El Kun Agüero, otro 'caso Eto'o' para Guardiola

Públicamente el argentino se ha mostrado conciliador pero en privado no admite que un recién llegado, un chico de 19 años, le levante el puesto. Una cuestión de 'feeling' con Pep

Foto: Pep Guardiola, junto al Kun Agüero, durante un partido del Manchester City. (REUTERS)
Pep Guardiola, junto al Kun Agüero, durante un partido del Manchester City. (REUTERS)

Mayo de 2012. Estadio Ciudad de Manchester. Última jornada de la Premier League. El City solo empata a dos ante el Queens Park Rangers londinense. El trofeo, irremediablemente, camina en dirección a Old Trafford, a la vitrina del eterno enemigo de la misma ciudad. En la grada y en el césped se vive con angustia un frenético descuento. Entonces, aparece Sergio Agüero. ¡Gol! El equipo gana. El título será gobernado por los ‘ciudadanos’ 44 años después. El tanto del argentino penetra en la historia de una entidad sujetada en el petrodólar. El Kun es y será ídolo para siempre. Es leyenda.

Enero de 2017. Restaurante de Manchester. Tiempo de cena. Dos comensales se sientan en la misma mesa. Uno intenta ganarse la confianza del otro, pero no existen demasiados elementos que los unan. Queda lo más duro de la temporada y para la posición de delantero centro ha aterrizado un refuerzo de alta gama. Comparten mantel Guardiola y la leyenda de hace casi cinco años. Uno evita repetir secuencias ya vividas. El otro se siente amenazado. En la charla, se aviva la comparación con el mejor jugador del mundo. Pero el compatriota del astro se lo deja claro al entrenador: “Messi sólo hay uno”.

Pep Guardiola decidió aceptar el reto de dirigir en Inglaterra para sacarse una espina como profesional. Como futbolista nunca jugó en el campeonato británico y la circunstancia de trabajar en el Reino Unido le seducía. Además, pese a contar con considerables propuestas de otros clubes, terminó aceptando la de los ‘citizens’ casi por obligación, casi porque se la ‘debía’ a su amigo Begiristain -había rechazado la oferta cuando se decantó por el Bayern-. Al frente del Manchester City, impuso unas reglas de convivencia que impresionaron a más de uno en la caseta. Comentado fue la disciplina en lo alimenticio. Se prohibieron la ingesta de algunos zumos y la comida pesada. El peso resultaba parte fundamental en el adiestramiento del jugador. Si la báscula te señalaba por encima de lo establecido, no te calzabas ni las botas para entrenar. Y el Kun, así se observó en algunas fotografías que le delataron, arrancó la pretemporada con problemas de exceso de peso tras las vacaciones.

Sergio Agüero, sin embargo, se vio en la obligación de presentarse inopinadamente en Inglaterra tras la negativa del Atlético de venderlo al Real Madrid. En la primavera previa a su fichaje por el City, el argentino echó un pulso al gobierno rojiblanco. Pero le salió mal. El error provocó que se rompiese el idilio que mantenía con la nobleza atlética…y con el graderío. Se filtró interesadamente desde la entidad los deseos de vestirse de blanco del delantero lo que motivó la caída del ídolo. Con un acuerdo cerrado con Florentino Pérez, el Atleti abortó la operación negándose a negociar en los despachos de Concha Espina. Rota la relación fraternal, sólo quedaba encontrar club para forzar el traspaso. Apareció el City para solventar el problema porque la continuidad en el Manzanares era insostenible. El propio Agüero rogó a la dirigencia seguir de rojiblanco y disculparse. No hubo ni perdón ni consuelo. Salió por menos dinero de lo que fijaba su cláusula de rescisión.

La llegada de Gabriel Jesús, el atacante brasileño fichado el pasado verano pero incorporado con el nuevo año, ha soliviantado el ecosistema de Agüero. Durante las fechas navideñas, la tentación china llamó a su puerta. Manuel Pellegrini, con quien coincidió en Manchester, trató de convencerlo para emprender la aventura asiática. Pero en la mente del chico está más en volver a Independiente, en Argentina, que llenarse más el bolsillo. Lo que no entraba en sus planes era la suplencia. Kun entiende que los números cosechados con Guardiola son más que suficientes como para evitar el banquillo. Y si es por cifras, éstas son rotundas: el argentino acumula 18 goles en 26 partidos oficiales, 11 de los mismos en la Premier. Con 28 años, se encuentra en un momento crucial de su carrera deportiva, demasiado pronto como para admitir que toca recostar las posaderas en la silla de los cambios.

Gabriel Jesús celebra el gol de la victoria del City ante el Swansea. (REUTERS)
Gabriel Jesús celebra el gol de la victoria del City ante el Swansea. (REUTERS)

Pero Guardiola quiere más. La competencia debe ser el mayor acicate para Agüero. Sólo falta que el argentino no lo entienda como una intrusión en los galones que ha ido granjeándose en los últimos cinco años y medio. Para el técnico, existe un antes y un después con el jugador tras lo acontecido ante el Chelsea. Aquella expulsión innecesaria provocó un profundo disgusto en Pep que lo dejó en el banquillo en el siguiente compromiso de Champions ante el Celtic. Aquella dura entrada a David Luiz -el Kun fue castigado con cuatro encuentros de suspensión- ha terminado desenganchando al argentino que acumula dos goles en los últimos siete partidos. Por eso, el técnico quiso apretar las tuercas de su pupilo y tratar de recuperar un buen ‘feeling’ para el tramo final de la temporada. El entrenador catalán conocedor de que la nueva competencia les puede separar pretende evitar esta amenaza.

Estos cuatro meses que restan de curso serán claves en el futuro de Agüero en el City. Si la relación con el entrenador se enturbia, a nadie sorprenderá que sea el propio Guardiola quien asuma públicamente la venta. Ya lo hizo cuando llegó al Barça con Ronaldinho y Deco. Y repitió con Eto'o, entonces y después, al reconocer que el africano se debía marchar por “una cuestión de ‘feeling’. No hay razones futbolísticas, ni de comportamiento porque no estoy aquí para cambiar su carácter o el de todos los jugadores”, dijo en su momento.

Y el Kun, si sigue rascando banquillo, no estará satisfecho con la decisión y el buen entendimiento será inviable. Si públicamente Agüero se ha mostrado conciliador, privadamente no admite que un recién llegado, un chico de 19 años, le levante el puesto. Así las cosas, con horizontes poderosos para el delantero -París Saint Germain, incluso quien sabe si Florentino Pérez volverá a intentarlo- se presumen unos meses complicados de convivencia en la caseta. Y es que ya se sabe, el hombre vuelve a tropezar en la misma piedra, en una piedra llamada ‘feeling’.

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