Por qué el discurso de Meryl Streep es infumable y le alegró el día a Trump

Se vende como el gran 'speech' político anti-Trump, pero está repleto de elitismo y superioridad moral. ¿Dio el presidente electo de EEUU saltos de júbilo tras escucharlo?

Foto: Meryl Streep y Hillary Clinton, haciéndose un selfi. (Gtres)
Meryl Streep y Hillary Clinton, haciéndose un selfi. (Gtres)

Hoy en Grandes Discursos de la Humanidad: ‘Apología’, Sócrates, 399 a. C. ‘Sangre, sudor y lágrimas’, Winston Churchill, 1940. ‘Donald Trump contra Hollywood’, Meryl Streep, 2017. El mundo libre es un clamor: el 'speech' de Meryl Streep en los Globos de Oro es la gran pieza de oratoria política de nuestra era, el revulsivo que todos necesitábamos, la soflama que ha puesto en evidencia la impostura de Donald Trump...

Aunque hay otro modo de verlo pelín diferente: he aquí un discurso indulgente, elitista y contraproducente a más no poder. Un hito de la impotencia política. Lo progre en modo autoparódico. De todas las maneras posibles de atacar a Trump, que no son pocas, Meryl Streep ha escogido la más necia.

“Todos los que estamos en esta sala pertenecemos a dos de los sectores más vilipendiados: extranjeros y prensa", arrancó la actriz, que destacó el cosmopolitismo de Hollywood y recordó a algunos de los actores extranjeros de la meca del cine. En definitiva, el trasfondo del discurso de Meryl Streep no fue otro que presentar a Hollywood como la gran víctima de Donald Trump. Ni los espaldas mojadas, ni las trabajadoras precarias, ni las minorías, las grandes víctimas del trumpismo serían los 'indefensos' actores multimillonarios como Meryl Streep. ¡Atiza!

Pero el momento más penoso del discurso fue el siguiente: Streep asegurando que si todos los extranjeros que trabajan en Hollywood fueran expulsados "solo veríamos fútbol [americano] o artes marciales mixtas" (sí, amigos, todos aquellos a los que nos gusta el deporte somos infraseres culturales). No es difícil imaginar a Donald Trump dando palmas con las orejas tras oír estas palabras: "Gracias, Meryl, por convertir esto en un choque sobre gustos culturales". Y es que la actriz acababa de resumir en una línea (y sin querer) una de las claves de la hecatombe de Hillary Clinton: la conversión de la pasada campaña electoral en una batalla en torno a las costumbres y los estilos de vida.

Recuerden la cantinela repetida hasta la saciedad durante la campaña en periódicos, redes sociales y programas satíricos de televisión: el votante de Trump es un paleto de gustos estéticos (fútbol, carreras de coches) y políticos disparatados (discurso subyacente: menos mal que estamos los progres urbanitas para salvar los muebles con nuestros gustos culturales sofisticados y nuestras opiniones políticas razonables).

Por qué el discurso de Meryl Streep es infumable y le alegró el día a Trump

El tufillo elitista de discursos como estos, cargados de superioridad moral, no hace más que reforzar a un Trump que, no lo olvidemos, ganó las elecciones gracias a su perfil 'antiestablishment'. O lo 'antiestablishment' como gran moda política de 2016. Si a usted le resulta incomprensible que un promotor inmobiliario ultramillonario haya podido pasar por 'antiestablishment', aquí tiene una explicación: además de por sus andanadas contra la globalización, lo que hace 'antiestablilshment' a Trump es su enfrentamiento con el 'establishment' cultural. La aplastante mayoría de las 'celebrities' culturales se posicionaron contra Trump y el Brexit, pero el votante no urbanita les hizo poco o ningún caso, porque para ellos las 'celebrities' culturales son parte de las malvadas élites; es decir, parte del problema, no de la solución.

2016 fue el año en el que un magnate impresentable, demagogo y xenófobo que no contaba ni con el apoyo de su partido le ganó las elecciones a la gran maquinaria centrista y moderada del partido demócrata. O el hundimiento total ante un candidato ridículo debido a la falta de respuestas políticas a la crisis -brutal la desconexión de Hillary Clinton con la realidad de la antigua base obrera del partido, con la que sí conectaba Bernie Sanders- más allá de recurrir a las batallitas costumbristas. Pero parece que el trompazo no ha generado una reflexión sobre la inutilidad política de lo progre en tiempos convulsos. 2017 ha empezado con doble ración de discurso cultural elitista, y con Trump dando saltos de júbilo.

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