¿Por qué es tan difícil hacer un regalo? Las tres reglas de oro para acertar siempre

A todos nos gusta que nos hagan regalos, pero no todos los regalos nos gustan. Según una reciente encuesta, más de la mitad de las personas

Foto: Elegir el regalo perfecto no es sencillo. (Corbis)
Elegir el regalo perfecto no es sencillo. (Corbis)

A todos nos gusta que nos hagan regalos, pero no todos los regalos nos gustan. Según una reciente encuesta, más de la mitad de las personas recibieron en las últimas navidades al menos un regalo que odiaron.

Recibir un presente que no nos provoca ningún tipo de ilusión es algo muy habitual. Con el tiempo vamos aprendiendo a poner cara de póquer cuando desenvolvemos un paquete y vemos que nos han regalado el enésimo pijama. Si la cosa quedara ahí, y dado lo extendido que están los tique regalo, todo sería muy bonito, pero los regalos tienen enorme implicaciones psicológicas.

Todo depende de la relación que tengamos con la persona que hace el regalo, y cuanto más cercana sea, más problemático es no acertar con el presente. Si tu novia te compra un libro de Paulo Coelho y tú sólo lees novelas de ciencia ficción es posible que pienses que el regalo es una indirecta, que no te conoce lo suficiente o que, directamente, te está haciendo una encerrona.

¿Existe el regalo perfecto?

Elegir un buen regalo puede ser en ocasiones un auténtico quebradero de cabeza. No es tan difícil definir el presente perfecto: tiene que ser alguna cosa que el regalado no se espere, aprecie y valore como algo que podría necesitar. Pero para acertar con todo esto a veces hay que ser adivino. Es mucho más difícil de lo que parece saber lo que piensa otra persona, por mucho que convivamos con ella. Y lo peor es que tanto nuestra familia como nuestros amigos o nuestra pareja nos van a poner un negativo si no hemos sabido acertar con aquellas cosas que les habría gustado recibir.  

Hay muchas personas que no están dispuestas a renunciar a la emoción de recibir un regalo de verdadEn la elección de un regalo influyen también nuestras tradiciones familiares, máxime en Navidad. Hay quien tiene por costumbre tirar de pragmatismo: preguntar al regalado qué va a querer o, sencillamente, darle dinero para que se compre lo que quiera. Dejando aparte el hecho de que un presente de este tipo pierde parte de su gracia (aunque también evita el fracaso) hay muchas personas que no están dispuestas a renunciar a la emoción de recibir un regalo de verdad, y se toman mal este tipo de prácticas. Lo mismo ocurre con los presupuestos: hay familias que se hacen pequeños detalles y otras en las que el regalo tiene que ser, como poco, un móvil, una televisión o un viaje. Siempre hubo clases, y es mejor informarse si, por ejemplo, es la primera Navidad que pasamos con nuestra novia.

Cómo saber si no hemos acertado con nuestro regalo

Otro aspecto que no debemos olvidar es que el regalo tiene consecuencias psicológicas en ambos sentidos: no sólo es una muestra de amor o afecto hacia el regalado, también es una petición de amor y afecto del que regala. Un mal presente puede hacer muchísimo daño al que lo ha regalado, pues siempre se espera una reacción positiva que no va a ocurrir si el presente no ha sido acertado.

Es muy fácil saber si no hemos hecho el regalo adecuado. Cuando alguien recibe un presente que no le gusta evita mantener contacto visual con la persona que regala, por temor a ser descubierto. Probablemente se note también que su sonrisa es impostada. En cualquier caso, la prueba definitiva para saber si nuestro regalo ha gustado es que la persona lo use. La gente exhibe con orgullo los regalos que le han gustado, y esconde los que no. ¿Recuerdas aquel colgante que le regalaste a tu hermana y que nunca se ha puesto? No le gustó.

Para evitar descubrir que nuestro presente ha acabado en la esquina más oscura del armario, en la papelera o en manos de otra persona, es conveniente seguir estas tres reglas básicas:

1. El regalo debe ser apropiado

El valor del presente indica la profundidad de nuestra relación. No es sólo el valor económico (que hasta cierto punto también es importante) sino el nivel de intimidad que expresa. Puede ser un desastre para nuestra relación (de amor, pero también de amistad) hacer un regalo que sea demasiado extravagante o íntimo para el tipo de relación que tenemos. Si acabas de conocer a la persona quizá es muy arriesgado regalarle un disco de electrónica ucraniana de los noventa sólo porque “crees que le va a gustar”.

2. El regalo debe mostrar empatía

Un buen presente tiene que tener un significado compartido: debe mostrar que te preocupas por la persona. Si, por ejemplo, tu novia acaba de perder su móvil y no tiene dinero para comprarse otro, aunque no sea el regalo más original del mundo, probablemente sea lo que más agradezca. Los malos regalos son aquellos que carecen de significado y muestran indiferencia hacia la otra persona.

3. Para hacer un buen regalo hay que esforzarse

La mejor demostración de que has tratado de hacer un buen regalo es que te has esforzado por conseguirlo: has removido Roma con Santiago para encontrar el número que le faltaba de la revista que colecciona, has ahorrado para comprar esa chaqueta que le gustaba pero era demasiado cara o has llamado a su mejor amiga para que te chivara la tienda en la que el otro día se quedó pegada al escaparate. El mejor regalo revela cierto sacrificio. 

Empecemos por los principios
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