La gran chapuza de Franco, Hitler y Serrano Suñer en Hendaya

La exitosa miniserie sobre el 'cuñadísimo' edulcora las relaciones entre la España franquista y la Alemania nazi, marcadas por la trastienda de la entrevista de 1940

Foto: Serrano Suñer con su doble televisivo (montaje: Carmen Castellón)
Serrano Suñer con su doble televisivo (montaje: Carmen Castellón)

Don Ramón Serrano Suñer: ¡PRESENTE! Más presente que nunca, de hecho. La exitosa miniserie de Telecinco sobre los amores prohibidos de Suñer -cuñadísimo, ministro de Exteriores y número dos del régimen franquista acabada la guerra- está agitando tanto a las audiencias como a los historiadores. Aunque 'Lo que escondían sus ojos' no deja de ser un folletín sentimental -el fascismo cuando ama es que ama de verdad- el trasfondo histórico edulcorante juega un papel destacado. La serie, adaptación de un libro de Nieves Herrero, ha emitido ya sus dos primeros capítulos. 

'Lo que escondían sus ojos' compra la la versión oficial del franquismo sobre las relaciones bélicas con la Alemania nazi: Serrano Suñer y Franco no querían entrar en la II Guerra Mundial bajo ningún concepto y resistieron todas las presiones alemanas. Pero la verdad histórica es mucho más compleja. España puso condiciones a su entrada en la guerra -cesión de colonias francesas en el norte de África, financiación, etc- que los nazis consideraron un tanto excesivas. Pero lo más relevante es que Hitler y Franco firmaron un protocolo secreto en Hendaya en el que España se comprometía a entrar en la guerra, aunque sin especificar ni el cuándo ni el cómo. Cuando el conflicto empezó a torcerse para el Eje, España se lavó las manos y exageró su neutralidad.

La gran chapuza de Franco, Hitler y Serrano Suñer en Hendaya

La clave está en saber qué ocurrió en la reunión entre Hitler y Franco en la estación de Hendaya el 23 de octubre de 1940. Aunque la versión que da Serrano Suñer en sus memorias no es del todo fiable -insiste en que Franco y él hicieron todo lo posible para torpedear la negociación, pero ahora sabemos que España estaba dispuesta a entrar en guerra si se cumplían una serie de requisitos- 'Entre el silencio y la propaganda, la historia como fue' (1977) es un libro imprescindible para entender la trama costumbrista del encuentro entre Hitler y Franco.

Gila en Hendaya

Ya saben: no hay evento histórico por decisivo que sea que no tenga detrás una trama costumbrista y absurda. Si Nieves Herrero es capaz de reducir la historia de los fascismos europeos a un fogoso folletín sentimental, ¿qué nos impide convertirla también en humorada negra descabellada? Sobre todo cuando la realidad supera en esperpento a la ficción. O la gran chapuza costumbrista de Franco, Hitler y Suñer en Hendaya, donde fallaron los trenes, fallaron los traductores... y la cosa casi acaba en tragedia...

Portada
Portada

Serrano Suñer, que admite que Franco y él “creían ciegamente” en la victoria alemana en la II Guerra Mundial, arranca la descripción del encuentro desmintiendo uno de los grandes mitos de los forofos más enardecidos del franquismo: que el tren español llegó a Hendaya con una hora de retraso porque Franco quería poner nervioso a Hitler antes de la negociación...  

En realidad el retraso no fue de una hora, sino de diez minutos, y al que puso nervioso no fue a Hitler, sino a Franco. "Ni a Franco ni a nadie que no estuviera loco se le hubiera ocurrido que, en aquellas circunstancias, fuera preparación adecuada para una entrevista tan delicada y de tanta responsabilidad cometer, adrede, una desatención tan tosca (que hubiera sido peligrosísima y gravemente imprudente) y poner así de mal humor o irritar a persona tan poderosa... Parecerá ahora inverosímil que un tren especial ocupado por el Jefe de Estado no pudiera alcanzar un funcionamiento regular para cumplir con toda exactitud, en tan corto trayecto -Pasajes a Hendaya [23 kilómetros]-, el horario previsto; pero ésta es la verdad. Llegamos con un pequeño retraso a Hendaya porque aquel tren que arrancaba violentamente no estaba en forma deseable, como tampoco las vías ni los servicios del trayecto. Soy testigo de que aquello causó a Franco el disgusto que era la reacción de un hombre normal y responsable", escribe Serrano Suñer.

Serrano Suñer en Berlín
Serrano Suñer en Berlín

 

Aunque la delegación española llevó su propio intérprete, la traducción simultánea del diálogo entre Hitler y Franco fue un tanto espesa ya que, según Serrano Suñer, el traductor de la delegación alemana mas que traducir, fabulaba. “El intérprete oficial para español del Führer, llamado Gross, ya había intervenido en mis numerosas conversaciones anteriores en Berlín y parecía un buen hombre -de poca cultura- que había aprendido nuestro idioma durante su actividad de vendedor de mercancías alemanas en América. Este hombre nunca se enteraba más que a medias del sentido de lo que decíamos y traducía, con muy deficiente castellano, del modo más aproximativo y rudo, incapaz de trasladar correctamente ni un solo matiz de los diálogos”.   

Hitler nos invitó a cenar. Despedida oficial. Franco pudo matarse

Cuenta la leyenda que Franco sacó de sus casillas a Hitler al poner reparos a la entrada de España en la guerra. No obstante, Serrano Suñer admite que lo que verdaderamente irritó al Führer fueron las batallitas del Caudillo. "En los ojos de Hitler sólo brilló la impaciencia en los momentos en que Franco, tal vez sin darse cuenta, dio su opinión -no solicitada- sobre las campañas militares alemanas, tanto sobre las ya concluidas como las que estaban en curso y sobre sus avatares futuros... Yo imagino que en estos momentos Hitler -el vencedor de la gran batalla de Francia- estaba pensando que Franco , lo mismo que algunos de los mariscales, no olvidaba que él era sólo un diletante, un cabo, un novicio en las artes militares, convertido en Comandante general del Ejército, a quien convendría dejarse guiar por la suficiencia de los expertos. Que esto sublevaba a Hitler de un modo especial lo sabemos por muchos testimonios; por lo que no es de extrañar que la entrevista resultase para él tan fastidiosa como, al parecer, manifestó en alguna ocasión".

Traducción castiza de las palabras de Suñer: que Franco le metió una chapa a Hitler de campeonato, y que a Hitler no le faltaron ganas de montar una escena coleríca digna de 'El hundimiento'... 

La traca final

Pero Serrano Suñer se reserva lo mejor para el final. Lo que debía ser una despedida calurosa y fotogénica entre los dos estadistas... casi acaba en dramón debido a otra chapuza ferroviaria española. “Después de la despedida en el andén, Franco, en lugar de penetrar en el vagón y saludar desde la ventanilla, prefirió quedar de pie en la plataforma del mismo, cuadrado en posición militar, con la portezuela abierta, saludando al Führer. Nuestro tren, otra vez, al arrancar, dio un tirón brusquísimo que zarandeó a Franco de forma peligrosa”. Se mascó la tragedia, como reconocía Suñer en su descriptivo título del capítulo: “Hitler nos invitó a cenar. Despedida oficial. Franco pudo matarse”.

Morir arrollado por un tren mientras se despedía de Hitler hubiera sido, sin duda, un extraño colofón a la carrera del Generalísimo…  

Animales de compañía

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
38 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios