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BIOGRAFÍA
Con este motivo Conrado Durántez ha elaborado un libro de consulta que recoge la historia del mayor acontecimiento deportivo del mundo, desde Atenas 1896 hasta Rio de Janeiro 2016, proporcionándonos un sucinto relato ilustrado de cada edición de las Olimpiadas.
A lo largo de sus casi 400 páginas reúne multitud de imágenes y anécdotas, como que en 1908 Roma iba a ser la sede de la IV Olimpiada pero una erupción volcánica del Vesubio, junto a graves problemas económicos, provocaron su renuncia el año anterior. Por este motivo Londres se hizo cargo de la preparación con muy poco tiempo por delante pero con mucha ilusión. En esta edición las mujeres fueron admitidas oficialmente por primera vez en los Juegos, compitiendo en tenis, patinaje artístico y tiro con arco.
De esta fecha también es memorable la famosa frase de “en los Juegos Olímpicos, lo importante no es vencer sino participar”. Afirmación pronunciada originalmente por el arzobispo de Pensilvania en un acto que dirigió a los atletas participantes, aunque con frecuencia, equivocadamente, se la atribuye a Pierre de Coubertin, padre del olimpismo moderno y al que el autor dedica un extenso apartado en el que hace hincapié en los símbolos y valores del espíritu olímpico.
No se volvieron a celebrar Juegos Olímpicos en Londres hasta 1948, ya que a pesar de habérsele adjudicado los de 1940, la invasión de Polonia por las tropas alemanas, el 1 de septiembre de 1939, desencadenó la II Guerra Mundial, ocasionando que dos Olimpiadas sucesivas se quedaran sin disputar. Aunque siguieron contando sus ediciones, siendo la1de 940 y la de 1944, la XII y la XIII respectivamente.
En 1948, Londres acusa enormemente la grave crisis económica posterior al conflicto bélico. Y como era previsible, Alemania y Japón, consideradas potencias agresoras, fueron excluidas de la celebración. Por el contrario, estrenaron su participación Birmania, Ceilán, Colombia, Guatemala, Líbano, Panamá, Puerto Rico, Siria y Venezuela.

A pesar de la pobreza de medios -los atletas dormían en barracones militares- y a pesar del ambiente de tristeza con el que se comenzó, nada pudo igualar la emoción que acogió la carrera de la antorcha olímpica. Hasta los flemáticos ingleses “aplaudieron rabiosamente el paso del chisporroteante fuego llevado por su compatriota” y el resto de los atletas, incapaces de mantener su posición, “se apiñaron al borde de la pista para ver de cerca al corredor”.
El autor, magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, presidente de la Academia Olímpica Española, presidente de Honor del Comité Internacional Pierre de Coubertain y presidente de la Asociación de las Academias Olímpicas Iberoamericanas -entre otros cargos-, nos ofrece “una obra de consulta y referencia para todos aquellos deportistas, profesionales de la comunicación, aficionados al deporte en general y cómo no, a los apasionados del movimiento olímpico.”

OPINIONES DE LOS LECTORES,
2 COMENTARIOS
2 .- En un principio, Olimpiada era una medida de tiempo empleada por los griegos, pero actualmente se aceptan como sinónimos, ambos términos. y así lo recoge el Diccionario de la Real Academia Española.
1 .- El articulista toma todo el tiempo Juegos Olímpicos y Olimpiadas como sinónimos, cuando obviamente no lo son. Esa diferencia es, por cierto, la que explica por qué las Olimpiadas siguen contándose en los periodos de guerra en que los Juegos Olímpicos no puedieron disputarse.
JUVENIL
Theodore Boone. Joven abogado
COMPRAR LIBRO: Theodore Boone. Joven abogado. John Grisham. 232 páginas; 17,00 euros
El maestro del thriller judicial, John Grisham, se estrena con este título como escritor de novelas juveniles. Como era de esperar, la trama se desarrolla en los juzgados, esta vez situados en una pequeña ciudad norteamericana, donde se está celebrando un juicio por asesinato. El principal sospechoso es el viudo de la víctima, pero no hay ninguna prueba lo suficientemente concluyente como para incriminarlo. El protagonista de la obra es Theodore Boone, un chaval de trece años, hijo de abogados y un apasionado de las leyes. Sus conocimientos de derecho le hacen muy famoso en la escuela, y muchos de los alumnos acuden a él para pedirle consejos legales. Entre estos jóvenes 'clientes' conoce a alguien que ha sido testigo del asesinato. Por esa razón Theodore se debatirá frente a un gran dilema: dar a conocer una prueba decisiva para inculpar al asesino o mantener su palabra de no decir nada de lo que le han contado. Grisham consigue un punto justo en su narración. La trama no es complicada para que todos puedan seguirla, pero el lenguaje es cuidado y se aprenden términos jurídicos. Desde luego ha sabido adaptarse muy bien a su nuevo público, que va a disfrutar con el suspense de la novela. La editorial se ha animado ya a publicar el segundo tomo de esta saga, titulado Theodore Boone. El secuestro, que mantiene los mismos ingredientes de calidad e intriga. Absolutamente recomendables.