Del empujón a Robinson (al grito de "polaco de mierda") a la pelea de padres

Aunque desgraciadamente la violencia no es nueva en el fútbol, la radicalización de los medios la fomenta, tanto o más como el pésimo ejemplo que los padres dan a sus hijos

Foto: Imagen de la pelea entre padres durante el Alaró-Collerense de Infantiles.
Imagen de la pelea entre padres durante el Alaró-Collerense de Infantiles.

"Un señor vino, me empujó y me gritó: '¿Tú qué has dicho? ¡Que vais por ahí robando!'". Así narra Michael Robinson lo que le sucedió tras el reciente FC Barcelona-Paris Saint-Germain de Champions, el cual en España fue más comentado por la (mala) actuación arbitral que por la gesta de los catalanes (quizás esta sea la cuestión), capaces de ganar in extremis 6-1 y remontar así el 4-0 de París. Claro que tres días más tarde, concretamente después del Real Madrid-Betis de Liga, el mismo Robinson cuenta que "iba por la Gran Vía de Madrid y un señor me gritó ¡polaco de mierda!". "En Madrid estoy visto como un culé y en Barcelona como un merengue", lamenta el comentarista habitual de los partidos que ofrece Movistar+.

"Nunca había estado acusado de matar a Manolete sin haber comentado ni estado cerca el partido del Camp Nou", añadió Robinson en los micrófonos de 'El Larguero' y en referencia al hecho de que él ni siquiera presenciara en directo el citado partido del Barça. "A mí me han puesto a parir desde los 17 años cuando jugaba, pero esta vez es que la gente me hablaba con ira, como si yo fuera Luis Suárez o el árbitro", confesó el que fuera delantero de Osasuna.

Pues bien, sirva el testimonio de Michael Robinson para poner en contexto lo sucedido este domingo en un partido de Infantiles entre los equipos mallorquines del Alaró y el Collerense. Aunque habrá quien piense que ambos sucesos no guardan relación, basta con pararse un poco a pensar para darse cuenta de que lo uno lleva a lo otro y que lo más triste de todo es que el fútbol sigue siendo un punto de encuentro cuando de violencia se trata. Así, el citado partido se convirtió en noticia por la pelea protagonizada por los padres de unos chavales de entre 12 y 13 años que difícilmente olvidarán lo sucedido, sobre todo porque, paradójicamente, ocurrió el Día del Padre...

"En el minuto 60 decidí suspender el encuentro por los siguientes motivos", se puede leer en el acta arbitral. "Estando el balón detenido para realizar un saque de puerta a favor del equipo local, escuché a varios jugadores que gritaban: 'Árbitro, árbitro, mira lo que pasa detrás de ti'. Al girarme pude observar cómo el jugador número 11 del Alaró corría detrás de un adversario, al mismo tiempo que le lanzaba patadas del forma violenta, llegando a impactar varias de ellas en el adversario. Al ver esto, los padres del equipo visitante, acomodados en la grada cubierta del campo, entraron hasta el centro del terreno de juego, creo que para proteger a su jugador. Entonces, los padres del equipo local hicieron lo mismo y debido a ello se lió una batalla campal muy violenta delante de los niños".

Gritos, insultos, puñetazos, patadas... La pelea no sólo provocó la suspensión del partido, sino que acabó con varios heridos de consideración que fueron atendidos en centros médicos, así como denuncias ante la Guardia Civil. Concretamente, tres fueron interpuestas por parte del UD Collerense y otras cuatro por parte del UD Alaró, dos de ellas referidas a partes de lesiones de dos niños causadas por la pelea. Lamentable.

"Esa gente no tiene derecho a estar en un recinto deportivo; le han hecho un daño enorme a la comunidad, a sus hijos y al fútbol", declaró el presidente de la Federación de Fútbol de les Illes Balears (FFIB), Miquel Bestard, quien, sin embargo, habló de "hechos aislados", lo cual no es cierto pues en la jornada anterior hubo dos agresiones a colegiados, una en Llucmajor y otra en Eivissa. Además, cabe destacar que, tal y como reflejó el árbitro del partido de Infantiles, antes de la pelea, el entrenador del Alaró había sido expulsado y cuatro jugadores fueron amonestados, uno de ellos incluso expulsado. Una entrada temeraria, protestar una decisión arbitrar, decirle al colegiado "pero qué putas pitas" y dirigirse a él diciéndole "eres más malo que la peste", lo cual tampoco pueden considerarse hechos aislados...

Si como padre de un niño de la edad de los del partido de Baleares se hace difícil presenciar -y no digamos ya protagonizar- una pelea como la del Alaró-Collerense, como periodista no hay adjetivos suficientes para calificar unas imágenes que, gracias a haber sido grabadas, difundidas y hacerse virales en las redes sociales, deben servir para concienciar sobre cómo una vez más el fútbol es utilizado como una escuela de ultras más que de deportistas. Generalmente, los padres más agresivos, ya sea con el árbitro, con el entrenador o con los niños -tanto los ajenos como los propios-, suelen ser los que menos saben de fútbol, de ahí que ni aprecien el juego, lo realmente importante a estas edades, ni valoren el verdadero sentido del fútbol de formación, más allás de los goles y los resultados que, por supuesto, a todos les gusta celebrar.

Cuando un padre lleva a su hijo -o hija- a una escuela o un club de fútbol, se supone que lo que pretende con ello es, además de que el niño -o la niña- se divierta haciendo lo que le gusta, de paso aprenda y compita, aunque siempre desde el respeto a las normas, al entrenador, al árbitro, a los rivales y, por supuesto, a los compañeros. Sí, aunque desde el ámbito profesional se fomente el individualismo con premios y reconocimientos que solo deforman aún más los egos, el fútbol es, guste o no, un deporte colectivo. Y en el caso del fútbol de formación, con más razón si cabe.

"Me da la sensación de que los periódicos y programas dicen lo que el forofo quiere escuchar y piensan en quién son los que leen o compran el periódico". Esta fue la conclusión a la que llegó Robinson. Y no le falta razón a Michael. Se empieza por llamar "polaco de mierda" a un comentarista de televisión y se termina saltando al campo a pegarse con otros padres en un partido de Infantiles. El problema es claramente de educación, sí, aunque tampoco estaría de más que desde los medios de comunicación se le diera más importancia al juego y menos, por ejemplo, a los árbitros, por no hablar de los resultados, aunque esto es más complicado, por no decir imposible.

A mi bola

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