José M. de la Viña

APUNTES DE ENERCONOMÍA

Biodiversidad, maldita externalidad

23/10/2012
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Según informe del Convenio sobre la Diversidad Biológica, los objetivos AICHI sobre biodiversidad, se necesitarán cientos de miles de millones de euros para reducir la galopante pérdida de biodiversidad, la desaparición cada año de millones de especies animales o vegetales, sean linces, mariposas, plantas, peces o corales, degradando la vida de la Tierra.

Objetivos AICHI

Son veinte objetivos a alcanzar en el año 2020 que, someramente descritos, se esforzarán en concienciar a la población sobre la necesidad y la obligación de preservar la biodiversidad; garantizando que la agricultura y la ganadería, las pesquerías y la acuicultura, los bosques o los océanos se exploten de manera de verdad sostenible, asegurando su conservación; estableciendo los mecanismos adecuados para su gestión, control y verificación; comprobando que los recursos naturales se explotan de manera que no se rebasen límites ecológicos seguros; reduciendo la degradación y fragmentación de los ecosistemas.

Como ejemplos concretos, se procurará que la polución y los excesos de nutrientes no sobrepasen niveles que deterioren el normal funcionamiento y la riqueza de tales ecosistemas. Se espera poder erradicar especies invasoras o, al menos, encauzar vías para poderlo conseguir. Antes, para 2015, se intentará minimizar el impacto en los corales y otros sistemas vulnerables como consecuencia de la acidificación de los océanos y el manido cambio climático. Como esperanzadora utopía no está mal.

Externalidades infantiles

Habitamos una sociedad infantil donde las responsabilidades se diluyen mediante sarcásticas externalidades.

Define la socorrida Wikipedia, que tengo a sufrido golpe de teclado, a la aliviadora externalidad como la situación en la cual los costes o beneficios de producción y/o consumo de algún bien o servicio no son reflejados en el precio de mercado de los mismos. Son externalidades aquellas actividades que afectan a otros para mejorar o para empeorar, sin que éstos paguen por ellas o sean compensados.

Los objetivos anteriores, necesarios para detener la depredación en la que está empeñada cierta especie conocida, cada individuo en función de su propia huella ecológica, devengarán factura a cuenta de tal desagüe científico aliviador de remordimientos y molestas responsabilidades. Como hasta ahora eran asuntos externos al sistema económico, nadie se hacía cargo de ellos. Ahora lo haremos entre todos en comandita, unos más que los otros, ya que sus efectos no conocen fronteras y saben todavía menos de nacioncitas.   

Pagaremos a destajo el desaguisado, en metálico o en especie, los pobres mayor cuenta que los ricos, como es lo habitual. Seremos conscientes de ello una vez la economía haya interiorizado sus consecuencias, convirtiendo las flatulentas externalidades en interioridades nocivas, costosas y por fin integrantes, aunque incómodas, del sistema económico.

Es objetivo que mientras unos dejan de sufrir contaminados edemas o degradados sarpullidos en su hábitat cercano o ecosistema vecino; mientras otros dejan de supurar desperdicios propios o ajenos, o alivian su tristeza al contemplar tanta barbarie civilizadora, el resto dejará de empobrecerse cada día un poco más a causa de la desaparición de insustituibles especies vegetales y animales que coarten su medio de subsistencia.

Atenuaremos el estropicio entre todos los paganos a golpe de talonario. Con el fin de reducir la cuenta e incrementar la dignidad, algún día lo haremos con eficiente atemperamiento, esperemos. En caso de seguir en inopia rellena de ceguera consumista y urbanismo basura, la alternativa llegará el día en que la naturaleza se harte, tome inexorable revancha, cuando la música deje de sonar.

Momento en el que las exaltadas huestes de Darwin y Malthus se lanzarán a degüello contra la controvertida especie humana en nada jocosa formación, a lomos de jaca huesuda y hambrienta, cubiertos por yelmo científico, armados de tenebroso tridente blandido en ristre, parece que este sí racional, aunque fastidie a más de un sabio y decenas de expertos.

Mientras tanto, la indolencia permanece contemplativa: son externalidades, nada que ver con nosotros, proclaman tan ufanos los druidas del gremio. Unas pocas veces se sabe muy bien quienes son los responsables aunque no se tomen medidas. Es el caso de los humos y olores provocados por cada uno en su casa o en el coche. Otras muchas son causa flagrante e ignorante los manidos expertos, que nos han impuesto un modelo de desarrollo económico demencial, ni siquiera cómodo, bello o sofisticado, como los responsables del caótico urbanismo actual o los apóstoles del crecimiento económico a ultranza.

Dicen que hay externalidades buenas, aquí hablamos de las malas, el sino de este inconveniente blog despabilador de conciencias, triturador de supuesta ciencia establecida. Concepto que se ocupa de dejar fuera del sistema económico las tropelías cometidas por cualquier transacción económica, sin pena ni culpa para el causante. Sea a causa de la contaminación producida, la basura abandonada, el bosque roturado o el caladero agotado. Asuntos que, amplificados por los millones de transacciones diarias, convierten la actividad económica en inestable monstruo voraz anestesiado por infantiles herramientas teóricas.  

Economía adulta

De acuerdo con la inexistente contabilidad natural, la depredación y el derroche de recursos se considerarán algún día gasto inútil e innecesario que frenará la degradación del planeta, cuando se inaugure la gloriosa economía fundamental. La contabilidad tradicional, mientras tanto, sigue computando indiscriminadamente galgos y podencos, estímulo o austeridad, gasto o dispendio.

La economía fundamental interiorizará las denostadas externalidades, útiles apenas para describir el fugaz corto plazo, dignificando la denostada ciencia social. Una vez los estropicios causados por la actividad económica se valoren de manera económica, no solo científica, para poder ser intercambiados entre las personas con criterio y honestidad. De manera que el hombre pueda apropiarse dignamente de los recursos, valorándolos sin depredar, enriqueciendo a cuantos más mejor en justo intercambio, en vez de acabar empobreciéndonos a todos.

Ocurrirá cuando se considere tales externalidades un elemento más de la actividad económica, ergo humana. En vez de seguir siendo elemental subterfugio, presuntamente científico, que enmascara el crecimiento imposible de la economía, tal y como está hoy planteado, a costa de la salud del planeta.

¿Manera de hacerlo? Sacudiendo el estancamiento de la desnortada disciplina actual. Instaurando la ciencia de la escasez, como aplicación práctica de lo anterior, junto con otras medidas como las propuestas en estas páginas: trazabilidad obligatoria de cualquier producto o servicio, su publicidad; o la reforma del sistema fiscal, sustituyendo el actual impuesto sobre el valor añadido por un impuesto sobre el incremento de entropía. Que obligue pagar más a quien más contamine, dañe más a la naturaleza o mayores recursos finitos necesite para hacer más soportable su mezquina existencia envuelta en inanidad cerebral.

Redefiniendo el concepto de valor añadido. De manera que considere la actividad económica como un todo soportado por la realidad física y biológica de la Tierra. Colocando de telonero puntual el punto de vista marginalista e instantáneo en vigor. Nuevas herramientas capaces de amortiguar la velocidad de cambio del cambio climático, deteniendo la pérdida de biodiversidad, creando puestos de trabajo.

De esta manera, se incentivará el crecimiento a largo plazo, la preservación de recursos y de energía fósil, para que nuestros nietos puedan disfrutar de ellos. Se reducirá la contaminación producida o la energía dilapidada por cada unidad de producto o servicio, produciendo de una manera más eficiente desde el punto de vista natural, incrementando el empleo.

Lo irónico de los objetivos AICHI es que el gasto presupuestado incrementará a corto plazo la actividad económica considerada a la manera tradicional, el PIB mundial, el empleo y la riqueza ficticia, al aumentar las transacciones económicas que permitan atemperar la pérdida de biodiversidad, aunque lo realice a crédito el sobreendeudado Occidente. Otra maldita incongruencia.

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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6sergio martinez 24/10/2012 | 11:39

No se desanime Dr d la Viña, ni tenga un pensamiento 'lineal'. Ya debería saber q en sistemas complejos como el económico 1+1=3 o cualquier otra cosa 2 [para las personas=sinergia]
La situación es similar a la q tendriamos cn un meteoro d 10km diám acercándose No hay tiempo-es muy complejo llegar a dominar a nuestro antojo su trayectoría El objetivo sería evitar q impacte con la Tierra: desviarlo
En un portfolio d experimentos n la economía global, optimizar el 'metabolismo' dl agente industrial mediante una 'fit function' con la finalidad d reducir costes d explotación, depredación inconsciente d recursos y la prod d residuos, debería ser suficiente para incitar ese 'desvío' x capilaridad, contraste o imitación al resto dl sistema... N definitiva, forzar un 'design without designer' = evolución. Y bastante rápido...
Pendientes d la arquitectura definitiva d esa economía fundamental, sí q s posible instalar poka-yokes [constraints] n el sistema para evitar q la economía global sea demasiado financiera frente a la 'real', el dumping laboral-medioamb n la producción de bienes, o q cuando se está cuestionando la viabilidad de la actual biosfera siga habiendo 1000MM de personas...

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5ecce homo 23/10/2012 | 21:13

SU SESIÓN SE HA CERRADO

Este es el texto que quería publicar.

#4 El animal y el documental.

Que me perdonen los que saben:

Es una mezcla de felino y marsupial:

http://www.youtube.com/watch?v=yE75jwt0aoE

Con unas mandíbulas retráctiles. Un tajo seco a la garganta de su presa.

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4ecce homo 23/10/2012 | 17:43

Señor de la Viña, magnífico artículo.

No obstante, permítase que le haga una pequeña salvedad:

"la desaparición cada año de millones de especies animales o vegetales, sean linces, mariposas, plantas, peces o corales, degradando la vida de la Tierra."

Según National Geographic, un tercio de las especies animales que se dan por extinguidas, sobreviven a la "extinción":

Ejemplos: Tigre de Tasmania y la pantera nebulosa.

Si tienen oportunidad de ver el documental sobre los avistamientos del Tigre de Tasmania [NG Wild], hagánlo. Una pasada.

Evidentemente, ésto que digo no contradice lo que usted nos quiere dar a entender.


Un saludo.

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3turgot 23/10/2012 | 13:25

#2 Hombre a mi la salud del planeta no es que no me importe, pero me preocupa muchisimo mas la salud de los humanos y su prosperidad economica; es mas, sin economia de libre mercado, valga la redundancia, la prosperidad se irá al garete; creo no equivocarme si digo que para ti entropia es sinonimo de desorden; pero tengo entendido que en los sistemas termodinamicos pueden emerger fases ordenadas y al mismo tiempo aumentar la entropia; pero tu lo que propones es cuantificar o medir fisicamente la cantidad de entropia y trasladarla al precio del producto; ¿dime como? ¿como traduces una medicion fisica en en un precio si no es arbitrariamente? Me dirás que a traves del sistema de impuestos, pero los impuestos no son precios, son intervenciones arbitrarias en el sistema de precios de mercado, que llevan a mas intervenciones porque jamas consiguen los efectos deseados por el organo que las impone; o sea que lo que tu propones es mas "entropia" o desorden en la economia; el caos planificado; mira, una externalidad se da alli donde la propiedad junto con sus derechos y obligaciones no esta claramente delimitada y donde hay privilegios; es la tragedia de los bienes comunales.

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2montesquien 23/10/2012 | 09:42

#1 No se trata de parar nada sino de contabilizar, y trasladar al precio del producto, la entropía.

Este artíclo habla de economía SOSTENIBLE en su acepción original. Esta no consiste en mantener el crecimiento del PIB, a cualquier precio, sino en actualizar procesos y sistemas para mantener, y aumentar, la calidad de vida causando el mínimo impacto posible a la "salud" del planeta en su conjunto e intentando en todo momento preservar recursos naturales y biodiversidad para generaciones futuras.

Ni se trata de socialismo, ni de comunismo ni siquiera de anticapitalismo. Se trata, muy resumidamente, de modificar los actuales sistemas de contabilidad para que consigamos acercarnos a eso de que quien contamina, por ejemplo el que consume petroleo, pague. Que pague tanto el coste de limpiar su contaminación como el coste de dejar sin ese recurso natural a las generaciones futuras.

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A través de Apuntes de Enerconomía, José M. de la Viña, Dr. Ingeniero Naval, persigue transmitir sus experiencias y reflexiones sobre temas relacionados con la energía y el medio ambiente, sector en el que ha desarrollado gran parte de su carrera profesional. Informar, promover el debate, contribuir modestamente a que los lectores puedan forjarse sus propios puntos de vista y, de esta manera, ser entre todos capaces de construir un futuro mejor.

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