'El cuento de la criada' es una gran serie de HBO pero... ¿me leo antes el libro?

Coincidiendo con el estreno de la serie en HBO, se reedita en España 'El cuento de la criada (Salamandra) ¿Hay que leerlo antes, después, a la vez... o no leerlo?

Foto: 'El cuento de la criada'
'El cuento de la criada'

Parece ser que una vez adaptaron el 'Mein Kampf' al cine. Parece ser también que Billy Wilder vio la película y salió descontento. “Me gustó más el libro”, dijo. Fue quizá la primera y última vez que este cliché cultureta (me-gustó-más-el-libro) tuvo alguna gracia.

Estableció Rafael Azcona que el cine era “imbatible en lo superficial”. ¿Qué quería decir? Quizá que la literatura es un arte adensado, atento a las profundidades, en las que asienta casi todas sus virtudes. En el cine te enamoras inmediatamente de un rostro; en una novela te enamoras de una personalidad después de recorrer más de cien mil palabras. La gente no dispone de tanto tiempo para enamorarse y por eso las series de televisión nos van quitando las ganas de leer.

Dos series están dando que hablar en las últimas semanas: 'Por 13 razones' y 'El cuento de la criada'. Ambas son versiones estilizadas de novelas que en España nadie se había preocupado de abrir. 'Por 13 razones' apareció en 2009 en la pequeña editorial Ámbar. 'El cuento de la criada', de la prestigiosa novelista canadiense Margaret Atwood, lleva treinta años parpadeando en las librerías: lo publicó Seix Barral en 1987, desapareció; lo volvió a publicar Ediciones B en 2001, desapareció; lo publicó de nuevo Bruguera en 2008, desapareció (y también el sello). Finalmente, Salamandra ha conseguido los derechos y lo acaba de sacar a la calle con una desconcertante faja que hace pensar que el libro fue escrito el pasado fin de semana. Dice la faja: “El libro de cabecera de una nueva generación”. ¿Qué nueva generación, la del telesketch?

HBO vs Atwood

'El cuento de la criada', en HBO, lleva sólo cuatro capítulos. Yo llevaba vistos tres cuando me compré y me leí la novela de Atwood.

El libro es estupendo, una distopía de la maternidad que la propia autora no desea alistar tan fácilmente en la bibliografía feminista. Dice en su prólogo Atwood que sólo se deja querer por el feminismo si no le rebajan los méritos, pues es consciente de que hoy en día vive del feminismo no poca gente sin el más mínimo talento.

'El cuento de la criada'
'El cuento de la criada'

La novela da la razón a Azcona cuando, de las cuatrocientas páginas que tiene, la serie devora trescientas en sólo tres capítulos. Leyendo la novela, uno diría que en ella no pasa nada, mientras que en la serie hay un clímax cada quince minutos. Los guionistas han movido de sitio varios desenlaces y sorpresas, han actualizado la trama metiendo referencias un poco ridículas a la tecnología y las redes sociales y han corregido numerosas escenas, casi siempre restándoles explicitud. Un beso que se da en el libro no se da en la serie, diálogos que duran una página son reducidos a dos o tres parlamentos. Se busca lo sutil, que es la vertiente noble de lo superficial.

La serie está mucho mejor narrada que la novela, pues ya avisaba Robert McKee en 'El guión' sobre la sorprendente cantidad de grandes escritores que son pésimos narradores. Si les quitas la literatura, sus historias se revelan mal contadas.

La serie está mucho mejor narrada que la novela. Si les quitas literatura, muchas historias de grandes escritores se revelan mal contadas

Y Atwood hace literatura, es decir, esa cosa densa. Se demora en las descripciones poéticas y en los pensamientos de su protagonista, haciendo papiroflexia con una psique. Al lector le gusta más esa voz literaria que el argumento, que avanza a tirones y se tambalea en algunos puntos: si la criada no puede escribir y sólo piensa su historia, ¿cómo nos ha llegado?

La literatura como spoiler

No puede negarse que es una novedad leer una novela al tiempo que la misma historia que cuenta está siendo emitida en forma de serie de televisión. ¿Qué sentido tiene entonces leer la novela?

Creo que hay algo de paleografía en esa lectura. No sólo uno quiere leer la novela de una serie porque la serie le gusta, sino para demostrar que le gusta más que a nadie, para convertirse en un experto. Leer la novela es rendir honores a la serie, acceder a su origen primitivo, conocer algunos datos mínimos no filmados. Los personajes, además, tienen ya la cara de los actores, y esta lectura parece más de estudio que de aproximación: cómo se ha tallado este material en bruto, cómo anticiparon que había en esta novela una buena idea para la televisión.

Pero también la lectura aquí se me antoja una forma de rebeldía, como la de ese niño insolente que levanta la tela al mago para ver los hilos de su truco. Leer es practicar el spoiler contra uno mismo, lo que al cabo obliga a saber qué es la literatura: no de qué trata un libro, no cómo acaba, sino cómo está escrito, cuál es su profundidad. Si no merece la pena leer un libro del que se ha hecho una serie, quizá nunca mereció la pena leer ese libro.

Mala Fama

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