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Julieta Venegas, entre el amor y el conflicto mexicano
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Víctor Lenore

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Julieta Venegas, entre el amor y el conflicto mexicano

Estamos ante una de las mejores compositoras del pop actual en castellano. Quizá, incluso, la mejor. Su nuevo álbum, 'Algo sucede', recupera el pulso tras el bajón creativo de 'Los momentos'

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Estamos ante una de las mejores compositoras del pop actual en castellano. Quizá, incluso, la mejor. Sus canciones, sutiles y modestas, reconfortan cada día a millones de personas sumergidas en sus conflictos emocionales. Sin prisa pero sin pausa, se ha ganado el cariño de los oyentes.

Julieta Venegas logró una completa madurez con el disco Limón y sal (2006), donde destaca una canción enorme titulada Me voy. No sólo contagiaba por su estribillo radiante, sino que rompía con la tendencia al de las divas pop a encastillarse en el registro melodramático. ¿Su gran mérito? Trataba un ruptura de manera natural, sin aspavientos ni exhibicionismo sentimental. Hoy, con su nuevo álbum Algo sucede, sigue sonando tan fresca como hace nueve años. Nadie duda de que sea un clásico de la canción latina del siglo XXI.

Reina de las "cancioncitas"

La mayoría de las estrellas pop intentan reafirmar su autoestima hablando de los grandes cambios creativos que hay entre un disco y el siguiente. Venegas no se estresa por este tipo de detalles. La originalidad no le quita el sueño, sino que se concentra en hacer pequeñas canciones clásicas. Lo explicó magistralmente hace un par de discos, en la letra de Original. Allí afirmaba que todas nuestras sensaciones son nuevas, por mucho las hayan contado otros artistas mil veces, ya que nosotros las sentimos por primera vez.

Justamente, Venegas tiene la capacidad de hacer sonar como recién estrenadas emociones que se han explicado desde la Edad Media. Hay una diferencia brutal entre una canción simple y una sencilla. La primera cuenta una historia de manera previsible, mientras que la segunda lo hace con los mínimos recursos indispensables. La mayoría de los grandes compositores populares son tremendamente sencillos, desde José Alfredo Jiménez a los Ramones, desde Cole Porter a Camela, desde Violeta Parra a Hank Williams. Otros se quedan en los recursos elementales y predecibles, caso de Maná, El Barrio, El Canto del Loco, Black Eyed Peas o Fito y los Fitipaldis, por poner ejemplos de superventas recientes. No hay que decir que Venegas hace mucho que pertenece al primer grupo. Ha conseguido dotar de grandeza al concepto de "cancioncitas".

Música cotidiana

Me cuesta mucho juzgar el nuevo álbum de Julieta Venegas. Normalmente sus discos empiezan pareciéndome "lo de siempre", pero la mayoría van creciendo escucha tras escucha hasta convencerme por completo. De repente, mientras das un paseo con el Ipod o friegas los platos con música, te das cuenta de la potencia de una de estas canciones escritas con minúscula. Bajas la guardia y te gana. Eso me pasó, por ejemplo, con el sobresaliente Otra cosa (2010), un disco igual o mejor que Limón y sal.

Algo sucede empieza a todo trapo: el primer sencillo, Ese camino, es una canción enorme, de esas que se pegan a la primera y no te sueltan. Tiene algo que recuerda a cumbias clásicas como Los caminos de la vida, con esa capacidad para atrapar la sensación de paso del tiempo. Apuesto a que en directo se viene muy arriba. El corte que promociona ahora, Algo sucede, tiene una aire más ochenteno, con esa mezcla de teclados luminosos y versos inquietantes tan típico de la época (y que tan bien han reciclado bandas modernas como Keane o Cut Copy). Venegas utiliza bien esos recursos y obtiene otra canción pop redonda, sobre ese momento clave de un romance donde se pasa del subidón inicial a la necesidad de abrirse al otro.

Dulce y directa

¿Qué ofrece este nuevo disco? Para empezar, recupera el pulso respecto al tibio Los momentos. No inventa nada nuevo, pero rebosa la maestría habitual en piezas de pop clásico, con reflexiones sobre la infancia y la adolescencia (inspiradas, entre otras cosas, por la lectura del tomo de Karl Ove Knausgård sobre sus primeros años) o pequeñas batallas emocionales (su terreno natural). Esta vez, incluso, se ha atrevido con una letra explícitamente política: Explosión, que habla de la brutal represión estudiantil en México.

Esperaba, la pieza de apertura, trata sobre la magia del comienzo del amor, esa capacidad para hacerte flotar. La acción se sitúa en Buenos Aires y se contagia un poco de la tendencia argentina a la cursilería cuando hablan de sus ídolos (en este caso, parece que Charly García). Todo está aquí, majestuosa balada de cierre, tiene algo que recuerda al Hymn to Her de Pretenders. Se explicará puede presumir de chispa, a pesar de partir de una posición incómoda, la narradora dando consejos vitales a alguien menor. Dos soledades podría ser su Strangers In The Night. Una respuesta habla sobre confusión, tema típico de Venegas, pero esta vez no es emocional (como en Debajo de mi lengua) sino política. Parte mía suena bastante italiana, como algo que le hubieran encargado Romina y Albano.

¿Veredicto final? Ni tan bueno como Otra cosa, ni tan neutro como Los momentos, pero nunca se sabe si estas canciones dulces y directas van a pegar el subidón cuando menos te lo esperas. Un buen disco, en todo caso.

Estamos ante una de las mejores compositoras del pop actual en castellano. Quizá, incluso, la mejor. Sus canciones, sutiles y modestas, reconfortan cada día a millones de personas sumergidas en sus conflictos emocionales. Sin prisa pero sin pausa, se ha ganado el cariño de los oyentes.

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