Merkel explica quién controla de verdad la información que recibimos

La canciller alemana hizo expresas sus críticas en una conferencia de prensa a empresas como Google y Facebook y al poder que están acumulando

Foto: Merkel, en la cumbre europea celebrada en Bruselas este mes. (Olivier Hoslet / Efe)
Merkel, en la cumbre europea celebrada en Bruselas este mes. (Olivier Hoslet / Efe)

Se está produciendo un gran cambio en la transmisión de la información. Hasta ahora, las grandes agencias, las televisiones o los diarios de referencia han sido los principales generadores de opinión. Los hechos y las reflexiones que el ciudadano recibía provenían de esas fuentes, que conformaban un filtro por el que se debía pasar para alcanzar al gran público. Empresas, partidos políticos, operadores culturales, etc., eran conscientes de que a la hora de difundir sus mensajes los medios eran decisivos, por lo que la presencia en ellos se convertía en una pugna por ocupar los escasos espacios disponibles. Esa mediación generaba críticas, ligadas a su poder excesivo y a su vinculación a unos u otros intereses, y alabanzas en la medida en que presuponía un espacio autónomo para la prensa y por eso era calificada de 'cuarto poder'.

Esa es la teoría, con todos los matices y correcciones que se quieran, que estaba operativa. Pero los tiempos son otros: han aparecido nuevos mediadores cuya capacidad de influencia está creciendo, y que se están convirtiendo en los actores dominantes.

El ojo de la aguja

Angela Merkel, la canciller alemana, se refirió a ellos en una conferencia de prensa en Berlín el pasado martes, en la que aseguró que “las grandes plataformas de internet, a través de sus algoritmos, se han convertido en el ojo de la aguja por el que deben pasar los medios para llegar a sus usuarios. Y este es un cambio al que debemos prestar mucha atención”.

Merkel se refirió a la deriva xenófoba germana, que podría haberse reforzado gracias a las redes sociales

Hay dos grandes peligros que Merkel sugiere en su intervención. Por una parte, dado que los algoritmos se basan en las preferencias de los usuarios, es decir, en lo que estos han visto o leído previamente, lo usual es que se creen burbujas que se retroalimentan. Las personas que tienen una visión política determinada acaban recibiendo únicamente aquellas informaciones que encajan con lo que ya piensan, lo cual ayuda a conformar islas comunicativas socialmente poderosas. La canciller alemana se refirió expresamente a la deriva xenófoba de Alemania, que podría haberse reforzado gracias a estos nuevos mediadores. La formación de extrema derecha germana, la AfD, ha crecido mucho gracias a la transmisión de sus mensajes a través de estas redes sociales.

Gana el populismo de derechas

En segundo lugar, está la posibilidad de que esos mediadores, como Google o Facebook, utilicen sus algoritmos de modo interesado y privilegien aquellos contenidos que políticamente más interesantes les resultan o que les generan más ingresos, con independencia de los deseos de los usuarios. Facebook fue acusado de seleccionar y distribuir favorable a Trump en EEUU, y algo similar señalaba Merkel respecto de Alemania, lo que ligado a la presencia de mensajes sobre el Brexit en Gran Bretaña, podría sugerir que las nuevas plataformas están brindando demasiado espacio a los populismos de derechas.

Los algoritmos deberían ser públicos para que todos sepamos, como ciudadanos, qué influye en nuestra sociedad

Merkel avisaba de que “estos algoritmos no son transparentes y pueden dar lugar a una percepción distorsionada, ya que limitan la amplitud de la información”, y por lo tanto, sería necesario que "los algoritmos se hicieran públicos, de manera que cualquiera pudiera informarse, como ciudadano, sobre cuestiones como qué influye en su comportamiento y qué en el de los demás”

¿Todo el mundo sale beneficiado?

Esta advertencia es importante: Google y Facebook, y en mucha menor medida Twitter, son mediadores con gran peso en el consumo de noticias. Las redes sociales, por amplias que sean, tienen en estas empresas sus dos principales actores. Son compañías que no producen nada, simplemente recogen el trabajo que otros han realizado y lo trasladan a posibles interesados. En teoría, todo el mundo sale beneficiado: los medios porque tienen más visibilidad, el receptor porque encuentra de forma sencilla noticias que le interesan y las empresas tecnológicas porque logran un beneficio económico al vincular unas y otros.

Hay un triple control (político, comercial y comunicativo) en manos de dos actores que operan a nivel global

Sin embargo, lo que hacen los algoritmos es introducir un elemento nuevo, porque seleccionan, incluyen y excluyen noticias, y eso les otorga un poder mucho mayor. Si simplemente trasladaran lo producido, su influencia en el sector sería bastante más limitada. Pero con los algoritmos, es decir, con la capacidad de decidir qué se comunica y qué no, intermedian en el proceso comunicativo y se convierten en actores dominantes.

El cambio en los medios

Esto está cambiando la tarea de la prensa a una velocidad acelerada y supone una transformación enorme: muchos medios orientan sus estrategias a ganar presencia en Facebook y Google, esto es, a producir noticias que encajen mejor en lo que los algoritmos se supone que van a seleccionar, en lugar de producirlas en función de lo que sería socialmente conveniente o más provechoso para sus potenciales usuarios.

Este escenario implica un triple poder: frente a los medios de comunicación, porque si se convierten en mediadores dominantes, y ya lo son en buena medida, pueden subordinar a los medios; frente a los receptores, porque les eligen los contenidos que les es dado ver; y frente al mundo político porque pueden apoyar o invisibilizar determinadas tesis. Ese triple control, político, comercial y comunicativo, puesto en manos de dos actores que operan a nivel global, es típico del capitalismo del siglo XXI. La novedad tecnológica y la concentración van de la mano a través del establecimiento de una nueva mediación, que no produce nada, cuyos costes son escasos, pero que se convierte en determinante. De eso avisa Merkel, y es algo que deberíamos tener en cuenta.

Tribuna

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