Viernes, 17 de mayo de 2013

¿Alguien me explica por qué los españoles despreciamos la comunicación?

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Hace unas semanas estuve de reuniones en Bruselas. En una de ellas, vi que uno de los ponentes era español y le pregunté por él a nuestro anfitrión.

–Sí, es de Badajoz. Le fichamos hace poco. Tiene un currículum fuera de serie y es muy trabajador. Estamos muy contentos con él.

Me encantó oírlo. En un momento en que los jóvenes (y no tan jóvenes) lo tienen tan difícil en nuestro país, da mucha alegría ver que sus méritos son reconocidos en el extranjero.

Pero en cuanto empezó a hablar, me cambió la cara. Aunque el acento no era bueno, su inglés sí era correcto, pero no su forma de expresarse. En un tono absolutamente monocorde y respaldado por un power-point cargadito de letras y números, tan abigarrado que no se leía a dos metros de distancia, convirtió un tema de prometedor y sugerente título en una presentación infumable. Absolutamente todos los asistentes a la reunión perdimos interés en el minuto dos.

En Estados Unidos, los gobiernos y los candidatos a la presidencia se toman la comunicación realmente en serio Si fuese la primera vez que esto ocurre no me preocuparía, pero estoy harta de verlo. Directivos del más alto nivel, políticos de todo pelo y comerciales fallan sistemáticamente en expresar lo que pretenden. Podemos echarle la culpa a la falta de tradición y de formación oral desde el colegio y será cierto. Pero la pura y dura realidad es que los españoles comunicamos mal porque no nos preparamos para ello. ¿Y por qué no lo hacemos? La única explicación que le encuentro es que no le damos ninguna importancia a la comunicación. Veamos.

Independientemente de cómo lo estén haciendo De Guindos o Montoro, Gallardón o Wert –y habrá opiniones para todos los gustos-, en lo que todos parecemos estar de acuerdo es en que nuestro Gobierno suspende sistemáticamente a la hora de comunicar. Podríamos tirar de múltiples ejemplos, pero nos basta con uno: el rescate. Que si sí, que si no, que si puede, que si lo que ha dicho el otro no es, que si el otro no ha dicho esto, que entienda usted lo que quiera e igual acierta… Cojamos simplemente la entrevista a Rajoy en TVE. María Casado le hace la pregunta más obvia: ¿España necesita un rescate? Y Rajoy, como si no se la esperase, mira a la periodista con cara de sorpresa y titubea antes de contestar. ¿Cómo es posible? Señor Rajoy, ya es hora de que España esgrima un mensaje coherente, una narrativa creíble que inspire confianza. Y no ya sólo por el bien de su Gobierno, sino por el del país.

Al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, los gobiernos y los candidatos a la presidencia se toman la comunicación realmente en serio y la usan sin escrúpulos para lograr sus fines. Fijémonos en George W. Bush, ese hombre que, ante la mirada estupefacta del resto del mundo, fue elegido para dos mandatos y logró el apoyo de la sociedad estadounidense para sus desmanes en Irak. ¿Cómo? Usando la retórica. A su alrededor supo construir una historia, la de un hombre sencillo que usa el lenguaje de la gente corriente, que es uno más, que está allí para proteger a sus semejantes (my fellow Americans) y que sabe perfectamente lo que necesitan. Jamás erró el tiro. Su discurso estuvo perfectamente estructurado –meteduras de pata incluidas– de principio a fin.

Miremos ahora a las empresas. Jordi Évole (Salvados, La Sexta) entrevista al director de comunicación (español) de una multinacional. A estas alturas, todos conocemos a Évole: lanza preguntas envenenadas con un candor absolutamente encantador y, o uno tiene un discurso sin fisuras, o cae en sus redes. Lo que sorprende es que lo haga alguien que se dedica a esto. Si uno no está dispuesto a prepararse a conciencia de antemano es mejor que rechace la entrevista. Así al menos la imagen de la compañía no se cuestionará durante semanas a golpe de YouTube.

Meses atrás, Évole entrevistó a un banquero desconocido en España. Cierto es que no le metió tanta caña, pero el entrevistado supo sacarle el suficiente partido al programa como para hacerse un hueco en nuestros corazones. Estoy segura de que no fui la única que al día siguiente, en plena crisis financiera y de rechazo popular a la banca, busqué el nombre de aquel banco tan majete en Internet.

La forma da valor al contenido

El que consigue el puesto de trabajo es el que cuenta la mejor historia sobre sí mismoY ahora hablemos de nosotros, de las personas corrientes. Los manifestantes españoles, tanto los del 15-M como los que ahora salen a la calle contra los recortes, están demostrando su derecho al pataleo. Pero para conseguir algo, necesitan un mensaje, unas reivindicaciones, unos objetivos claros. No hay más que mirar a Islandia: tras la quiebra de su sistema financiero y la pérdida de los ahorros de miles de personas, un pequeño grupo de no más de 20 salió a la calle a quejarse. Y no sólo consiguieron aglutinar a otras miles a su alrededor sino que, con unas reivindicaciones muy claras, lograron su propósito: que el Gobierno dimitiese y que se reformase la Constitución para evitar otras crisis semejantes. Ellos sí entendieron la importancia del mensaje y del modo en que se comunica.

No estoy defendiendo aquí que el fin justifique los medios o que la comunicación sea el remedio a todos nuestros males. Probablemente, un mundo en el que aquel que comunica mejor logra lo que quiere tenga serios fallos. Pero como esas son las reglas del juego en una sociedad sobreinformada, más vale conocerlas y usarlas bien.

El que consigue el puesto de trabajo es el que cuenta la mejor historia sobre sí mismo. El partido que gana las elecciones es el que construye la metáfora que mejor conecta con los votantes. La empresa que más vende es que la que logra convencer de que sus productos son los mejores. Y así
sucesivamente.

Ésta es una verdad absoluta que todos conocemos y, sin embargo, en España seguimos sin aplicarnos el cuento. ¿Por qué extraña razón? A mí se me escapa. Los que trabajamos en comunicación sabemos que nunca hay que improvisar aunque nuestras intervenciones sean improvisadas. Que cualquier reunión, por insignificante que parezca, puede servir para lucirnos o convencer si llevamos los mensajes mejor preparados que el resto. Que el que sabe usar el lenguaje con inteligencia es el que se lleva el gato al agua. ¿Por qué resulta esto tan difícil de entender en nuestro país? Por favor, que alguien me lo explique.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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3pasmao con lo que no pasa 12/10/2012 | 21:39

Muy sencillo doña Sonia.

El español medio piensa que como el tiene la razón, porque narices habrá que explicarla. Si él la tiene, es porque es obvio, y punto pelota.

Y si alguien no lo entiende es que es gili...

La pregunta es si en España se nos convence con explicaciones y razonamientos o con argumentos de autoridad del jefe es el jefe... Por lo demás, y estos foros están llenos de ejemplos, lo que nos gusta es discutir, no convencer.

Tampoco seducir, seducir es de mariquitas. Y así nos va.

Lo peor que te puede ocurrir en España es que hagas el ridículo. Así que mejor no arriesgarse y pasar desapercibido.

Curioso es que tengamos algunos de los mejores vinos, quesos, aceites, jamones del mundo y muchos piensen que son italianos o franceses.

Curioso es que la compañia que mas exito tiene en adapterse al mercado, ZARA, no sea globalmente reconocida como española. Lo opuesto a IKEA por ejemplo, con Suecia.

¿comunicar?
¿comunicar para que?
Si le doy dos host** bien dadas ya vera como se entera.

Así es nuestra comunicación, así nos va. Catalanes y Vascos incluidos.

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2rodionito 12/10/2012 | 19:35

¿Por qué los españoles despreciamos la comunicación? Fácil: Porque ya desde los tiempos de la Escuela de Salamanca, los españoles inteligentes saben que quien comunica con mucha facilidad y alharaca suele ser un tonto con balcones a la calle. Como por ejemplo aquellas personas que escriben un artículo diario para no decir nada más que cosillas sin importancia. Tu, que tanto admiras a los anglos, deberías percatarte que un autor -de cualquier disciplina- anglosajón escribe un libro por año. Y ese libro sufre una revisión muy rápido. Un francés, especialista en su disciplina, escribe un único libro en toda su vida... pero a ese libro, de forma inmediata, se convierte en un clásico. A ver si te enteras: No todo el mundo es igual y, desde luego, no todos los pueblos son iguales ni reaccionan igual ante los charlatanes de feria que venden crecepelos mágicos.

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1maduixeta 12/10/2012 | 10:46

Coincido con lo que se dice; un desastre en comunicación, no saben coordinar lo que piensan y quieren decir con el expresarlo de forma verbal. Me crié desde los 4 años en adelante en USA, hice todos mis estudios allí, y en el colegio tenía una asignatura que se llamaba "expresión verbal" igual de importante y que calificaba igual que todo el resto. Al final la diferencia es notoria, yo noto lo mismo que esta persona en muchísima gente incluso gente que ocupa puestos importantes, los oyes y flipas en colores, la sensación que tienes es que no te entienden y que en la cabeza tienen un lío tremendo.

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Es periodista y escritora. Ha trabajado en prensa económica (Expansión, El Economista, Forbes) y ha sido corresponsal en Nueva York antes de recalar en la comunicación corporativa. Viaja siempre que puede, lee todo lo que cae en sus manos en cuatro idiomas y escribe porque no podría no hacerlo. En este blog, pretende compartir con usted su particular forma de ver el mundo en general y la vida empresarial en particular. Sonia es directora de Comunicación de la Asociación Empresarial Eólica y acaba de publicar su primera novela. ‘Los señores de la prensa.

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