'el mundo deslumbrante'

Siri Hustvedt crea la gran novela feminista

La escritora estadounidense apabulla con 'El mundo deslumbrante', un aluvión de ideas y reflexiones sobre la condición de la mujer

Foto: La escritora Siri Hustvedt (EFE)
La escritora Siri Hustvedt (EFE)
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Con determinados libros resulta complicado tomar distancia. Así me ha sucedido a mí mientras leía Un mundo deslumbrante (Anagrama, 2014) de Siri Hustvedt, una novela donde me solapo con el discurso de la autora –porque Hustvedt es una escritora con discurso-, con lo que adivino bajo la voz de los personajes. Casi no me queda espacio para la respiración de una idea propia. Pero lejos de sentirme acorralada, me siento deslumbrada.

Como el mundo del título de la novela, que Hustvedt toma prestado de la científica y escritora pre-queer del siglo XVII Margaret Cavendish: su New Blazing World se considera un antecedente de la cienciaficción y se habla de la polifonía hermafrodita de Cavendish. El referente genera bastante fascinación.

A medida que avanzo en la lectura, me doy cuenta de que me voy separando del apabullante e interdisciplinar acervo de conocimientos de la autora (Debord y el situacionismo, el psicoanálisis, el dedo ensangrentado de Dora Maar que me recuerda un soneto de Góngora, la fenomenología de Husserl, Virilio como encarnación teórica del pánico…) para construir mi propio pensamiento: como lectora pongo en práctica el “me pienso pensando” que constituye uno de los temas de esta novela. Un “me pienso pensando” que nos remite a la simultaneidad de percepciones y reflexiones, a la posibilidad de los discursos paralelos, y que al margen de cualquier posición ensimismada, adquiere sentido en la interacción entre lo psicológico y lo sociológico.

El feminismo es una de las puntas del iceberg de esa interacción y la teoría de la performatividad de Judith Butler se relaciona de manera directa con las “máscaras del arte”: el género tiene que ver con el papel que uno representa, con la máscara que uno se pone. En ese punto, Un mundo deslumbrante, dentro de la atmósfera austeriana – a lo Sophie Calle,  a lo Vila-Matas- se transforma en una magnífica novela sobre la identidad en general y sobre la dificultad de la construcción de la identidad de las mujeres en el mundo cultural, literario, artístico.

El desnudo es una pose y la pose un gesto delator

Frente a la experiencia de su viudez y la reconstrucción de una infancia y adolescencia marcadas por un padre dominante, Harriet Burden, Harry –el alías no es casual- se reencuentra como artista y decide jugar a una impostura que va a poner de manifiesto la desventaja de las mujeres frente a los varones. Ella crea sus obras y las encubre bajo las máscaras de tres hombres: Anton Tish- su ignorancia era “apabullante y descorazonadora”-; Phineas Q. Eldriedge –homosexual y mestizo-; y el ambiguo y exitoso, Rune. El proceso de enmascararse y desnudarse forma parte de una obra en la que el desnudo es una pose y la pose, un gesto delator.

Siri Hustvedt, autora de 'Un mundo deslumbrante' (EFE)
Siri Hustvedt, autora de 'Un mundo deslumbrante' (EFE)

El tema de la novela se resuelve formalmente con coherencia y complejidad: una investigadora, I.V Hess, estudia la figura de Burden a través de sus diarios, de textos sobre su obra y de entrevistas o testimonios de personas que la conocieron; el juego con los géneros académicos y autobiográficos –las mentiras que encierran verdades y viceversa, la reminiscencia de Coetzee en Verano- y el punto de vista exigen distancia. Como lectores, no debemos olvidar que es la mirada editorial de Hess la que lo organiza todo. Desde esa perspectiva, se valora la extraordinaria importancia de un yo polimórfico y poliédrico, el de Harriet, vinculado a la historia y la cultura como marcas de su intimidad, que se agranda hasta adquirir colosales magnitudes bajo la lupa del psicoanálisis, del ego artístico y de la escandalosa invisibilidad –política, sociológica, antropológica- de las mujeres.

Frankenstein

Harriet es una Frankenstein - disconforme con su propio cuerpo, aislada del mundo que le interesa, agresiva y vulnerable- que crea sus propios frankensteinsEn el exceso –de perspectivas, de la propia descripción física de Harriet como una mujerona- hay una ironía que Siri Hustvedt considera un modo de conocimiento. Harriet es una Frankenstein - disconforme con su propio cuerpo, aislada del mundo que le interesa, agresiva y vulnerable- que crea sus propios frankensteins: construye muñecos y casas de muñecas pervirtiendo a Ibsen. Harriet crea para encontrarse y para que la encuentren, para que la miren, porque sabe que nada existe más allá de la mirada de los otros.

En Harry se funden el objeto y el sujeto del arte, y esa fusión se subraya en el último capítulo que llega a los lectores desde la ingenuidad mística de Sweet Autumn, intérprete de auras de colores y sanadora de chacras: Sweet Autumn relata la colosal agonía de una mujer cuya vida ha sido también desmesurada y colosal. La intensidad de la muerte se corresponde con la intensidad de la vida. Tal vez a Siri Hustvedt se le haya ido un poco la mano –simbólicamente- al hacer que su personaje femenino muera de un devastador cáncer de ovarios. El aura de Harry permanece en sus obras: la identidad del sujeto pervive en el objeto, la vida pervive en la representación. En el juego narrativo de Hustvedt, esta visión tan discutible, mística y personalista del proceso de comunicación artístico nace de la mirada de Sweet Autumn, de modo que lo que es discutible intelectualmente se convierte en verosímil narrativamente.

Voces

La lucidez de Un mundo deslumbrante radica en que lo teórico se legitima narrativamente a través de las voces del relato y de sus visiones del mundo plurales: el entrañable contrapunto del poeta Bruno Kleinfeld, último amor de Harriet, “acojonadito” ante los conocimientos a veces pedantes de su amada (“¡Ah, Hussserl, sí qué bien!”); el relato de la memoria de Rachel, la psicoanalista amiga de la infancia de Harry, donde en el sintagma “relato de la memoria” no debemos olvidar que el núcleo es el “relato”; la misoginia y el elitismo, a lo de Witt, de Oswald Case (“El glamur desaparece cuando se hace democrático”); la honestidad de la hermana de Rune, una mujer a la que hubo que reconstruir el rostro tras un accidente de coche; el carácter entrañable de Maisy, la hija de Harry, y de Phinny, una de sus máscaras…       

La autora sugiere que el género es un criterio de segregación y marginación más poderoso que la claseNo está de más aludir al hecho de que Harriet Burden es judía, tiene mucho dinero y pertenece a la clase privilegiada de Nueva York: una circunstancia que no es ornamental si enfrentamos la falta de reconocimiento de Harriet con el ascenso social de Rune, una de sus máscaras viriles, para quien el arte ha sido una herramienta de desclasamiento positivo. Hustvedt sugiere una tesis con la que esta lectora no coincide del todo: la de que el género es un criterio de segregación y marginación más poderoso que la clase.  

En resumen, Un mundo deslumbrante es un libro con el que se aprende en la misma medida que se discute y que tiene la excelente intención de evidenciar una pulsión cultural e históricamente legítima: el afán de reconocimiento, a veces reconvertido en auto-sabotaje, de las mujeres que se dedican a la pintura, a la escritura, a las performances, las instalaciones o la música contemporánea. 

Biblioteca Pública

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