"Hay que honrar a las leyendas". Así se preparó el insólito homenaje a Felipe Reyes

A cuatro minutos y medio para el final del Real Madrid-FC Barcelona, Felipe Reyes batió el récord histórico de rebotes en la ACB y el partido se paró. "Se me pone la piel de gallina”, dijo

Foto: Felipe Reyes posa con su familia durante el Real Madrid-FC Barcelona Lassa tras batir el récord de triples de la ACB (ACB Photo/Víctor Carretero)
Felipe Reyes posa con su familia durante el Real Madrid-FC Barcelona Lassa tras batir el récord de triples de la ACB (ACB Photo/Víctor Carretero)

La imagen más llamativa del Real Madrid-FC Barcelona Lassa de este domingo no fue la canasta ganadora de Sergio Llull, algo que se ya está convirtiendo en una constumbre, sino el homenaje que recibió Felipe Reyes por convertirse en el máximo reboteador de la historia de la ACB. Con los tres rebotes que cogió contra el Barça, el pívot madridista suma 4.293, uno más que Granger Hall, que tenía el récord desde 1998. Lo curioso es que el reconocimiento no se produjo ni antes ni después del partido, tampoco en el descanso ni en un tiempo muerto: fue a 4:33 para el final, con 65-62 en el marcador.

"Escuchando a los aficionados se me pone la piel de gallina. Es un día muy feliz para mí. Estoy feliz por mí, por los aficionados, por mi familia, por todo. Lo valoro muchísimo porque sé que es algo muy difícil llegar a ser el mejor en un aspecto como el rebote, con los grandes jugadores que han pasado por la Liga Endesa", dijo Reyes a '#0' después del encuentro.

Lo que se vivió en el WiZink Center fue extraño, al menos en el baloncesto español. Tras capturar el rebote en ataque y recibir la falta, el partido se paró para que Reyes se llevara la ovación de los aficionados. Pero no acabó ahí el homenaje, porque salió al parqué toda su familia (su mujer, madre, sus hermanos, sus sobrinos y sus dos hijos, incluido el recién nacido Axel) para entregarle un cuadro y una camiseta conmemorativas y fotografiarse junto a él. La imagen, en medio de un partido tan importante y con todo en juego, fue cuando menos sorprendente.

"Hay que honrar a las leyendas. Es algo que tenemos claro la liga y los clubes", señala a El Confidencial Pablo Malo de Molina, director de comunicación de la ACB. En la NBA, mucho más consciente de su propia condición de espectáculo, es algo más habitual que un partido se detenga para homenajear a un jugador, pero aquí todavía sigue siendo algo chocante.

Aunque a un nivel más modesto que lo visto este domingo, en la ACB ya había habido algún homenaje similar. En 2003, Alberto Herreros se convirtió en el máximo anotador de la historia de la competición y recibió un cuadro de manos de su hijo; en 2013, Juan Carlos Navarro alcanzó los 1.000 triples y sus hijas saltaron al parqué con un balón para felicitarlo; y el año pasado, Fran Vázquez batió el récord de tapones y el partido se paró para que el Martín Carpena se lo reconociera con una ovación.

En el caso de Felipe Reyes, Todo estaba preparado desde hace un mes, cuando el Madrid jugó en Málaga contra el Unicaja. "Teníamos un protocolo pactado con el Real Madrid y cada uno de los rivales con los que se ha ido enfrentando en las últimas semanas. No habría sido igual si lo hubiera conseguido fuera, por cuestiones lógicas como la familia, pero sí era algo que estaba acordado", explica Malo de Molina. "Si no va a gustar al equipo o al jugador, no tendría ningún sentido hacerlo. El Madrid estaba de acuerdo en que merecía la pena y hablamos con el entorno cercano al jugador para hacer algo que le gustara".

El rebote con el que Felipe Reyes batió el récord histórico de la ACB (V. Carretero/ACB Photo)
El rebote con el que Felipe Reyes batió el récord histórico de la ACB (V. Carretero/ACB Photo)

En la rueda de prensa posterior le preguntaron a Pablo Laso por el hecho de que se hubiera parado el partido y, además de reconocer que vio nada porque estaba pendiente del partido, dijo que le pareció bien. Consideró "bueno para la competición" que eso ocurra "porque da valor a los jugadores que la hacen crecer día a día". El reconocimiento, que llegó a 4:33 para el final, no se podría haber hecho en cualquier momento: había un límite. "Se había marcado los dos últmos minutos de un partido igualado, considerando igualado cinco o menos puntos de diferencia. Ahí no se hubiera hecho. A 1:57 del final del partido, con el resultado como iba, no se hubiese parado", explica el director de comunicación de la ACB.

¿Y si en vez de en Madrid hubiera sido en Barcelona? "Se habría parado un momento, se habría dado un aplauso y habría seguido el juego", dice Malo de Molina, que apuesta por seguir haciéndolo en el futuro. "Si Navarro sigue jugando siete años más y bate tres récord con el Barça, lo haremos todas las veces necesarias".

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