Sin analizar cómo malvivimos para poder mejorar lo que se tercie, sopesar nuestras andanzas inconscientes arrastradas en triste levitar, y cambiar el tercio a esta terrible sociedad de consumo insensato que camina errante sin meditar, no habrá felicidad desmaterial, ni empleo decente, ni de ningún otro tipo, que se encuentre.
Con este arranque ripio y de un tirón, regresamos a nuestro humilde redil librepensador después de algún que otro desahogo histórico patriotero panfletario pérfido motivador. Gibraltar deberá esperar, aunque ganas quedan de clavar el aguijón a tan anacrónica inmundicia rocosa y colonial.
Hablemos de las ciudades
El modelo empleador está agotado. Celebremos su funeral. Levantemos otro más limpio, luminoso y esclarecedor.
Para promover ahorro energético, respeto medioambiental, belleza y empleo es indispensable una revolución arquitectónica mirando al pasado, sus materiales, ordenación y diseño. Todo lo contrario a lo perpetrado durante los últimos sesenta años.
Superar el urbanismo de rotonda deslavazado, la fea y deprimente decoración de exteriores actual, que una vez fue arquitectura. Penalizar el uso de los entrópicos e insostenibles materiales utilizados en tanta construcción, tipo cajón y cristal, de relumbrante estilo brutalista, tremebundo y zafio.
Nada que ver con el minimalismo ausente ni la siempre elegante y diferente arquitectura legada por la historia, en cualquier época y lugar, menos ahora.
Es la vuelta a nuestra eficiente ciudad mediterránea, heredera de la polis griega, romana o árabe, adaptándola al siglo XXI, incrementando su elevación. Rememorando en espíritu y ciencia lo poco bueno que la piqueta ha respetado. Reinventándola con poco presupuesto y mucha imaginación para disfrute del hombre en vez de la máquina y la especulación.
Promoviendo sanas costumbres, calidad de vida y belleza mediante racionalización urbanística. Rediseñando las terribles, espantosas y horribles conurbaciones, los arrabales por fuerza motorizados, nunca más bípedos, menos cómodos, jamás amables.
Creando vergeles en las ciudades. Desenlosetando las agresivas actuaciones estelares, realizadas a precio de oro, propias de época tan insensible y salvaje.
Realmando las aberrantes plazas duras; los desverdados centros de nuestras ciudades históricas. Las insípidas rehabilitaciones de nuevo rico que vacían de sustancia los edificios históricos, sin peinazos ni cuarterones en las ventanas; con cuadradas estancias, ya todas iguales, una vez se ha hecho desaparecer su sustancia jocosa y fantasmal, la diversidad estética de su interior antaño radiante y bella.
Construyendo con poco dinero y mucho empleo utilizado en el material, el detalle, las formas y el jardín espacios frescos para disfrute otra vez de la vista, los otros sentidos, para desahogo de almas ansiosas de edificante sombra, vibración estética y frondosa sensibilidad.
Lugares más vegetales y bellos para mayor comodidad de fragancias, bichos e insensibles animalitos, que una vez fueron humanos. Una vez el maligno hechizo, de diseño dicen los magos, se deshaga. Reconvirtiendo de nuevo en princesas, a la perenne grandeza de pobre, los pestilentes monstruos depredadores protagonistas de esta civilización hormigonada, ni siquiera cavernícola, menos humana.
Adecuando los efluvios de las ciudades a las posibilidades reales del planeta como sumidero de tufos y emisor de peste gaseosa, reciclador de emisiones, dispensador de recursos finitos, o basurero indiscriminado de desechos físicos pero, sobre todo, intelectuales.
Esférico zoológico del cual solo somos una especie invasiva más, que a este paso acabará recibiendo merecido correctivo evolutivo de manera simplemente animal, como bien se merecen tantos con tanta innovación fútil e irracional.
Inaugurando, por fin, la arquitectura, el urbanismo y el transporte del siglo XXI. Desentendiéndonos de soñolientos modelos importados una vez despertemos del extinto sueño americano. Haciendo lo contrario a lo ejecutado estos últimos años con saña iracunda, estética simple, vista contaminada y faltriquera profunda.
Buscando el ahorro en el transporte, el rediseño de las redes para no tener que utilizar de manera absurda el coche, evitando atascos y cabreos, a la vez que se reducen las distancias, se aumenta la eficacia, se ahorran divisas y tiempo.
Instaurando la eficiencia energética en la construcción; la utilización de nuevo de cascajo y materiales de pobre que no contaminen durante su fabricación; cambiando desechos y gasto energético excesivo por mano de obra; fomentado el diseño de edificios de calidad, definida esta con parámetros mensurables y no solo con criterios presuntamente estéticos, verazmente truculentos, realmente feos.
Actuaciones complementarias cuyo fin es, entre otros, desterrar los sistemas mecánicos de climatización. Que permitan multiplicar el ahorro de energía a lo largo de la vida útil de los edificios, no solo durante su construcción. Que fomente el inevitable levitar inconsciente por el mundo de la mayoría con mayor comodidad, menor gasto energético y apenas contaminación: si tienen que pasar necesariamente por este planeta, que no se note al menos, que no lo joroben más.
Adecuando, en definitiva, el diseño de ciudades y edificios a las personas, las posibilidades de la Tierra, en vez dejarlas en manos del caos, como el último medio siglo. O, lo que es peor, del tenebroso gusto y profundo bolsillo de insensibles mentes estrella y sus, a menudo, corruptos contratadores intelectualmente livianos, políticamente indocumentados, mentalmente ineptos.
Innovaciones que permitirán a las ciudades volver a ser otra vez agradables y limpias. Para que el aire se pueda respirar. Para que desaparezcan los agobios entre tanto cemento agreste. Para que podamos vivir pulcramente en ellas en vez de sobrevivir entre tanta entrópica incomodidad, fealdad contaminante y orines medioambientales. Para poder dedicar el tiempo a retozar física o intelectualmente a elección de cada cual. A disfrutar, en vez de resoplar inútilmente en nuestros trasiegos diarios entre inclementes destinos y desasosegante empleo.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
3winstonarcher 13/07/2012 | 09:59
Envie el articulo a las siguientes corporaciones:
Colegios de .Arquitectos,Aparejadores, Ingenieros de Caminos,Abogados,Ingenieros Industriales.
Coautores, junto con la Casta, del desastre urbanistico.
Pero se reiran mucho,a carcajada. Y le "ficharan"
Luego ,no podra opinar ni en la Green Peace siquiera[ por que les financia la Casta]
No es facil criticar, hay que tener aliados.
1montesquien 12/07/2012 | 10:31
...y luego se despertó
D. José Mª, que estamos en Expaña...
A través de Apuntes de Enerconomía, José M. de la Viña, Dr. Ingeniero Naval, persigue transmitir sus experiencias y reflexiones sobre temas relacionados con la energía y el medio ambiente, sector en el que ha desarrollado gran parte de su carrera profesional. Informar, promover el debate, contribuir modestamente a que los lectores puedan forjarse sus propios puntos de vista y, de esta manera, ser entre todos capaces de construir un futuro mejor.