'Por trece razones', el fenómeno adolescente pinta a las chicas peor que 'Twin Peaks'

En la serie sobre el suicidio de una joven que sufre el 'revenge porn', la crítica a las situaciones de acoso y violencia que se producen no es suficientemente contundente

Foto: 'Por trece razones'
'Por trece razones'

'Bullying' es un término demasiado amplio para designar la situación de acoso que sufre Hannah Baker, la protagonista de 'Por trece razones'. Esta palabra hace referencia a cualquier tipo de maltrato que recibe un alumno por parte de otros, pero es que la situación de Hannah Baker no es de 'cualquier tipo'. Ni siquiera está circunscrita a su edad o al colegio, podría pasarle a cualquiera que cumpla un único requisito: ser mujer. Un compañero de clase difunde una fotografía, que tomó en una cita con ella, en la que se le ven las bragas. Aquí comienza el infierno de la protagonista que, tal y como adelanta en el primer capítulo, acabará en suicidio.

Antes de quitarse la vida graba su historia en 13 caras de cassette y las envía a quienes considera culpables de su fatídico final. Zorra, puta, fácil. Esta es la clase de apelativos cariñosos a los que tendrá que enfrentarse durante años en el instituto. El 'revenge porn', envío de fotografías de carácter erótico o sexual con la intención de causar un mal a la persona retratada, es una forma más de controlar la sexualidad y el cuerpo de las mujeres en una sociedad pútrida y retrógrada que no asume que nosotras también sentimos deseo sexual. La práctica se ha popularizado tanto en nuestro país que la última reforma del Código Penal contempla penas específicas para quienes difunden este tipo de imágenes íntimas sin permiso de la fotografiada.

Y sí, digo “la”, en femenino, porque la inmensa mayoría de los perjudicados son mujeres. No solo sufren la vergüenza y humillación de ver su intimidad divulgada, también tienen que soportar que los medios y la voz social las culpen de lo sucedido. El 'revenge porn' es el crimen de honor de occidente.

'Por 13 razones'
'Por 13 razones'

Creo firmemente en las generaciones jóvenes. Me lo paso pipa viendo los canales de YouYube de Ter, 'Soy una pringada' o 'Miare' entre muchas otras. Creo que algo está cambiando y que todas estas chicas están creando un nuevo estereotipo de mujer alejado de convenciones rancias y que tratan de normalizar la sexualidad femenina, pero soy consciente de que no representan el discurso social que mantiene la amplia mayoría de la población adolescente. Es por eso que aunque varios de los capítulos de 'Por trece razones' se me han hecho 'bola' –el tempo es, digamos, complicado–, he continuado hasta el final. Que Selena Gómez estuviera detrás de la producción, que la obra original fuera un best seller adolescente y que Netflix la marcara con su sello, hacía intuir que podría convertirse, como así ha sido, en un fenómeno 'millenial'. Cientos de interpretaciones y comentarios sobre 'Por trece razones' se lanzan cada día a las redes sociales desde su estreno. El tema es que casi me da un 'parraque'.

La crítica a las situaciones de acoso y violencia en la serie no es contundente. Y no queda claro el origen de todo: el machismo

Los estereotipos y comportamientos machistas están demasiado arraigados y justificados por los propios protagonistas aunque alguno de los personajes haga reflexiones interesantes: “¿Qué esperáis de una clase en la que se les dice a los tíos que pueden ser grandes atletas y que nosotras estamos ahí para animarles?”, espeta una de las adolescentes. En la serie, dirigida principalmente a un público juvenil, la crítica a las situaciones de acoso y violencia que se producen no es suficientemente contundente. Ni siquiera queda claro el origen de todo este mal que, en este caso, es el machismo y la misoginia. Vamos por partes.

¿Por qué beatificar a la víctima?

Hay algo que suele chirriarme de las series contemporáneas en las que una chica es víctima de un crimen o acoso. Normalmente nos plantean una situación moralmente cuestionable, aquí es que Hannah Baker hubiera mantenido sexo en la primera cita con un compañero de clase. A continuación, los capítulos van exponiendo que nada de lo que ha causado el mal aconteció en realidad: ni se acostaron ni él introdujo sus dedos, como se podría inferir de la fotografía. Solo se besaron. Lo que deduzco es que la situación de acoso es injusta porque nada de lo que se le acusa ocurrió. ¡Qué absurdo! Si Justin, el pieza en cuestión, la hubiera masturbado, ¿sí hubiera merecido el escarnio público? ¿En 2017 quedan dudas de que no hay nada de malo en que una chica tenga sexo en un primer encuentro? 'Por trece razones' no se posiciona de manera contundente.

'Por trece razones'
'Por trece razones'

Resulta que 'Twin Peaks', que se estrenó hace casi treinta años, es muchísimo más abierta en este sentido. Presenta al personaje de Laura Palmer como una adolescente modélica y a medida que avanza la investigación de su asesinato descubren que se droga, se prostituye y que tiene varias relaciones sentimentales y sexuales cuestionables para el populacho. Nada de esto resta un ápice de sensación de injusticia a la historia: a ojos del espectador Laura Palmer sigue siendo una víctima que no merecía nada de lo que pasó. 'Por trece razones' debería haber sido más rotunda, sobre todo teniendo en cuenta que uno puede encontrar tuits de 'millenials' que afirman que Laura Palmer es una puta. Ni mi abuela hizo una apreciación semejante en su día. Normalizar la sexualidad femenina es imprescindible para que dejen de emplearla como una herramienta de control y un motivo de acoso.

Las chicas necesitan creer a las chicas

Hannah Baker podría haber continuado viviendo. Si ella y sus amigas hubieran sido educadas en 'sororidad' –sentimiento de hermandad entre mujeres equivalente a la fraternidad entre hombres– el desastre no hubiera tenido lugar. Todos los conflictos que presentan se agravan debido a que las jóvenes no son capaces de hacer piña. Esto no tiene nada que ver con creencias populares como que las mujeres son malas entre ellas –presencio peleas de sables diarias de padre y muy señor mío– sino con la forma en que otorgamos valor a las personas. El prestigio, o la popularidad, dependen del valor que concedan los hombres, por eso las mujeres son ignoradas constantemente y puestas en duda con aun más frecuencia.

Con 'sororidad', no habrían llamado puta a Hannah por, supuestamente, hacerle una mamada a Justin, sobre todo porque ellas también las hacen

Con 'sororidad', Jessica, la mejor amiga de Hannah, jamás habría acabado saliendo con Justin, la persona que envió la fotografía. Como consecuencia, el chico termina consintiendo que su amigo Bryce la viole mientras duerme la mona. Con 'sororidad', Courtney no habría lanzado un bulo mayor sobre Hannah para distraer la rumorología de su posible homosexualidad. Con 'sororidad', las chicas no se habrían reído del poema que la protagonista escribió lamentándose de las mismas situaciones machistas que ellas también sufren. Con 'sororidad', no habrían llamado puta a Hannah por, supuestamente, hacerle una mamada a Justin, sobre todo teniendo en cuenta que ellas también las hacen. Con 'sororidad', no habrían puesto en duda la palabra de alguien que asegura haber sido violada.

'Por trece razones'
'Por trece razones'

No tiene nada que ver con guerras de sexos absurdas. Las mujeres no tienen que apoyarse entre ellas solo por ser mujeres, pero sí necesitan superar la falta de credibilidad que arrastra nuestro género. En la serie, no creen el testimonio de Hannah, que asegura haber sido forzada, y los chicos tapan al violador de Jessica sin despeinarse emocionalmente. Esto no es solo ficción, es la representación en la pantalla de un mundo en el que las denuncias falsas no llegan a un 1% y jueces imponen penas de risa a violadores que abandonan chicas detrás de cubos de basura porque temen que un castigo mayor les cause “un severo impacto”.

Se olvidaron de la moraleja

Esta realidad, en la que quienes agreden a las mujeres salen con demasiada frecuencia impunes, es el final de 'Por trece razones'. No hay castigos ni consecuencias para los acosadores. Por si fuera poco, nos enseñan que Justin lleva una vida de mierda que le hace sufrir y llorar muchísimo. ¡El chaval acaba dando pena! Sí, la misma persona que envió la foto y que permitió que violaran a su novia. El guion lo justifica con una familia desestructurada por culpa de –fíjate que no me sorprende– una madre entregada al vicio.

Está muy bien plantear problemas que afectan a los adolescentes y que desgraciadamente son el pan de cada día en los institutos, pero hay que ser más responsable con la manera de plasmarlos. No soy partidaria de mostrar una realidad que no existe, sería absurdo retratar un mundo en el que todos somos iguales y las chicas son idolatradas por follarse a medio instituto como les ocurre a ellos, pero en casi trece horas hay tiempo suficiente para desarrollar los orígenes y las consecuencias de esos conflictos. De otra manera, nuestros adolescentes seguirán pensando que si Hannah Baker, Laura Palmer o su compañera de clase no fueran tan zorras, nada de lo que les aflige hubiera sucedido. Y a seguir viviendo.

Chanquete ha muerto

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