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De Chaplin a Sacha Baron Cohen: así ha retratado el cine a los dictadores

De Chaplin a Sacha Baron Cohen: así ha retratado el cine a los dictadores
Sacha Baron Cohen en el estreno londinense de 'El dictador' (Dave Hogan/Getty Images)
Héctor G. Barnés 12/07/2012   (06:00h)
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Este fin de semana llega a las pantallas españolas la nueva película del cómico inglés Sacha Baron Cohen, precedida por la polémica generada en diversos actos promocionales de la misma. El pasado mes de febrero, el protagonista de Borat (2007) y Bruno (2009) acudía a la entrega de los Premios Oscar disfrazado con las galas que caracterizan al Dictador de la inventada República de Wadiya que protagoniza su nuevo film, una parodia-resumen de diferentes dictadores, de Sadam Hussein al fallecido Muamar el Gadafi. Entre sus manos, una urna con la imagen del coreano Kim Jong-Il, que había muerto dos meses antes, y de quien dijo que “soñaba con venir a los Oscar y ser rociado sobre la alfombra roja y los pechos de Halle Berry”, aludiendo la conocida cinefilia del líder norcoreano en el contexto de la gran fiesta del cine americano.

La de Baron Cohen dirigida por Larry Charles no se trata ni de la única ni de la más provocadora película destinada a parodiar a un dictador. De Chaplin a los creadores de South Park, la seriedad de muchos sátrapas ha sido objeto tanto de retratos fieles como de ácidas deconstrucciones.


El pionero: El gran dictador (The Great Dictator, Charles Chaplin, 1940)

Probablemente, la película más reconocible en este sentido, la primera gran parodia de Adolf Hitler a la que le seguirían innumerables intentos de ridiculizar una de las figuras más conflictivas del siglo XX. Como es habitual en el cine de Charles Chaplin, en ella se dan la mano lo cómico con lo lírico, como en la célebre secuencia en la que el dictador baila en un salón con un globo terráqueo. Cuando la película se estrenó, ni siquiera se era consciente del alcance real de la locura nazi: la Segunda Guerra Mundial acababa de empezar y faltaban años para que se descubriese lo que había ocurrido con los campos de concentración. De hecho, Chaplin recibió presiones por parte de la embajada americana y de su productora, United Artists, para que no realizase la película, ya que en el momento de su rodaje Estados Unidos mantenía una política neutral respecto a Hitler y el nazismo.

También fue el largometraje que hizo que el público mundial escuchase por primera vez la voz de Charles Chaplin, que consideró que la convulsa situación del planeta bien merecía hacer excepción. En su célebre soliloquio, contrarrestaba la violenta locuacidad de las arengas del Führer con una proclama por la comprensión y la paz mundial, infinitamente citada y recordada en los años sucesivos.

  


Francisco Franco: Buen viaje, excelencia (Albert Boadella, 2003)

En su película de 2010, Balada triste de trompeta, Álex de la Iglesia presentaba al Caudillo en una cacería en la que empleaba al embrutecido protagonista del largometraje como perro de caza, hasta que este terminaba mordiendo la mano del dictador gallego. Pero unos años antes, el dramaturgo catalán Albert Boadella había realizado ya su revisión cáustica y ácida de la figura de Francisco Franco en Buen viaje, excelencia, una caricatura de los últimos meses de vida del general.

En ella se nos presenta a un Franco senil y delirante que deambula por El Pardo, rodeado de aduladores sirvientes que han de participar en sus cada vez más locos juegos. En la presentación de la película, Els Joglars recrearon una visita del dictador a la localidad de Vic, lo que fue considerado por determinadas personas como un acto de condenable mal gusto. En cualquier caso, se trata del caso más conocido de reenactment protagonizado por el fallecido dictador.

 
Benito Mussolini: Vincere (Marco Bellocchio, 2009)

Más de sesenta años hubieron de pasar después de que el cadáver mutilado de Benito Mussolini colgase de una gasolinera en la plaza Loreto de Milán para que se realizase la que probablemente es la película definitiva realizada sobre Il Duce. Bellocchio, comunista declarado, decidió realizar en el año 2009 una operística obra sobre la figura del dictador italiano a partir de la vida de su amante Ida Dalser, madre de su hijo bastardo, Benito Albino. Influida tanto por Sergei Eisenstein como por el melodrama clásico, Vincere (vencer) arrasó en el Festival de Cine de Chicago.

La película nos presenta en un primer momento a un joven y furioso Mussolini que se mueve junto a sus Camisas Negras por las calles de una convulsa Italia. Sin embargo, poco a poco, comienzan a desaparecer las imágenes del actor que encarna al personaje, sustituidas por las representaciones cinematográficas y los documentos históricos que se conservan del mismo: una manera de señalar ese paso de hombre a mito, de individuo anónimo a figura histórica. Se trata, probablemente, de la mejor película que se haya realizado nunca sobre un dictador, un sugerente e inspirador caleidoscopio de todas las facetas de una figura poliédrica (persona, déspota, leyenda) como la de Mussolini.

 
Idi Amin: El último rey de escocia (The Last King of Scotland, Kevin Macdonald, 2006)

Dictador militar y tercer presidente de Uganda entre 1971 y 1973, Idi Amin Dada es uno de los déspotas más atípicos de la historia de la humanidad. Entre algunas de sus locuras, se cuentan el momento en que declaró a su pueblo que había vencido a Gran Bretaña y se condecoró como Conquistador del Imperio Británico, cuando lo que realmente había ocurrido es que el país había roto relaciones diplomáticas con Uganda. Se proclamó pretendiente al trono de Escocia y, según se cuenta, le gustaba ser paseado en su trono por ingleses blancos a los que obligaba a silbar la canción de El puente sobre el río Kwai (The Bridge on the River Kwai, David Lean, 1957). Además, uno de los mitos que suelen relacionarse con su figura es el de su supuesto canibalismo. Sería finalmente derrocado en 1979 al perder gran parte de los apoyos populares.

La película nos recuerda cómo un dictador sanguinario puede llegar a convencer de su bondad a gran parte de la población, y a cualquier persona, por inteligente que sea, compaginando su lado más devastador con una feliz bonhomía. El estreno del largometraje llevó al hijo del africano, Jaffar Amin, a denunciar la campaña de persecución que estaba sufriendo su padre, que no tenía nada que ver con la personalidad real del dictador. 

 
Adolf Hitler: El hundimiento (Der Untergang, Oliver Hirschbiegel, 2004)

La película que dio un nuevo empujón a la carrera del mítico actor alemán Bruno Ganz y permitió saltar a su director, Oliver Hirschbiegel, a Hollywood. Son dos horas y media que nos sumergen en el bunker berlinés donde Adolf Hitler pasó sus últimos días, junto a su camarilla de confianza y Eva Braun, consciente de que la guerra estaba perdida y que sólo había una salida posible. Como no podía ser de otra forma, provocó una cierta polémica ya que varios sectores de la población alemana acusaron a su director de haber realizado un retrato excesivamente amable del funesto líder nacionalsocialista. Ante tal acusación, Hirschbiegel jugó la carta del rigor histórico (la cinta se basaba en el trabajo de investigación de Joachim Fest, una de las máximas autoridades sobre el tema).

Existe otra película de ficción que relata los últimos días del Führer, llamada Hitler: los diez últimos días (Hitler: The Last Ten Days), dirigida por el italiano Ennio de Concini y protagonizada por Alec Guinness en 1973. La del dictador nazi es una figura recurrente de este tipo de parodias: incluso el ruso Alexander Sokurov, por lo general bastante serio, abordó la excéntrica personalidad del dictador con una nada disimulada sorna en Moloch (1999).

 
Kim Jong-Il - Team America: La policía del mundo (Matt Stone, Trey Parker, 2004)

El recientemente fallecido sátrapa de Corea del Norte fue objeto de mofa por los autores de la controvertida serie de televisión South Park en este largometraje, donde las marionetas daban vida a personajes del mundo real. A pesar de su conocida cinefilia, no sentó muy bien al Comandante Supremo. El conocido en su país como Querido Líder era un gran admirador de Godzilla, tenía una sala privada y dirigió alguna película propagandística, además de publicar en 1973 un tomo dedicado a la posibilidad de elaborar una industria socialista del cine llamado Sobre el arte del cine.

En la película de Stone y Parker hasta se atrevía a marcarse una canción en solitario en la más pura tradición del musical en la que se preguntaba, melancólico, “si soy el más atractivo, el más listo, ¿por qué nadie se da cuenta? Cuando domine el mundo quizá me tomen en serio”. El título de la canción llamada Eztoy muy zolo, ya que Jong-Il compartía doblador (y defecto del habla) con el personaje de South Park Eric Cartman.

Como cabía esperar, el dictador norcoreano intentó sabotear la película, pero demasiado tarde. No fue hasta su salida en la República Checa, meses después de su estreno estadounidense, cuando Jong-Il reaccionó porque, al parecer, no había visto la película aún: la embajada del país europeo recibió la petición de que retirase inmediatamente la cinta de los cines, a lo que respondió que les parecía "absurdo, somos un país democrático". En la película aparecía una secuencia en la que Jong-Il arrojaba a un embajador de las Naciones Unidas a un tanque lleno de tiburones.

 
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