Azkena Rock, por qué los festivales de música rezuman testosterona

PSOE, EH Bildu y la redes sociales critican la falta de mujeres en el festival vasco. Los partidos políticos amenazan con retirar la subvención. A vueltas con la polémica

Foto: The Hellacopters en el Azkena Rock 2016 (EFE)
The Hellacopters en el Azkena Rock 2016 (EFE)
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Soy mujer. Tengo 42 años. Soy manager y promotora en una agencia minúscula formada por tres socias, dos mujeres y un hombre. Trabajamos con tres artistas que no voy a nombrar aquí, dos bandas y una solista. Todas ellas son mujeres.

Dicho esto, voy a opinar sobre la polémica surgida en torno al cartel del Azkena Rock Festival, que se celebra en Vitoria-Gasteiz cada año desde 2002. Hace unos días la promotora del festival, Last Tour, daba por cerrado el cartel de su decimosexta edición haciendo evidente la triste realidad del panorama musical patrio: las mujeres no pintamos nada en la música. Al menos, en lo que a los grandes eventos se refiere. Entre la treintena de artistas que conforman el cartel del Azkena sólo hay un nombre femenino, el de Sally Ann Evans, cantante de Buck and Evans. La noticia llegó a mi conocimiento a través de varios medios musicales que informaban de que el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, por una propuesta impulsada por EH Bildu y recogida por la concejala de Cultura, Estibaliz Canto, del PSOE, había exigido a los promotores del festival una mayor presencia femenina en su cartel a partir de la próxima edición. Es una advertencia seria: el consistorio financia al festival con 270.000 euros de dinero público. Sin duda los promotores acusarán recibo del aviso, ya que está en juego la subvención.

Las mujeres no pintamos nada en la música. Al menos, en lo que a los grandes eventos se refiere

Mi primer pensamiento al leer la noticia fue un “¡Bravo!”. Creo que las instituciones deben velar porque los eventos culturales que reciben dinero público observen unos mínimos de igualdad (entre otros muchos principios éticos que darían para más de lo que pueden abarcar estas líneas). En ese sentido, la actuación del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz me pareció una gran noticia. Sigo leyendo y me entero de que la propuesta de EH Bildu estuvo motivada por el tenso debate que tras el anuncio del cartel se había desatado en la redes sociales. Entonces, ¿no era el criterio de igualdad algo que se había exigido al promotor previamente a la concesión de la subvención? Si las redes sociales no hubieran evidenciado la exagerada desproporcionalidad del cartel, ¿habría tenido lugar la llamada de atención por parte del Ayuntamiento? Duda numero uno.

Cartel del festival
Cartel del festival

Tras hacerse eco de la noticia la prensa musical la tarde del jueves, el tema llegó a los profesionales del sector. Para los legos, he de explicar que no hay nada que nos guste más a los de la industria musical que una buena controversia que nos afecte directamente. Aunque sea a causa de un tema tan lamentable como el profundísimo machismo que habita en todos los ámbitos de nuestra profesión. Nuestro sector y los problemas que nos aquejan son ignorados sistemáticamente por las instituciones, nuestros conocidos piensan que nuestra vida es una fiesta continua, la mayor parte de la gente opina que lo nuestro ni siquiera es trabajo, nuestras madres no saben explicar a sus amigas a qué nos dedicamos. Nada mejor que una agria polémica para sentirnos protagonistas por una tarde.

En este contexto, un único argumento centró todas las opiniones: el Azkena y sus promotores, Last Tour, son el demonio. Es cierto que las respuestas con que trató torpemente de defenderse el director del festival fueron bochornosas: un “es que hay muy pocos grupos de mujeres”, rematado por un “si fuera un festival de pop, sería mucho más fácil”. La primera, falta a la verdad. La segunda es profundamente machista. Escudarse en el prejuicio de que las chicas hacen pop y el rock en cambio es para machotes es simplista y retrógrado. Hay una cosa que no son ambas respuestas: novedosas.

Creo que las instituciones deben velar porque los eventos culturales que reciben dinero público observen unos mínimos de igualdad Todos los días tenemos que escuchar que en los carteles de los festivales hay más hombres que mujeres no a causa del machismo sino, simplemente, porque hay más hombres que mujeres haciendo música. Sí, es cierto. En la música, como en muchos otros ámbitos profesionales, hay muchas menos mujeres que hombres. El de la música, como tantos otros territorios, nos ha sido vetado a las mujeres durante muchos siglos. La incorporación de la mujer al mundo de la música, en lo que se refiere a creadoras, intérpretes, ejecutantes, pero también técnicas, programadoras, managers, es relativamente reciente, es lógico que seamos menos que ellos, que llegaron aquí hace décadas. Pero, desde luego, no es cierto que no haya mujeres haciendo música. Haberlas, hailas.¿Y dónde están las bandas de mujeres para que el director de un gran festival como el Azkena, que sin duda está informado de lo que se cuece en la escena musical, no las vea? Duda número dos.

Hay un lugar en el que las mujeres nunca han tenido espacio: la prensa musical. Mientras escribo esto, echo mano de una revista musical, una cualquiera de las cinco o seis que tengo sobre la mesa. Tras recuperarme de la sorpresa de que aún sobrevivan cinco o seis publicaciones musicales en nuestro país, la abro y la hojeo. Es una cabecera en la que podrían aparecer casi todas las bandas que tocan en el Azkena. En sus páginas encuentro tres mujeres. Una de ellas, forma parte de un grupo junto a cuatro hombres. Las otras dos, comparten la misma página. Todo el resto de la publicación nada en testosterona. Vaya por dios… ¿Tendrá la prensa musical la culpa de que no haya mujeres en los carteles de los festivales? Duda número tres.

No vale callarse por miedo a que no me contraten, no vale no señalar que en tal radio no ha sonado una voz femenina en toda la mañana por miedo a que dejen de pinchar mis discosY ahora, me pregunto: ¿Cómo llegan los artistas a las páginas de las revistas, a las webs, a las radios, a las televisiones? Releo la última línea y borro lo de las televisiones. Todos sabemos que en las televisiones de nuestro país no hay contenidos musicales. Hecha la corrección, me vuelvo a preguntar ¿cómo llegan los artistas a las revistas, webs y radios musicales? Lo sé muy bien. Yo soy jefa de prensa, llevo mis buenos diez años empeñándome en que mis artistas salgan en los papeles. Entonces, la gente como yo, profesionales de la industria musical, managers, jefes de prensa, ¿promociona menos a sus artistas mujeres que a los hombres? Esto no tendría mucho sentido, pero la otra respuesta que se me ocurre me incomoda terriblemente ¿No será que las agencias de representación apostamos menos por las mujeres? Duda número cuatro.

Presa del remordimiento, pienso en mi agencia, a ver… Llevamos a tres artistas. Las tres son mujeres ¡Ufffff! ¡Qué alivio! Me quedo más tranquila. Menos mal, la culpa no es mía. Error número uno.

Es un error poner todo el peso del machismo en la música en un solo promotor. Aunque me encanta que el desigualitario cartel del Azkena se haya puesto en cuestión y me satisface ver que su machismo indigna a mi entorno, os lo tengo que decir, compañeros: no vale indignarse sólo un día. El ‘todos contra uno’ es muy cómodo y muy seguro, pero la conducta hay que afearla cada día y a todo el que lo merezca. El cartel del Azkena tiene un solo nombre de mujer. Pues ya tiene más que otros. A esos, también hay que cuestionarlos. No vale callarse por miedo a que no me contraten, no vale no señalar que en tal radio no ha sonado una voz femenina en toda la mañana por miedo a que dejen de pinchar mis discos. No vale no decirlo. Venga, vamos a decirlo todos. Todos los días. Vamos a a hacer todos ese pequeño esfuerzo por acercarnos a la igualdad.

Tribuna de expertos

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