Aprendiendo a ser padres

Ser padre y madre es una de las labores más gratificantes, pero también más difíciles y exigentes que abordamos a lo largo de la vida. Nadie
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Aprendiendo a ser padres
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    Ser padre y madre es una de las labores más gratificantes, pero también más difíciles y exigentes que abordamos a lo largo de la vida. Nadie nos enseña cómo debemos hacerlo, qué cosas son correctas o en qué situaciones debemos actuar con cuidado. Aprendemos sobre la marcha, a través del ensayo y el error así como desde el modelo que hemos tenido de nuestros padres. ¡Pero qué difícil es aprender de forma autodidacta cuando lo que está en juego es la personalidad y el bienestar de los más pequeños!

    En muchas ocasiones nos planteamos, ¿lo estaré haciendo bien?, ¿qué consecuencias puede tener esta actuación para mis hijos? Educar a los hij@s no es tarea fácil ni hay una única manera de hacerlo. Pero existen algunas pautas que nos pueden servir de guía.

    Parte de nuestra atención está puesta en nosotros sin dejar de lado lo que sucede en el exterior

    La capacidad introspectiva es la que nos permite observar nuestros pensamientos, sensaciones, emociones y conductas. Consiste en que parte de nuestra atención está orientada hacia lo que sucede dentro de nosotros (Ej. Marta, ¿no has recogido los juguetes? Estoy pensando que vamos a llegar tarde al colegio, mi respiración se acelera, el tono de mi voz sube, me siento nervioso, etc) sin dejar de lado lo que sucede en el exterior (Ej. ¿Está recogiendo los juguetes?).

    Esta capacidad para darme cuenta de lo que hago, pienso o siento, me permite tomar perspectiva sobre las situaciones, ayudándome a ser consciente de cuando estoy alterado, cansado, etc. Y así poder tomar las precauciones necesarias para que no sean mis emociones las que tomen el control.

    La capacidad reflexiva es la que nos facilita repensar la situación. Una vez finalizada la interacción nos podemos preguntar ¿He conseguido mi objetivo? (Ej. ¿Ha recogido sus juguetes?), ¿qué consecuencias negativas ha tenido mi actuación?, ¿hay otras opciones que me permitan conseguir mi objetivo y conlleven un menor coste? La reflexión me permite analizar las situaciones y aprender de ellas.

    El niño acapara toda la atención de los padres

    Tanto la introspección como la reflexión nos van a ayudar en la difícil tarea de compatibilizar el ser persona, con el ser padre. La crianza, sobre todo en los primeros años exige que los papás dejen, en gran medida, sus necesidades y deseos en un segundo plano, para ocuparse de los de su hijo. Esto se debe a que el niño es un ser dependiente que de manera progresiva va adquiriendo las capacidades que le harán autónomo, durante este proceso son los papás los que han de cubrir aquellas funciones que el niño no es capaz de hacer por si mismo todavía. Para ello es necesario que los papás aprendan a ponerse en el lugar del niño, esto les permitirá comprenderle. Con el objetivo de adecuar sus respuestas a sus necesidades y estados emocionales. Estableciendo una comunicación adecuada y con sintonía.

    El vínculo que se establece entre padres e hijos permite que los niños adquieran la confianza básica para relacionarse con el entorno de forma segura. Esta confianza se construye en la medida en que los padres están disponibles física y emocionalmente, así como atentos a lo que niño necesita. El adulto se convierte en un punto de seguridad desde el que el niño se siente libre para aventurarse, descubrir, experimentar y aprender sin temor, sabiendo que puede acudir a ellos cuando lo necesite.

    Los más pequeños no conocen sus emociones ni saben qué provoca su aparición

    Los peques no conocen sus emociones ni saben qué provoca su aparición. Los padres y profesores a través de su ejemplo y de la ayuda que prestan a los niños, son los que les van a enseñar a gestionarlas de forma adecuada. Por ejemplo, si el papá de María cuando está enfadado grita, debido a que le cuesta controlar sus impulsos, la niña está aprendiendo a manejar así su ira. Si la mamá de Jorge le observa tirando sus juguetes y le pregunta: Jorge, ¿Que ha sucedido con los juguetes? … ¿Puede ser que estés enfadado? … ¿Y qué te ha pasado para tener ese enfado tan grande?... Da opción a que el niño pueda expresar cómo se siente, y posteriormente ayudarle a buscar recursos para manejarlo de forma adecuada. Ej. Es que mi amigo David me ha quitado mi coche. ¿Y qué podemos hacer?, etc.

    De esta forma estamos creando junto al niño un lenguaje interno, que podrá incorporar como recurso para otras situaciones parecidas. Los papás, en ocasiones, dudan sobre cómo capacitar a los niños para que sean autónomos a la vez que les protegen de potenciales peligros. Es importante crear un equilibrio entre protección y autonomía, ya que ambos son necesarios para el desarrollo saludable de los más pequeños.

    Todo avance en la independencia requiere apoyo, confianza y esfuerzo por parte de los papás y del niño

    La autonomía es un proceso que requiere aprendizaje y como todo aprendizaje conlleva errores. Cuando un niño empieza a comer por sí mismo, requiere un esfuerzo extra de sus padres que tienen que preparar más comida, limpiar todo lo que ensucia, dedicar más tiempo, etc. Y del niño que tiene que poner en marcha destrezas todavía no adquiridas en su totalidad. Poco a poco observamos cómo el niño adquiere mayor habilidad y es capaz de comer de manera más adecuada, sin tantos costes.

    Lo más importante es transmitir seguridad, afecto y coherencia a nuestros hijos

    Es importante que tengamos en cuenta el estadio evolutivo en el que se encuentra el niño, es decir, si lo que le estamos pidiendo es adecuado para su edad, así como las características individuales de nuestro hijo. Si las expectativas son muy altas, el niño a pesar de sus esfuerzos no conseguirá superar con éxito la demanda, lo que supondrá frustración. Si las expectativas son muy bajas, le transmitimos que no consideramos que sea capaz de superar metas más altas y al mismo tiempo puede aburrirse, no aprender a esforzarse, etc.

    Los niños necesitan sentirse valorados. “Mira mamá, ¿a que salto muy alto?”. Como vimos en el articulo sobre la autoestima el niño necesita sentirse reconocido, valorado y querido por los adultos importantes en su vida, para poder reconocerse, valorarse y quererse.  Y de este modo en el fututo ser capaz de reconocer, valorar y querer a otros.

    La crianza es una tarea compleja que puede generar dudas y temores. Lo más importante es que podamos mantenernos como figuras de seguridad, afecto y coherencia para nuestros hijos.

    Relación Padres e Hijos
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