El "peor trabajo de Irlanda" dice mucho de dónde nos estamos metiendo

Michael O'Leary, consejero delegado de Ryanair, ha vuelto a provocar la polémica, esta vez con una oferta de empleo. Lo malo es que no se trata de una actitud aislada

Foto: Michael O'Leary montando un show en Roma. (Reuters / Max Rossi)
Michael O'Leary montando un show en Roma. (Reuters / Max Rossi)

A Trump le han llovido las críticas por las formas que ha utilizado. No sólo se trata de sus ideas, sino del engreimiento, la altivez y el desprecio desde los cuales las profería. El tono de la intervención pública se ha elevado en nuestra sociedad, pero no es únicamente un tema de la política contemporánea. Parte de las personas con poder ha decidido que es mucho mejor no ser políticamente correcto, esto es, no ser hipócrita. Esas convenciones, que al menos se respetaban en público aunque luego se tuviera otra opinión en privado, como diría Hillary Clinton, no son vistas como normas sociales, sino como simples formas de cortesía que, bien mirado, sobran en un mundo realista.

Masajea mi ego

Uno de los mejores representantes de esta corriente es Michael O'Leary, el desaforado CEO de Ryanair, el chico malo de la aviación, que una vez más ha decidido prescindir de tapujos comunicativos. Acaba de publicar un anuncio para cubrir una posición de su compañía, la de su asistente personal, que él mismo ha calificado como “el peor puesto de Irlanda”. Entre las cualificaciones que se solicitan están las de “tener la piel dura y paciencia de santo, sentir aversión por la palabrería, contar con la capacidad para trabajar sin dormir o sin tener contacto con el mundo exterior y ser especialista en masajear egos”.

Todo ello al margen de exigentes cualificaciones técnicas, dejando claro que la persona elegida "no contará con oportunidades significativas, si tiene éxito, para desarrollar su carrera en el equipo directivo de Ryanair", y sin hacer mención al salario con el que se le retribuirá.

Debe tener la piel dura y paciencia de santo, trabajar sin dormir o sin tener contacto con el mundo exterior y saber masajear egos

En el anuncio también se avisaba de que “los fans del Manchester United y los aficionados a las bicicletas no sólo serán automáticamente excluidos del proceso, sino torturados y fusilados”.

Este intento de utilizar el humor para vestir actitudes inaceptables comienza también a ser típico en algunos sectores empresariales, en general ligados a la innovación (tecnológica o financiera), donde bajo la capa de informalidad se permite ser agresivo y ególatra, y adoptar actitudes de desprecio o de humillación sin demasiado problema. Al fin y al cabo, se dice, están siendo sinceros.

El miedo, el mejor método

Al consejero delegado de Ryanair no le han faltado este tipo de actitudes a lo largo de su trayectoria, como cuando aseguraba que el método que utilizaba para motivar a sus empleados era el miedo, o tantos otros insultos a competidores, proveedores, agencias de viaje, pasajeros y medios de comunicación. Eso sí, ninguno dirigido a los accionistas mayoritarios, porque la sinceridad no le alcanza para tanto. Esas actitudes están bien vistas hacia abajo, hacia arriba ya es otra cosa.

Hay que entender lo que estas actitudes quieren decir de verdad: igual que se trata a los empleados, se trata a los clientes y a la misma empresa que se dirige

El problema de esta gente no es sólo que se justifiquen sus gracias, como ocurre con Trump, o que se les toleren con una sonrisa siempre y cuando den buenos resultados, como en ciertas compañías, sino que incluso se percibe ese atrevimiento como un valor. Sin embargo, estaría bien comenzar a entender lo que quieren decir de verdad: cuando exigen cualidades como las mencionadas a su asistente, lo que están diciendo en realidad es que sus clientes deben tener la piel dura y paciencia de santo, ser capaces de viajar sin que la incomodidad de sus aviones les permita echar una cabezada, e ir tan encajados que ni siquiera puedan levantarse para ir al lavabo. Se trata a los clientes como se trata a los empleados. Se trata a la compañía como se trata a los empleados. Cuando se tiene esa actitud ante el mundo, se tiene ante todo. Salvo con los que tienen más poder.  

Tribuna

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