¿Puede Federer volver a ser número 1?

A sus casi 36 años, Federer ha ganado 12 de 13 encuentros esta temporada y puede volver a encabezar el ATP World Tour. Si lo consigue, batirá algo más que un récord

Foto: Roger Federer tras ganar en Indian Wells. (EFE)
Roger Federer tras ganar en Indian Wells. (EFE)

Roger Federer levanta los brazos y todo el entorno retrocede en el tiempo. Por un momento, la situación parece corresponder a una década atrás. El suizo asalta los mayores torneos con una frescura asombrosa, soltando con una convicción permanente el revés, un flanco históricamente atacado, tomando la pelota pronto, dando a su juego directo un carácter más que vertiginoso y mostrando una marcha de piernas marchan atípica en jugadores de 36 años, una edad más común entre perfiles decadentes o ya en época de retiro.

Tras asegurar en Melbourne e Indian Wells los dos primeros grandes torneos del año, el suizo encabeza la Race, la lista que tiene en cuenta los resultados del año en curso. Federer asoma un puntaje casi inmejorable a estas alturas de temporada (3.045 unidades). Lo importante, buscando la carrera a medio plazo de 11 meses que marca el curso deportivo, es la brecha abierta con sus rivales históricos por la cabeza del circuito: dobla en puntos a Rafael Nadal, segundo clasificado con 1.635 puntos, y deja a una distancia abismal al británico Andy Murray (840) y al serbio Novak Djokovic (475). Es decir, con apenas una cuarta parte del curso ya en las manos, el helvético tiene una brecha a su favor ante sus mayores enemigos que ronda, y en casos supera, las 2.000 unidades (equivalentes a ganar todo un Grand Slam). No es una casualidad, son palabras mayores arrancadas ya unas cuantas hojas del calendario.

El propio Andy Murray, que es el vigente número 1 en el ranking ATP, la clasificación que tiene en cuenta los resultados de las últimas 52 semanas, el verdadero baremo de regularidad y vigencia al frente del deporte, indicó sin embargo que la clasificación a la que más atención presta es la Race de temporada. Ésa en la que el británico, tras los tempraneros traspiés en los dos grandes torneos del inicio de la temporada (Australia y California), ocupa el décimo puesto a más de 2.000 puntos del suizo Federer, que encabeza el pelotón.

Federer, durante la final contra Nadal en Australia. (EFE)
Federer, durante la final contra Nadal en Australia. (EFE)

Federer, contra el tiempo y la historia

Para un coleccionista de marcas, la temporada 2017 puede ofrecer los registros más espectaculares de su trayectoria. Y hablamos del hombre más laureado de todos los tiempos de un deporte más que centenario. Ser el número 1 al cierre del año (Ivan Lendl, 29 años y 299 días) o simplemente llegar a tocar el primer puesto del ATP World Tour (Andre Agassi, 33 años y 131 días), serían marcas destrozadas por un hombre que ya camina sobre las 35 primaveras y que despedirá 2017 montado en las 36. Una diferencia temporal respecto a sus predecesores que pone en perspectiva la magnitud del reto a plantear. No sería batir un récord, hablaríamos de algo completamente diferente. Se trataría de situar la prevalencia competitiva en una nueva dimensión. Y de hacerlo en una época de absoluto profesionalismo, donde los avances tecnológicos y la globalización del deporte han elevado el nivel medio del circuito.

Ni siquiera sería necesario situar el listón tan alto para convertir la fortaleza de Federer es un fenómeno sin precedente en el tenis. Si logra terminar la temporada entre los cinco mejores, y está demostrando condiciones para convivir en ese grupo (ya es el número 6 mundial pese a no haber competido durante la segunda mitad de 2016), sellaría un logro asombroso. Únicamente el australiano Rod Laver firmó algo similar en 1974, cuando culminó el curso en el Top 5 con 36 años y 4 meses. Precisamente la edad que tendría el suizo, nacido el 8 de agosto de 1981, al cierre de la temporada 2017. Es algo más que Federer contra el tiempo, es Roger peleando contra una marca vigente desde hace 43 años, algo que ningún contemporáneo pudo siquiera rozar.

Terminar el año en esa posición de cabeza exige un rendimiento muy superior al de hacerlo durante dos meses, pero las muestras de fuerza de Federer son múltiples en 2017. Ha demostrado volver a estar capacitado para pelear por todo: ha vuelto a levantar un Grand Slam (un objetivo adverso desde la temporada 2012, cortando una sequía cercana a los cinco años en los torneos más prestigiosos del deporte), ha refrendado su ascenso coronando Indian Wells semanas después de su hazaña australiana (llegando a la primavera con la altura de vuelo intacta), y ha dado un sentido vertiginoso al inicio de temporada, firmando un 6-0 ante rivales del Top 10 (algo inédito desde la temporada 2004, campaña en que enlazaría hasta 18 triunfos ante perfiles situados entre los 10 mejores para cerrar el curso como número 1 por primera vez en su trayectoria). Si a juego directo Roger es un jugador inalcanzable incluso camino de los 36 años, el arranque de 2017 es una línea recta en manos del suizo.

Del dique seco al éxito en 12 meses

Es cierto que en este tramo no ha enfrentado a Novak Djokovic ni a Andy Murray, los dos últimos jugadores que alcanzaron fase de dominio en el circuito, pero no lo hizo precisamente por el momento vacilante que atraviesan ambos, eliminados en rondas tempranas en Melbourne, apartados de la pelea por la copa en Indian Wells y ausentes en el Masters 1000 de Miami que se disputa durante esta quincena.

En estos momentos la situación es la siguiente: un jugador que llevaba seis meses en el dique seco (Roger dio por terminada su temporada 2016 tras pisar las semifinales de Wimbledon, siguiendo el consejo médico de dar descanso al cuerpo y a una rodilla intervenida previamente) ha regresado con capacidad de optar a la victoria en cada partido. El de Basilea ha logrado vencer en 12 de los primeros 13 encuentros de la temporada. Para alcanzar el número 1 del ránking, una posición que conoce mejor que nadie con 327 semanas al frente de la lista, el récord absoluto en la historia del deporte, el requisito está claro: competir al máximo nivel en los máximos escenarios durante una temporada completa.

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El horizonte para Roger no podría ser más cristalino y es ventana abierta al ascenso si evita los problemas físicos: en 2016 no disputó Indian Wells ni Miami (acaba de ganar el primero y se dispone a disputar el segundo), firmó una temporada de tierra mínima (ausente en Madrid y en Roland Garros, dos de las cuatro grandes citas de la arcilla) y aparcó el cuerpo tras Wimbledon (renunciando a cuatro Masters 1000, un Grand Slam y la Copa de Maestros en la segunda parte de curso). Siendo sus victorias un sinónimo de puntos para el ranking, es un Federer en plena forma rodeado de grandes eventos con capacidad de suma cada mes hasta el cierre del año.

Para una carrera escrita en letras de oro, ¿quedan algunos de los pasajes más memorables todavía en el tintero?

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