José M. de la Viña

APUNTES DE ENERCONOMÍA

La tecnología más duradera

28/06/2012
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El convoy fue un invento español parido ex profeso para dejar con un palmo de narices al arrogante, pero a menudo flojo, adversario. La mayoría de los buques que se perdieron en época de nuestro imperio lo fueron a causa de temporales y tormentas, o eran barcos indefensos que se quedaban retrasados o estaban aislados, no de nuestros torpes enemigos de entonces.

Las cifras abruman. Durante sus trescientos años de tráfico regular solo dos convoyes fueron capturados, apenas el 0,6 % del total. Con el fabuloso Galeón de Manila, solitario en el no tan Pacífico inmenso, ocurrió otro tanto. Una épica jamás igualada.

La inteligente estrategia española fue la causa de tales logros, junto con la extraordinaria competencia de nuestros marinos y la tecnología de entonces, a pesar de sus gobernantes. Ingleses, franceses y holandeses veían pasar nuestros barcos, implorando un rezagado, sin atreverse atacar de frente para no salir trasquilados y con el rabo entre las piernas.

Si capturaban uno, solía ser antes de la agrupación del convoy previo a la travesía del Atlántico. Por eso los piratas tenían sus bases en el Caribe, protegidas por  ingleses y las otras naciones piratas. Algo parecido a los países que hoy albergan grupos terroristas o narcotraficantes. Y, con todo, pocos buques capturaron. Los nuestros se solían defender con algo más que ardor, arrojo, tenacidad y ganas.

Actuaban nuestros enemigos a traición y por la espalda, atacaban buques indefensos, casi nunca en noble lid, cuando su superioridad era aplastante o mediante estratagemas innobles, como la que hundió al Nuestra Señora de las Mercedes en 1786, al estilo Pearl Harbour, sin declaración de guerra previa: la vil táctica en tiempos de paz de disparar primero y preguntar después. No hay honor en ello ni loas al vencedor.

El calco de las tácticas geoestratégicas genuinamente españolas contribuyó decisivamente a que los aliados ganaran la batalla del Atlántico durante la II Guerra Mundial, cuatro siglos después de su invención. Aprendieron de nosotros aunque eran algo lerdos en asimilar.

En realidad, casi todo lo relacionado con la navegación oceánica y cómo construir buques de verdad, algo más que chalupas, es invención ibérica de la que todos nos copiaron. Los demás perfeccionaron algo luego, nada más.

Mientras nuestros hermanos portugueses llegaban a la India y Colón descubría América, los británicos apenas alcanzaban arribar Calais con grave riesgo de naufragio. Hasta el XVIII fueron a la zaga en tales artes, aunque su orgullo patriotero les impida reconocerlo.

No era innovación patentable ni lo sigue siendo. No producía artículos científicos puntuables, porque las rutas marítimas y las cartas de navegación eran secretos de Estado, ni se daban cuartos al pregonero de los avances. No otorgaba sexenios denigrantes para no proporcionar información al enemigo.

Se pueden contar muchas batallitas, no solo marítimas, donde se demuestra que si durante tres siglos España tuvo el mayor imperio de la historia fue por sobredosis de héroes, profesionalidad y técnica superior, a pesar de la áspera pobreza de la metrópoli narrada por el inconmensurable Siglo de Oro.

Los “redescubridores”

Prácticamente todo paraje “descubierto” por los ingleses en el siglo XVIII, empezando por las islas Hawai, lo había sido al menos doscientos años antes por españoles o portugueses, estaba documentado, aunque no los hubiesen ocupado.  A menudo quedaban registros y leyendas de aquellos pioneros entre los lugareños cuando llegaron los redescubridores.

Lo único que hicieron fue seguir indicaciones, empezando por el pirata Drake. Eso sí, su marketing para llevarse una gloria que no les corresponde fue superior. En eso seguimos fallando.   

La solidaridad histórica

El imperio español incluía vascos y catalanes aunque le fastidie a algún bastardo. Daba la vuelta al mundo, nunca se ponía el sol en él. Las campañas de Italia y en el Mediterráneo respondían principalmente a intereses aragoneses o levantinos más que castellanos.

Cataluña y las Vascongadas deben su sustancia, lo que son hoy, al resto de España y la solidaridad histórica entre territorios. Nunca hubo conflictos internos, menos todavía afrentas como las que han inventado. Sus glorias y su ser se construyeron entre todos.

Las mezquindades y mentiras para fomentar el tribalismo las han fabricado durante los últimos cien años. Son fruto de la ignorancia de unos enfermos de moral acomplejados, con nombre y apellidos, padres putativos de patrias inexistentes e inconfesables propósitos mezquinos.

Lástima de humanidades. De paletos centrífugos pasando trapo putrefacto de falsa historia, en hora de sesión, a la tribuna del Congreso.

La mejor tecnología

En aquella época mítica los sistemas humanos, tecnológicos, navales, logísticos, operativos, sanitarios, alimenticios, burocráticos y de gestión españoles eran con diferencia los más avanzados del planeta.

Todavía hoy podríamos aprender mucho de ellos si nos dignásemos a analizarlos, empezando por los métodos de subcontratación o de gestión privada de bienes públicos presuntamente innovadores y tan de moda en su torpe aplicación.

Tiene que venir de fuera cualquier druida sacacuartos a enseñarnos con su Power Point relleno de “palabros” en inglés, para que parezca avanzado, muchas técnicas que en su momento nosotros enseñamos a los demás, que tendríamos obligación de recordar y de transmitir.

Si algo se podía considerar trabajo, eficiencia y productividad era eso. Nadie ha igualado tal hazaña épica teniendo en cuenta los medios de los que se disponía entonces.

Sintámonos orgullosos de ello, asimilémoslo, restreguémoslo al anglosajón cada vez que menciona la injusta Leyenda Negra, fruto de la rabia provocada por su centenaria impotencia.

La rabia que vino del Norte

Recordémosles, esta sí, su propia leyenda trágica. La muerte. El dolor provocado que han edulcorado, convirtiendo atrocidades en cinematográficas hazañas, que reverberan todavía hoy. Lo haremos.

Alguien podría decir que el imperio azteca o inca desaparecieron. Se podrían hacer comparaciones que resultarían odiosas para la competencia que acusa. Hay que encajar las motivaciones en contexto y de acuerdo a la mentalidad de la época. No con los cínicos criterios, presuntamente humanitarios, de hoy.

La intransigencia religiosa del Norte

Nos acusaron de cerrazón religiosa, que no fue mayor que la del resto. Al menos no nos masacramos entre nosotros a causa de las guerras de religión. Lo hicieron los europeos de más al Norte entre ellos. Nosotros cogimos gustillo al garrotazo mucho después, a conciencia eso sí, cuando deberíamos haber aprendido de los demás.                  

La guerra de los Treinta Años, la matanza de San Bartolomé, las cazas de brujas a cargo de tanto luterano hipócrita, ¿qué fueron sino? ¿Quién torturó y quemó al aragonés Miguel Servet, negando la libertad de pensamiento, sino el propio Calvino y sus ginebrinas huestes fanáticas?

Finaliza alegato en dos capítulos. Higiénico para unos, patriotero para otros, inútil y panfletario para el resto. Hecho está. Al que le jorobe, que se fastidie.

Desahogo escrito, aunque solo sirva para levantar el ánimo ante tanta patraña vil, hipócrita y zafia, a barlovento de la perfidia bárbara del Norte, y sotavento de la catástrofe impuesta por tanta impostura exportada al Sur clásico y legendario, que siempre iluminó con su cultura primigenia, y aún hoy resplandece como faro en la noche a pesar de la niebla que envuelve esta arrogante civilización envuelta en cascotes físicos, éticos y morales.

Queda la pérfida intriga mencionada ayer de tintes mafiosos y victorianos. Mañana, como les encanta decir de nosotros, sin darse cuenta que vence el que piensa y medita antes, ya que podrá actuar con mejor decisión, cautela y perseverancia. 

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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30observando 28/06/2012 | 20:38

Gracias, de la Viña, su articulo ha sido para mí reconfortante.

Pero ya vendrán los detractores republicanos -olvidando el contexto histórico- a desmontar toda esta gloria pasada, hablándonos de monarquías corruptas, de masacres colonizadoras y del pueblo muerto de hambre, como si la solución soviética de Stalin, que nos llevó a la Guerra Civil, nos hubiera venido bien.

Yo también creo que reencontrarnos ocasionalmente con nuestra historia como pueblo, nos podría animar ante los retos colectivos que ahora tenemos por delante.

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29Fernan Gonzalez 28/06/2012 | 17:32

No se trata de rememorar historias para vivir del pasado, pero quien conoce la historia sabe que está plagada de momentos de dificultades que los habitantes de esa época superaron o desaparecieron, y ese es uno de esos momentos decisivos.
Antes las batallas y los descubrimientos eran físicos y tangibles, ahora se trata de habilidades y conocimientos, tenemos conocimientos suficientes como para levantar nuestra economía con productos patentados o con productos sin ellas, los demás se levantan cada día buscando nuevas formas de hacer negocio y nosotros tenemos que librarnos de ese techo de cristal que no existe y ponernos a competir venciendo dificultades.

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28Fernan Gonzalez 28/06/2012 | 17:25

Para tener el dominio marítimo en un Impero es base el desarrollo la industria naval.
Desde los inicios del Mediterráneo recorrer la costa en barcos la posición geográfica era una ventaja al establecer contactos y a su vez también te exponía a sus piratas, por lo que la conjunción de puerto, defensa, astilleros y comercio permitía el desarrollo de los pueblos.
Antes de los romanos ya existían Piratas en el Mediterráneo que no consiguieron erradicarse hasta que lo hizo la Armada Española, pero para entender la tecnología que les hizo desarrollar barcos con mejores prestaciones hemos de remontarnos al siglo IX, cuando después de un asalto Vikingo fallido a las costas de Almería se consiguió capturar uno de sus barcos más navegables en mares abiertos que las antiguas galeras romanas que aún se seguían utilizando en el Mediterráneo de la época, eso permitió desarrollar unos astilleros y sobre ellos una actividad comercial hasta ser la base de la flota califal, conocimientos que se fueron perfeccionando y que pasaron a los Reyes Católicos después de su última conquista y que permitieron embarcarse en nuevos descubrimientos.
Superarse ante las dificultades está en nuestro carácter...

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27pableu 28/06/2012 | 16:26

#25 Pero que dice?

El nazismo solo recurrio a la solucion final cuando empezaron a perder la guerra.

Antes de eso los nazis echaban la culpa de todos los males a los judios, los que robaban el trabajo eran los judios, la crisis financiera que vivian era por los banqueros judios... le suena, no? Pues cambie el termino judio por castellano o el que les gusta mas de mesetario.

Mesetario... se usa como termino despectivo, la propaganda nazionalista es igual que la nazi, los nazis somos superiores, somos una raza mejor, somos distintos, hay que unir todas las tierras en las que se hable aleman, que malos son el resto de europeos.... le suena? no? Pues leealo asi

Los catalanes somos mejores, mas trabajadores, hay que unir los paisos catalanes y q barcelona sea la capital del brillante nuevo pais, somos muy distintos, somos mejores, que malos los mesetarios por imponernos todo y atacarnos...

Igualitos, son iguales de totalitarios y antidemocreticos.

Lo bueno es que a los nazis se les vencio, y a los nazionalistas tb se les vencera con democracia y con educacion.

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26silviO 28/06/2012 | 16:20

#7 Pues Martín Cortés [~1500] era de Bujaraloz, en Los Monegros. Y el librito que escribió, aparte de en España, se utilizó en casi toda Europa [en especial en Inglaterra] como manual de navegación.
Estoy un poco cansado de hazañas 'periféricas' y envanecimientos autonómicos. Que sí que hay y ha habido muchos catalanes y vascos valiosos. Pero poco más o menos como en cualquier otro lugar ...

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A través de Apuntes de Enerconomía, José M. de la Viña, Dr. Ingeniero Naval, persigue transmitir sus experiencias y reflexiones sobre temas relacionados con la energía y el medio ambiente, sector en el que ha desarrollado gran parte de su carrera profesional. Informar, promover el debate, contribuir modestamente a que los lectores puedan forjarse sus propios puntos de vista y, de esta manera, ser entre todos capaces de construir un futuro mejor.

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