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BIOGRAFÍA
Trochas. Sabiduría y sentires del cazador. Miguel Yanes. 240 páginas; 20,00 euros. Comprar libro
Considero que Miguel Yanes Puga, biólogo, profesor, escritor, cazador y lector, ha alcanzado una meta muy elevada en su primera incursión en la escritura no científica, que era la que hasta ahora había practicado. Su contribución a la literatura cinegética es impagable, pues ha sabido aunar como muy pocos antes que él -en estos momentos recuerdo a Borja Cardelús- el conocimiento y la afición vastísimos de todo lo natural, con el interés permanente para sus lectores.
Pero no ha engrandecido solamente el género aludido, sino también la escritura en español, con una riqueza y precisión en el vocabulario que le hacen único. Comienza, termina y salpica muchas de sus páginas con referencias a Miguel Delibes, como maestro y ejemplo, hasta el punto de influirle en su propia orientación universitaria, en la que por cierto descubrió con verdadero estupor que prácticamente a ninguno de sus compañeros de biológicas les gustaba cazar y pescar.
Trochas está conformado como un diario que transcurre de diciembre a marzo al ritmo de los lances de la temporada de caza. Y como ellos requiere de una adecuación por parte del lector, que se ve sumergido en una cadencia pausada, casi contemplativa, ya que el anormalmente húmedo año pasado dificultó las salidas al campo. Pronto, con el despuntar de enero, el lector es recompensado con una explosión de naturaleza y de partidas de caza con conejos, perdices, jabalíes y sobre todo cabras monteses o cabros, como gusta usar al autor.

Y es ahí donde se despliegan sus múltiples pasiones, por la historia de la zona, por las aves anilladas en temporadas anteriores, por tratar de controlar la sarna de los cabros, por la elección del macho adulto, la espera, el acecho y su captura, por el acompañamiento y asesoramiento de los agraciados en los cupos, por la caza con cuco, por la vegetación, por la vida animal, por la vida del monte en todas sus manifestaciones. No en vano simultanea su pertenencia a la sociedad de cazadores de su localidad con la de una asociación ecologista. Imposible entender el trasiego de la caza hoy sin asumir paralelamente la importante responsabilidad que supone cuidar el equilibrio de lo agreste.

Sus reflexiones y descripciones vienen salpimentadas por multitud de citas literarias magníficas de pensadores, poetas, cazadores, escritores, que amplían los horizontes de Sierra Mágina, dotándoles de un carácter, si no universal, si al menos ibérico y mediterráneo. Por la escasa información que aporta la editorial, descubrimos que tras años de vida profesional en la universidad, el CSIC y otros medios, decidió volver a Jódar, su pueblo natal en Jaén, para entre otras cosas dar la oportunidad a sus hijos de crecer en contacto con lo rural. Solo por este hecho singular, se me antoja una persona profundamente interesante. Pero además ha sabido acercarnos, a los urbanitas incapacitados para tomar decisiones similares y que sin embargo llevamos en nuestras entrañas el mismo reclamo, esa naturaleza que deseamos y añoramos, que nos gustaría conocer más, cuidar y proteger mejor, hollar con más frecuencia.

Qué puedo decir. Me ha encantado, me ha subyugado, hipnotizado con la riqueza de su lenguaje, con su propiedad, con su colorismo, con su pintoresquismo, su naturalismo, su viveza. A lo largo del día soñaba con que llegase el momento de poder retomar su lectura, volver a escaparme con el autor al campo, robando huecos imposibles al tiempo. Y de su mano, ver, mirar, conocer, oler, observar, escuchar, otear, acechar...
Muchas personas podrán disfrutar de esta obra poliédrica, cazadores sí, pero también los amantes de la naturaleza, de la lengua, de lo rural, de lo natural, de la vida en libertad. Al concluir la lectura parece que el lenguaje propio se forma en la cabeza con otro vocabulario y otra sintaxis, con más color y aroma, renovado y reverdecido, como se nos ofrece el campo en estos días lavado por las lluvias y vientos primaverales.
Otros tesoros relacionados con la temática y ya recomendados en este espacio: Entre mar y tierra, Secretos del mediterráneo, Las aves ibéricas en la cultura popular y Vocabulario general de la montería española.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
7 COMENTARIOS
7 .- #3 Con todos los respetos a su opinión, he andado y dormido muchas veces por el monte, encima de la nieve, en la selva, y en Peguerinos, por ponerlo cerca, cuando estaba permitido.
Si te quedas quieto [ sin cámaras, flashes, radios ] en silencio, acabas muy cerca de los animales.
En los cotos que he visto, es cierto que hay muchos animales, pero tan pronto ven a un ser humano, huyen despavoridos.
Me quejo de que el efecto de la labor de los cazadores, es que los demás no veamos a los animales.Tengo una visión económica para la supervivencia de las especies mas valiosas. No la visión de Green Peace, de " valerosos " llaneros solitarios.
Si en el Serengueti o el en el Kruguer se cazara como aquí, se hundiría el negocio del turismo en un año.
Y luego está un simple tema de madurez y sensibilidad. Ya vale de andar matando y decir que es un deporte de tu a tu para valientes y poetas. No jodamos. Lo dice Vd en Europa o en Norteamerica y ya verá cómo le miran.
6 .- Una cosa es que sea necesario controlar la población y otra muy distinta que haya gente que disfrute matando, y ademas en una superioridad de condiciones que hace mas indigna la forma en que sacian su sed de sangre.
5 .- #1 Tengo 50 años y he echado los dientes en el campo.
Si los animals son salvajes de verdad, sin contacto cotidiano con el hombre, sin cercones que les corten sus pasos y querencias, siempre evitan al ser humano. Posiblemente habrán visto pocas películas de Walt Disney y su instinto les proteja.
Te doy la razón en que hay sitios en los que puedes ver animales de cerca en la naturaleza. Pero si rascas un poco, te darás cuentan que es porque el hombre los alimenta cotidianamente, les impide sus movimientos conn vallas y ha eliminado sus depredadortes naturales. Entonces tienen sus instintos atontados y se comportan así.
Otra cosa, nunca en la historia de la Península ha habido tanta densidad de especies cinegéticas: ciervo, corzo, jabalí, perdiz, liebre [excepción del conejo por la mixomatosis]. Y no todo, pero gran parte del mérito lo tienen los cazadores.
4 .-
Donde esté una buena trompa que se quiten todos los cuernos.
3 .- #1 Con todods mis respetos, lo que usted describe como naturaleza en la que lso animales salvajes permiten que nos acerquemso a contemplarlos etc como un bucólico jardín del Eden, se parece mas a las peliculas de Walt Disney o a los Zoológicos que a la naturaleza real.
Un saludo