El tuit de Rivera sobre la revista 'Time' que revela el fracaso de Ciudadanos

Una traducción forzada e interesada de la revista estadounidense pone en evidencia al líder de C's. Pero además muestra una de sus principales carencias como partido

Foto: Albert Rivera, durante su visita ayer a Caravaca de la Cruz. (Marcial Guillén / Efe)
Albert Rivera, durante su visita ayer a Caravaca de la Cruz. (Marcial Guillén / Efe)

Fue un error de esos que dejan al descubierto la tergiversación habitual que reina en el mundo político, donde los hechos, en lugar de ser considerados en sí mismos, se toman con instrumentos para afianzar posiciones. Pero no fue sólo eso, también revela un tipo de mentalidad que ha impedido a Ciudadanos llegar a espacios mayores de la política española. Albert Rivera escribió un tuit que rezaba “Buena portada y reflexión en la portada de @TIME. La batalla del siglo XXI entre liberalismo y populismo acaba de empezar”. Pero el titular de la revista estadounidense no decía eso, sino “La batalla por Francia ha terminado. Pero la guerra entre el globalismo y el nacionalismo acaba de comenzar”.

La distancia entre Macron y Rivera

Son afirmaciones muy diferentes, aunque algunos populismos hayan jugado la carta del nacionalismo. Rivera trató forzadamente de barrer para casa, como ha hecho con la victoria de Macron, como si hubiera sido el éxito de un hermano de sangre, y demostrara que el ala europea de Ciudadanos estaba obteniendo grandes resultados. Y sí, pueden tener puntos de conexión, pero son muy distintos. Para empezar, Macron es el presidente de Francia y Rivera el líder del cuarto partido español. Y parte de esta enorme distancia entre uno y otro tiene que ver con esa falta de entendimiento de la situación que mostró Rivera en su tuit.

Este regreso al sentimiento nacionalista se ha dado en países con economías fuertes y en zonas separatistas ricas. Creen que solos les irá mejor

La guerra entre la globalización y sus perdedores es un asunto que está muy presente en la política contemporánea y lo va a estar aún más en los próximos años. En algún terreno se ha planteado como una lucha contra el neoliberalismo, pero la versión más frecuente no ha sido esa. En el Reino Unido, EEUU y Francia, los lugares donde se ha empleado con más éxito el repliegue nacionalista, la idea ha sido muy diferente. La tesis central era que, en un mundo globalizado, países como esos, que cuenta con gran peso económico tenían muchas posibilidades de competir de forma que beneficiara a sus nacionales, y que por tanto carecía de sentido seguir en un entorno comercial y laboralmente tan abierto. La tesis del Brexit fue exactamente esa: solos nos irá mejor. Trump hizo algo muy similar, porque pensaba que los acuerdos de libre comercio que estaba firmando podían ser sustancialmente alterados en términos más favorables a su país. Le Pen afirmaba que los franceses resultarían claramente beneficiados si se marchaban de la UE, que les estaba restando capacidad para competir, y sin sufrir el dumping social de chinos e indios.

¿Contra el liberalismo?

Pero este sentimiento nacionalista se ha dado sobre todo en países fuertes, al igual que ha ocurrido con los nacionalismos periféricos: las zonas que piensan que sus opciones son mucho mejores que sus realidades son los que cuentan con separatismos más combativos. El caso de Cataluña es ese: los independentistas aseguran una y otra vez que les irá mejor en un mundo global sin formar parte de España, y a Escocia le ocurre lo mismo.

La tergiversación de Rivera no sería más que una anécdota si no revelase el espacio vacío en que Ciudadanos ha quedado preso

Ciertamente, la lucha contra el liberalismo está presente en otros lugares, como Grecia o España, pero su éxito ha sido mucho menor. En algunos casos, por falta de ratificación electoral, y en otros, como en Grecia, por presiones exteriores. La izquierda ha tratado de llevar el combate hacia ese terreno, sin lograrlo, y la derecha populista de Le Pen ha aprovechado parte de ese discurso, pero sin cuestionar el liberalismo.

Contra el orden reinante

La tergiversación de Rivera no sería más que una otra anécdota más de ese juego pobre de tensión comunicativa si no revelase el espacio vacío en que Ciudadanos ha quedado preso. Todas las nuevas opciones políticas, desde Beppe Grillo hasta Sanders, desde Mélenchon hasta Trump (e incluso Macron ha utilizado algo de esto) han apostado por un nuevo esquema político que incluía una idea de su país, una promesa de mejora rápida de las condiciones económicas y vitales de sus habitantes, una postura frente a las grandes tendencias de nuestro tiempo y un claro cuestionamiento del orden existente. Cada uno desde su perspectiva política, con soluciones diferentes, pero con un intento claro de dar respuesta a los marcos sociales y económicos de nuestra era. Rivera no. Su apuesta fue la de la regeneración democrática, la lucha contra la corrupción y el ahondamiento en las reformas. Con ese programa sólo podía llegar a unos cuantos descontentos del PP y del PSOE, y particularmente a aquellos que están hartos de que se meta la mano en la caja pública. Es una opción, pero es secundaria. Y ahí está Ciudadanos ahora, subordinado al PP, y en una situación en la que necesita que los populares hagan crack para crecer.

Complemento del bipartidismo

En ese contexto, la idea que se le ha ocurrido a Rivera para seguir en la carrera es abanderar la lucha contra el populismo, es decir, contra Podemos. Pero eso ya lo hace el PP, e incluso el PSOE. De modo que su tuit no es más que retórica para disfrazar el lugar vacío que ocupan. A menudo, para crecer en política hace falta pensar “fuera de la caja”, y ninguno de los dos partidos nuevos españoles ha sabido hacerlo. De momento, no son más que un complemento menor del bipartidismo cuando podían haber construido otro escenario electoral, como ha ocurrido en Francia.

Tribuna

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