La bajada al infierno de Sherlock y Watson en uno de los mejores episodios de la serie

Una misteriosa revelación cierra el segundo episodio de la cuarta temporada de 'Sherlock', uno de los más oscuros y vertiginosos de la ficción basada en las novelas de Arthur Conan Doyle

Foto: Imagen del segundo episodio de la cuarta temporada de Sherlock.
Imagen del segundo episodio de la cuarta temporada de Sherlock.

Tras un arranque de temporada irregular con un mero episodio de transición, esta vez sí, 'Sherlock' lo ha vuelto a hacer. El segundo capítulo de la cuarta temporada (ya solo queda el tercero y último, que estrenan el domingo BBC One y el lunes Netflix) es un drama vertiginoso, deliciosamente oscuro y probablemente uno de los mejores episodios de la serie.

'El detective mentiroso' —basado en 'Las aventuras del detective moribundo', de sir Arthur Conan Doyle— es un complejo trabajo de orfebrería con un guion del cocreador de la serie, Steven Moffat, que juega con el espectador, como lo hace Sherlock con Watson, giro tras giro y truco tras truco sin apenas respiro. Si el final de 'Las seis Thatchers' nos dejaba la semana pasada con la boca abierta y ponía las mimbres para que la relación Holmes-Watson y Holmes-villanos explotara como esperábamos, esta semana han llegado los fuegos artificiales. Ojo, una pirotecnia que ha arrasado en los últimos dos minutos pero que nos ha pegado a la pantalla durante la casi hora y media de duración de la ficción. Así sí, Sherlock.

La bajada al infierno de Sherlock y Watson en uno de los mejores episodios de la serie

A PARTIR DE AQUÍ, 'SPOILERS'

Escrito por Moffat y dirigido por Nick Hurran, el segundo capítulo de esta cuarta temporada (¿ya el penúltimo?) es el de la bajada a los infiernos y la redención de Holmes y Watson. Ambos, arrasados y tambaleándose tras la muerte de Mary. Ambos destrozados por la culpa. Ambos, lejos y buscándose. Dicho así parece sencillo y hasta previsible, más si tenemos en cuenta que el episodio se titula 'El detective mentiroso', pero la trama se retuerce de manera incesante y, lo mejor, sin llegar a perder el sentido ni el efecto sorpresa.

John (Martin Freeman) está totalmente perdido sin Mary (Amanda Abbington), que se le aparece en visiones como un Pepito Grillo pertinaz y divertido. Sherlock (Benedict Cumberbatch), por su parte, ha decidido hacer caso al mensaje que Mary le mandó tras morir: "Salva a John Watson. Sálvalo, Sherlock". Pero ¿cómo conseguirlo si Watson no quiere saber nada de él ni de nadie? Mary le da la clave en la parte del mensaje que sí hemos visto esta semana: Morir para salvarlo. Y Sherlock, experto en trucos (fingió durante dos años su propia muerte, ¿recuerdan?), elabora el ardid redondo: caer de nuevo en las drogas para poder atrapar al malvado más malvado de todos los tiempos y que Watson le salve para salvar a Watson.

Como decimos, el título del capítulo ya nos avisa, pero ni por asomo podríamos esperar toda su munición. "Vete al infierno y haz que parezca que vas en serio", le dice Mary. Dicho y hecho. El mensaje es heroína para nuestro protagonista. En 'El detective mentiroso', vuelve el Sherlock egocéntrico, el genio que juega con nosotros, el escalofriante tipo inteligentísimo que va dos pasos (o dos semanas, en este caso) por delante de nosotros. El primer tercio del capítulo es una trepidante nebulosa rodada de forma maravillosa que nos mete de lleno en la espiral de chutes que tienen colocado a Sherlock. Es más Sherlock que nunca: desordenado, inquietante y espectacularmente atrayente.

Con la caída de Sherlock al pozo de la droga, también reaparece la tensión con que se enfrenta a los casos más extravagantes. En esta ocasión, Culverton Smith (Toby Jones firma un villano escalofriante), "el ser humano más peligroso y más despreciable con el que me he encontrado. Un monstruo". Palabra de Sherlock. Smith es un poderoso y afamado hombre de negocios, pero también un asesino en serie que se ha construido un hospital para matar a placer. En su espiral adictiva, el caso cae en manos de Sherlock y se convierte en su obsesión y la excusa para cumplir su propósito de salvar a Watson.

"Ese engendro, ese ser putrefacto, es una coagulación de maldad humana que está vivita y coleando. Y si consigo expulsarlo de este mundo, mi vida no habrá sido en vano", le suelta Holmes a Watson en ese mar de culpa que les corroe a ambos por la muerte de Mary para conseguir que le ayude. Aunque Watson primero debe saber que Sherlock realmente necesita su ayuda y está verdaderamente en el infierno. Lo que no imagina (una vez más) es que todo está planeado y anticipado (sus citas con el terapeuta, las llamadas y los movimientos antes de que el propio John sepa siquiera qué va a hacer) por Holmes. Porque Sherlock no quiere hacer otra cosa que ponerse en bandeja para matar dos pájaros de un tiro: la resurrección de Watson y atrapar a Smith. Dejarse matar literalmente por un despiadado asesino en serie —que cuenta sus crímenes a sus íntimos pero les droga para que no lo recuerden— para que John y él estén en paz.

La bajada al infierno de Sherlock y Watson en uno de los mejores episodios de la serie

En realidad, no es un planteamiento novedoso: un Sherlock coqueteando con las drogas y el desastre que se pone en peligro y juega para atrapar al malo, John le acompaña expectante y determinante llegado el momento y Sherlock emergiendo victorioso. Una vez más. El final es sencillo pero eficiente y merecido: un emocional intercambio de Watson y Holmes reconociendo que se necesitan y se perdonan ("tú no mataste a Mary", le dice John. "Al salvarme la vida, le otorgó un valor", le responde su amigo) con confesiones —la infidelidad, aunque fue solo por mensajes de texto— incluidas. Mary, una vez más, ha cumplido con su papel: unirles y humanizarles.

Pero 'Sherlock' no podía terminar así. Si durante todo el episodio la trama se retuerce en cada plano para demostrarnos que nada es lo que parece, el final explota con la aparición de Eurus Holmes. ¿Quién? La hermana secreta de Sherlock y Mycroft. Tacatá. Una hermana siniestra y malvada a la que se alude (sin nombre ni género) en el capítulo como otro 'serial killer', en palabras de Smith, o como Sherrinford (¿un nombre en clave?) en las notas de Mycroft. Canta un poco que ni Sherlock ni Watson la reconozcan porque les ha engañado a placer: se ha hecho pasar por la nueva terapeuta de John, que los dos han visto; la amante por mensajes que conoció en el autobús, y la supuesta hija de Smith que le sirve el caso de su padre en bandeja a Sherlock. No importa, su aparición es una bomba. No solo porque Eurus significa 'viento del Este', frase de un cuento que Mycroft contaba para meter miedo a su hermano y con el que se cierra la tercera temporada, o por el tiro que parece que le pega a Watson al final del episodio sino por ese "miss me?" (¿me echaste de menos?) que la conecta con Moriarty. Las respuestas se esperan en el tercer y último episodio de la temporada: 'The final problem'.

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'Bonus track': ovación y reverencias para la señora Hudson (Una Sutbbs) y su aparición estelar en un deportivo cual kamikaze al volante y con Sherlock en el maletero esposado. Y otro para Moffat y la relevancia que está dando a las mujeres en la serie y, en concreto, en este episodio. Son mujeres notables, diversas y poderosas. Mary es la muleta necesaria de unión de nuestros protagonistas, la señora Hudson —no un ama de llaves, como recalca en este episodio, sino la persona que mejor conoce la naturaleza del egocéntrico Sherlock— y ese nuevo contrapunto malvado llamado Eurus (Sian Brooke) que nos espera la próxima semana.

Chanquete ha muerto

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