Keylor Navas, una vida en la diana del Real Madrid bajo la dictadura de De Gea

Después de una temporada en la que ha generado muchas dudas entre los palos, el costarricense está acabando de maravilla y plantea una duda: ¿hace falta cambiar de portero?

Foto: Keylor Navas está acabando la temporada en fantásticas condiciones. (Reuters)
Keylor Navas está acabando la temporada en fantásticas condiciones. (Reuters)

Mientras José Mourinho lo tiene claro y lo ha dejado meridiano —David De Gea no volverá a jugar más con el Manchester United en este curso y con una final de por medio—, el ático y la propaganda madridista presentan dudas avalados en el formidable rendimiento ofrecido últimamente por el actual guardameta titular del equipo. Si Florentino no sabe cómo sacarse la espina del espantoso ridículo que sufrió la entidad el 31 de agosto de 2015, la opinión de Zidane —que confía en Keylor— y el buen hacer de Navas ha provocado un debate interno sobre qué acometer. Sin embargo, todo está preparado para el desembarco del meta internacional español. De Gea quiere volver a la Liga y el Real Madrid lo acoge con gusto. No obstante, algunas voces internas del club estiman que el tiempo de Keylor no debe caducar. Tras tres temporadas viviendo en la diana, se encuentra en su mejor momento deportivo. Con 30 años y con contrato hasta junio de 2020, el costarricense se ha hecho más fuerte.

Resultó un fichaje sorpresa pese a realizar un extraordinario Mundial’14 en Brasil donde peleó por el guante de oro. El Madrid negoció para evitar la cláusula pero el precio acabó siendo el mismo que figuraba como ruptura de contrato —diez millones de euros—. Florentino firmaba al guardameta del Levante para ir oscureciendo poco a poco a Casillas. En esa difícil transición en que se convirtió relevar al mítico arquero de Móstoles, se apostó por la templanza y la discreción de un portero que se había destapado en un club modesto. A la entidad, le venía bien, en su empeño por la globalización, la nacionalidad del nuevo fichaje: el Madrid se instalaba también en Centroamérica. Pero la vida de Keylor en el club ha sido un camino de espinas. Si nada más llegar le tocó lidiar con el objetivo de desbancar a Iker, lo acontecido en un frenético día de fin de mercado rozó el vodevil: me subo al avión privado, me bajo, vuelvo a Valdebebas, ahora ceno con Benítez que dice que sigo de blanco…

España ganó el Mundial en Sudáfrica y Navas aterrizó en pleno centro de la piel de toro: en La Mancha. Conejo, aquel portero que emocionó bajo la disciplina del teórico Benito Floro, le había abierto las puertas de Europa recomendándolo al Albacete. Llegó de puntillas a la Segunda división, para terminar descendiendo de categoría antes de ser cedido al Levante. Tras la primera fallida estación, se ganó la confianza de la entidad blaugrana desde la modestia y desde el banquillo. El salto al Real Madrid se entendió como la progresión natural de un cancerbero cada vez más convincente. Una estancia, en Chamartín, salpicada por la melancolía de Casillas, por la paciencia de un samaritano ocupando el banquillo esperando el relevo, por las dudas generadas en sus primeras actuaciones, por vivir en el alambre, por estar permanentemente en la diana, por el interminable tiempo buscándole sustituto, por no sentirse respaldado por el ático, por anticiparse a jugar sin estar recuperado, por sólo arroparse con el cariño familiar y con su creencia religiosa.

Sergio Ramos ha sido un apoyo fundamental para el cancerbero. (Reuters)
Sergio Ramos ha sido un apoyo fundamental para el cancerbero. (Reuters)

Sergio Ramos, su ángel custodio en la caseta, fue el primero que sacó la cara por el compañero tanto dentro como fuera del camerino. Habían comenzado las dudas y las voces críticas señalaban al ‘tico’ como alguien poco recomendable para defender la portería del Real Madrid. Después le tocó a Zidane avalar la candidatura del guardameta. Recordada es aquella sentencia del entrenador galo en Sevilla. Su dictamen sonó a definitivo y restañó la herida abierta: “Hicimos 40 partidos sin perder y si no me equivoco Keylor era el portero en todos”. Y es que Navas encadenó esa noche en el Pizjuán varios errores gruesos que lo habían retratado. Pero todo arrancaba mucho antes, desde la operación para desterrar las permanentes molestias crónicas que sufría en el tendón de Aquiles del pie izquierdo. Durante todo el curso trató de frenarlas con un tratamiento conservador que no ofreció un óptimo resultado. La cirugía era la solución. Así que mientras la plantilla sudaba la gota gorda en la gira norteamericana, Keylor trabajaba en solitario para restablecerse y recortar plazos. Ese largo tiempo de baja provocó inesperadamente en él una inseguridad no antes mostrada. Se sentía descolocado bajo los palos, ofrecía dudas a la hora de moverse por el área y se equivocaba en la toma de decisiones. Se le veía encogido para defender una demarcación con tanto foco. No se sentía cómodo durante la semana, no rendía bien el día del partido. Precipitó la reaparición y lo pagó.

Keylor se refugió en sí mismo y en su familia y entorno más cercano. Hombre con una profunda creencia religiosa decidió salir hacia adelante con fe y trabajo. No había más medicina tras recuperar sensaciones. En silencio, como toda su vida, peleó por revertir una situación que a día de hoy es más que saludable, tanto que aparecen las dudas sobre si es conveniente dejar marchar al portero centroamericano. El tiempo de dictadura que lo acompaña desde que aterrizó en Concha Espina parece que tocará a su fin este verano. Navas debe elegir el mejor destino, pero nadie olvide que cuenta con el aval del entrenador y de la caseta, arrancando por el capitán. Florentino lo tiene claro: hay que fichar guardameta. Pero si Keylor pasa por ser la figura en Cardiff generará aún más dudas entre la opinión pública. El ‘tico’ se agarra a la Liga, como se agarró a España tras llegar con humildad vía Albacete. A fe y a trabajo, a éste, lo ganan pocos.

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