sufrimiento, mucho más difuso porque no logramos atribuirle un origen claro ni puede achacarse a algún hito vital determinado.

Se le puede llamar “náusea”, como haría Jean-Paul Sartre, o simple malestar existencial: lo que está claro es que cada vez más, incluso cuando tenemos todas las necesidades materiales y emocionales cubiertas, sufrimos. Y el hecho de que no sepamos cómo ponerle remedio no hace más que contribuir a que esa sensación aumente y nos incapacite en nuestra vida diaria.

Tal vez por eso las filosofías orientales hayan gozado de un auge tan importante durante las últimas décadas. Si bien quizá tan sólo para unos pocos sean la panacea definitiva que cure todos los males, es cierto que algunas de sus enseñanzas nos pueden echar una práctica mano a la hora de contener esa sensación de desasosiego implacable.

  • No juzgues el presente

Tendemos a hacer juicios de valor continuamente sobre nuestro momento vital y nuestras circunstancias personales, lo cual nos conduce a pensar en términos de bueno o malo (en muchos casos, malo, muy malo). Pero la vida sigue siempre, y si simplemente nos dejamos llevar aprovecharemos mejor el momento que si nos preocupamos por el aún lejano futuro.

  • El futuro nunca llega

Uno de los procesos mentales más perjudiciales es aquel que nos hace anticipar las hipotéticas catástrofes mucho antes de que ocurran; aunque ello parezca que nos puede hacer más precavidos, en realidad simplemente da lugar a un sentimiento de miedo atenazador que nos impide funcionar correctamente en el día a día. La mayor parte de desastres que se nos pasan por la cabeza nunca llegan a ocurrir.

  • Aclara tu mente

En un artículo publicado en Huffington Post, la escritora de autoayuda Byron Katie explicaba cómo vivió durante años con una pistola debajo de su almohada hasta que, un buen día, comprendió como una revelación que “la única cosa que nos hace sufrir es cuando creemos en algo que está en conflicto con la realidad”. Sentémonos a reflexionar y nos daremos cuenta de que la mayor parte de nuestros miedos son infundados.

  • Sé responsable, pero no te culpes

La culpa, como hemos explicado en el pasado, puede ser tóxica o saludable. En algunos casos, es inevitable para recordarnos que hemos sido viles o irresponsables, pero en otros, sólo consigue atormentarnos sin ayudarnos a poner solución. Es preferible ser responsable a tiempo que sentirse culpable a destiempo.

  • Acepta tus sentimientos negativos

Uno de los orígenes del sufrimiento más habitual es torturarnos por los sentimientos (de ira, de miedo, de angustia, de envidia) que tenemos. Pensamos que somos malas personas por caer en dichas debilidades, y de esa manera, nos sentimos aún peor. Sin embargo, se trata de emociones que afectan a todo el mundo; el propio sufrimiento es una de ellas, así que si somos conscientes de que habremos de pasarlo mal de vez en cuando, cuando esto ocurra, sabremos mejor cómo afrontarlo.

  • No juzgues a los demás

Somos nuestros peores jueces, nos exigimos demasiado incluso cuando ya lo hemos dado todo. Ello se ocasiona porque, previamente, hemos solicitado a los que nos rodean que sean perfectos, puesto que nosotros intentamos serlo. En realidad, nadie lo es, así que aceptemos los defectos y las carencias tanto propias como ajenas.

  • No envidies

El décimo mandamiento de las Tablas de la Ley de Moisés. Siempre se ha dicho que la envidia es el peor pecado español, y desde luego, es un sentimiento altamente dañino. No sólo por que el envidiado pueda ser objeto de un odio que no se ha merecido, sino porque esta emoción nos corroe por dentro al mirar a los que nos rodean y nos hace sentirnos inferiores.

  • Cuidado con lo que deseas

De todos los principios que promulga el budismo, quizá el más útil en una sociedad en la que el consumo desmedido y la satisfacción inmediata de todos los deseos parecen la clave del éxito, sea el que recuerda que el deseo es el origen de todo el sufrimiento. En muchos casos, el origen de toda angustia es la imposibilidad de satisfacer nuestros anhelos. Es inevitable desear determinadas cosas (o personas), pero debemos aprender a mantener la cabeza fría en los momentos en los que el deseo se convierta en sufrimiento.

  • Todo pasa

Volviendo al primer punto, debemos tener presente que tanto la felicidad como la angustia tocan a su fin, y que mejores (o peores) tiempos nos esperan a la vuelta de la esquina. Aceptarlo es el primer paso para disfrutar cuando la marea nos mece suavemente o para saber capear el temporal cuando este llegue.

Empecemos por los principios
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