Zizek en Madrid: ¿por qué vuelve locos a los jóvenes un marxista mayor y neurótico?

Cientos de jóvenes hacen horas de cola para ver una charla del filósofo en Madrid. ¿Cuál es su atractivo?

Foto: Zizek, el pasado jueves, en el Reina Sofía (EFE)
Zizek, el pasado jueves, en el Reina Sofía (EFE)

Cómo explicar la planetaria popularidad de Zizek entre los jóvenes, un tipo mayor, académico, un marxista no reconstruido, que a veces habla un idioma muy técnico y cita unos libros muy complejos y abstractos, y un neurótico perdido, aparentemente, ("loco", dice él mismo).

En este diario recientemente, Alain Badiou comentó que su meta como filósofo era la de ‘corromper a la juventud’. Definió esta tarea como ‘impedir que la juventud vaya por los caminos ya trazados’. La idea de corromper a la juventud evoca, por supuesto, el juicio contra Sócrates en la antigua Atenas. Viendo los cientos y cientos de jóvenes que hicieron cola durante horas para asistir a las conferencias de Slavoj ​Zizek en el Círculo de Bellas Artes y en el Reina Sofía, para acabar sentados otras tres horas en el suelo de la sala (aunque quizás no estuvieron menos incómodos que los que conseguimos un asiento), pensé que, tal vez, el objetivo de Zizek era más que corromper a los jóvenes, hacerles sufrir. Pero bromas aparte, ¿es Zizek capaz de corromper a la juventud para que abra nuevos caminos en el sentido indicado por Badiou? o ¿debemos considerar que Zizek es una moda pasajera? Como la cita más reproducida en el mundo anglosajón sobre Zizek es la que dice que puede considerarse “el Elvis de la teoría cultural”, quizás sería apropiado preguntarnos si Zizek es más Elvis, o Sócrates.

Diré que es verdaderamente notable que tanta gente quiera escuchar en directo a un filósofo contemporáneo, pero no estoy tan seguro que Zizek pueda considerarse como filósofo (no siempre él se ha llamado a sí mismo filósofo). A veces pienso que más bien debe considerarse como un comentarista cultural, que es tan inteligente y brillante que prácticamente no hay ningún campo de la experiencia humana que no sea capaz de analizar, incluso en sus aspectos más abstrusos y complejos. Como uno de los temas de Zizek fue la cuestión, cada vez más urgente, de los procesos políticos, un oyente no informado podría pensar que Zizek es periodista (aunque sea un periodista altamente intelectual). Dado, sin embargo, que sus observaciones cuasi-periodísticas no fueron, hay que reconocerlo, ni especialmente interesantes ni originales (comentó que de Donald Trump es lo que se tiene cuando se elimina a Bernie Sanders; o que los verdaderos utópicos hoy en día son los que siguen creyendo en el sistema …), probablemente estas observaciones no pueden explicar su extraordinaria popularidad. Por tanto, ¿qué más nos ofrece Zizek?

¿Es Zizek capaz de corromper a la juventud para que abra nuevos caminos en el sentido indicado por Badiou?Una cosa que la gente aprecia en Zizek​ son sus bromas. No es casualidad que la editorial londinense Verso haya editado un libro que se titula ‘Las bromas de Zizek. ¿Cuántos intelectuales son capaces de sacar tanto rendimiento y poder explicativo a las bromas como él? Cuando ves a Zizek​ en persona a veces tienes la sensación de estar viendo un cómico, en vez de un académico. No obstante, creo que esto tampoco es el factor decisivo de su popularidad entre los jóvenes. Después de todo, tiene las costumbre de repetir las mismas bromas una y otra vez. El monólogo no es como la música popular. Poca gente pagaría para ver a un cómico repetir sus viejos chistes. Por el contrario en la música popular muchos pagarían por no escuchar las nuevas composiciones y sí por escuchar una y otra vez los viejos repertorios.

Otra particularidad de Zizek son sus referencias innumerables a la cultura popular. Si es cierto que Zizek es un filósofo, es un filósofo que practica una filosofía muy accesible, una filosofía para las masas. Cuando hace comentarios, por ejemplo, como que le gustaría rehacer 'La guerra de las galaxias' y cambiar los malos por los buenos – retratar a Palpatine y Darth Vader como buenos líderes republicanos que no obstante tienen que tomar decisiones políticas difíciles para poder derrotar a los reaccionarios primitivistas que son Luke Skywalker y la Princesa Leia - demuestra un toque popular que no suele producirse en el sofisticado mundo académico y la audiencia respira aliviada pues les facilita la comprensión de los problemas planteados. Pero tampoco esto parece ser decisivo para su popularidad. Es dudoso que podamos encontrar a los fanboys del fenómeno 'Star Wars' entre su audiencia.

Zizek nunca ha abandonado la posibilidad de hacer algo radicalmente nuevo en la política, incluyendo un nuevo proceso revolucionarioPues bien, si dejamos a un lado sus bromas y sus referencias populares, sus comentarios y su cuasi-periodismo, parece que lo más interesante y atrayente del discurso de Zizek, la esencia, es, en realidad, su radicalidad. Zizek es un pensador que nunca ha abandonado la posibilidad de hacer algo radicalmente nuevo en la política, incluyendo un nuevo proceso revolucionario. De hecho, está fascinado por la historia del marxismo revolucionario, valga la redundancia, y simpatiza en gran parte con él. No sé si Zizek – como él mismo insinúa constantemente – puede calificarse de estalinista (esto probablemente debe entenderse como una de sus ironías) pero seguramente es leninista. De ahí su incomodidad con el tema de su primera conferencia, al que dedicó cinco minutos de las tres horas que duró, de que lo más urgente en la política de hoy es resucitar el socialismo burocrático. Se ve que el objetivo de Zizek era criticar el socialismo liberacionista cuasi-anarquista lo que, en realidad, es una parte relativamente trivial de su proyecto general, que promueve la reinvención de la revolución política.

La otra parte más radical de su pensamiento es el psicoanálisis, que es divertido discutir en sí mismo en un foro público, por un lado, porque también da pie a buenas bromas (por eso Freud escribió un libro importante sobre el humor) y, por otro lado, porque la temática fundamental del psicoanálisis es la parte obscena del ser humano. La radicalidad del psicoanálisis, como se ha observado muchas veces (Louis Althusser es una referencia clave en este aspecto), es paralela a la del propio marxismo porque, de la misma manera que el marxismo trata de la división absoluta del cuerpo social, el psicoanálisis trata de la división irreductible de la psique humana (entre la parte consciente y la parte inconsciente).

Creo que es esta radicalidad doble, la que explica sobre todo la popularidad de Zizek entre los jóvenes (espero no parecer condescendiente al usar esta palabra): parece que la lucha hoy en día no sólo está planteada entre clases sociales sino también entre generaciones.

En fin ¿Cómo es posible que alguien como Zizek, que ya tiene 68 años entusiasme a la parte más joven de la izquierda contemporánea? Ha pasado lo mismo que con otros pensadores lacanianos de la política: Badiou (80) y Laclau (que murió hace 3 años, con 78). Me parece que esto refleja un cierto ‘bloque hegemónico’ que ha surgido en los últimos años entre gente de la antigua generación, que nunca renegó de sus compromisos políticos radicales, y jóvenes que ahora quieren ver un cambio social importante. Otros ejemplos pueden ser los de Jeremy Corbyn en Inglaterra, Bernie Sanders en los Estados Unidos y, quizás, Manuela Carmena en Madrid.

La deducción obvia que podemos hacer de todo esto es que la generación intermedia (en términos de edad) – los socialistas de la tercera vía, etc. – aparecen de nuevo como una generación perdida, en términos políticos. Son gente que abandonaron no sólo la posibilidad de los milagros políticos sino también la propia idea de un cambio social significativo. Al hacerlo, me parece que se autodefinieron como una generación laguna. En este sentido, una de las muchas cosas que mostraron las conferencias de Zizek es que la historia ha vuelto. Para un miembro renegado de la generación laguna, es muy conmovedor verlo en primera persona.

Quizás puede concluirse, entonces, que Zizek sí podría ser capaz de corromper a la juventud, en el mejor de los sentidos: que es más Sócrates que Elvis. Ojalá lo hiciera, como el propio Badiou (que es el gran héroe intelectual de Zizek), excluyendo la parte menos interesante y más inútil de su discurso: su cuasi-periodismo y aquellos teoremas que amenazan con socavar su proyecto teórico-filosófico en su conjunto (aunque quizás no debería prescindir de sus bromas y sus referencias a La guerra de las galaxias). Así animaría a los jóvenes a abrir nuevos caminos.


Timothy Appleton es Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense, y estudió retórica política en la Universidad de Essex, Inglaterra, con Ernesto Laclau

Tribuna de expertos

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