José M. de la Viña

APUNTES DE ENERCONOMÍA

¿Clientes o pacientes? El saqueo de Madrid

15/01/2013
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El principal indicador de la riqueza de un país debería ser la longevidad de sus habitantes. España ocupa la novena posición mundial en el caso de los hombres; las mujeres están en quinto lugar.

Según tal clasificación, España está por delante de muchos de los países que pretenden darnos lecciones de no se sabe muy bien qué, como Alemania o Reino Unido y, por supuesto, los ínclitos Estados Unidos, que desglosados por sexos ocupan la posición decimoséptima y decimosexta, respectivamente.

Lo afirma un demoledor informe publicado de manera conjunta por las academias nacionales estadounidenses, que pretende con ello sacudir conciencias acerca de la deficiente salud del imperio. Son la National Academy of Sciences: la National Academy of Engineering, el Institute of Medicine y el National Research Council.

La mayor o menor esperanza de vida se debe, según tal publicación, a cuatro conjuntos de causas:

Los sistemas sanitarios, objeto de este post. Los comportamientos de los ciudadanos, que incluyen todos sus malos hábitos, desde la comida basura al abuso de las drogas; o el gatillo flojo al que son tan aficionados, herencia cultural del Far West y las masacres de indios, para asear unos predios que adquirieron a pistoletazo limpio.

Las condiciones económicas y sociales: mayor desigualdad y pobreza o menor movilidad social. Quién lo iba a decir en el país de la igualdad de oportunidades. Incluye la deficiente educación de los menores, un mal occidental y no solo patrio, que afecta también a la salud. La falta de redes sociales (no las informáticas), como las que ya están al límite aquí y han ocultado la vergüenza del mal gobierno, contribuye a empeorar la situación entre los más desfavorecidos.

Finalmente, influye en la longevidad el entorno físico, desde la contaminación hasta la obesidad de la población, causada por el uso intensivo del automóvil, por una menor actividad física, y el mencionado abuso de la comida basura que ya comienza a ser un inquietante problema infantil en España entre ciertas capas de la población.

El American way of life es cualquier cosa menos sano. Desgraciadamente, seguimos copiando sus insanas prácticas con tanto adosado y construcciones diseminadas, con tanta urbanización en el extrarradio y polución por excesivo uso del Cayenne para llevar a los niños al colegio y, al político, en coche oficial.

¿Qué fue de la sostenible ciudad mediterránea en donde se podía ir andando o en tranvía, cuando los había, a todos los lados, a cambio de menor coste sanitario y algo de ejercicio físico?

Sanidad pública o privada

Los países cuyos habitantes viven más son, curiosamente, aquellos que disponen de buenos sistemas públicos de salud. ¿Casualidad? Su coste, en porcentaje sobre el PIB, está, en cualquier caso, por debajo del estadounidense.

¿Productividad superior de los sistemas públicos? Habrase visto desfachatez mayor desafiando las teorías económicas dominantes y la ortodoxia en vigor. Indicadores, competencia, objetivos, ratios, controles, beneficios. ¿Qué fue del manual de la buena gestión privada en la sanidad?

Las causas de que los sistemas públicos puedan ser más eficientes son varias. Igual que muchas grandes multinacionales que se consideran modelos de gestión, y no digo nombres, son en realidad monstruos burocráticos que ganan dinero a pesar de sus directivos, a causa de las economías de escala, de su capacidad de presión política y de un acceso privilegiado a los mercados del que empresas pequeñas carecen, los sistemas públicos han competido ventajosamente con los privados, al menos en la sanidad, a pesar de sus carencias. Contribuía el menor gasto farmacéutico relativo, que permitía una gestión global de las compras, y la honradez y una buena gestión, que alguna vez las hubo.

Un monopolio de demanda bien diseñado puede ser más rentable económica y socialmente para el conjunto de un país que una libre competencia que trabaja mediante incentivos perversos.

Se podría constatar tal herejía comparando los porcentajes del PIB que cada país ha dedicado históricamente a su sistema sanitario, ponderándolo con su longevidad media. Si alguien se tomase la molestia de hacer un estudio histórico serio, estoy convencido de que España ocuparía el podio absoluto o quedaría muy cerca de él. Pero eso es historia, por obra y gracia de políticos asesorados por druidas de última generación, ideológica, enjuagada en ciencia estancada en desfachatez, codicia y falta de rigor.

Fue así, a pesar de las listas de espera y más de una incomodidad, hasta que la sanidad se desmembró en diecisiete negociados diferentes, poniendo a ineptos aficionados al frente, denominados políticos, que convirtieron la sanidad española en un oneroso galimatías.

Hasta que el descontrol provocado conscientemente sugirió que las cosas se encauzarían de nuevo privatizando los gastos, que no los ingresos, adjudicándolos, de paso, a grupos afines. Evidentemente, nunca a usted o a mí. Seguro que lo haríamos francamente mejor sin necesidad de maltratar a los trabajadores.

Nos encontramos, pues, con otro sector que se entrega impunemente a las fauces del capitalismo mediopensionista español, aquel que disfruta de garantizados ingresos públicos, o de un aseado oligopolio, mientras privatiza los gastos. A grupos que actúan al alimón con la misma casta política que dice gobernar por el bien común y la felicidad del ciudadano.

Cuando se está en el pelotón de cabeza de algo en el mundo, y este algo es la sanidad, hay que afinar mucho para escalar más puestos. Si se posee un sistema que funciona razonablemente y se pretende cambiarlo drásticamente, es importante tener claros los beneficios que se van obtener y poder demostrarlos previamente. Si no, los errores costarán caros, en dinero, y en calidad de la asistencia sanitaria. De momento, el saqueo de la sanidad madrileña, parece que ya no presunto, tiene muy mala pinta. La prensa empieza a sacar analíticos trapos sucios a acólitos y rufianes.

¿La consecuencia más trágica? La sanidad empeorará y se encarecerá a causa de los incentivos perversos habituales en la sanidad privada, los mismos que han hecho del sistema sanitario estadounidense el peor, excepto para los millonarios, de entre todos los del mundo otrora denominado rico y hoy arruinado.

Esperanza, ¿dimitió usted por eso? La creía más gallarda. ¿Por qué traicionó a sus votantes? ¿Por qué huyó cuando más la necesitaban los madrileños? Depositaron la confianza exclusivamente en usted, no en unos secuaces mediocres que no habrían ganado ninguna elección si usted no se hubiese presentado. 

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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56DJC69 15/01/2013 | 21:28

#49
Todavía más dudas. Como usted será de los pocos que se habrá leído el Plan de Sostenibilidad y los Presupuestos de la CAM de 2013 y , aunque soy un pobre médico, me siento cómodo en el terreno de los números, ¿cómo es posible que la reducción en el presupuesto de Sanidad sea de 53 millones de euros, pero la Consejería exija un ahorro de 530 millones? ¿Para qué son los 470 millones de euros restantes?
Además, me gustaría volver a la comparación con los USA: el gasto en Sanidad en USA es mayor que en España [en términos de PIB], la cobertura no es universal y el 63% de las quiebras familiares se deben a factura sanitaria. ¿De verdad que todo se justifica con lo que ha explicado usted previamente?
Pues de verdad que es posible que todos los números que he mostrado estén equivocados, pero los gestores de la CAM han tenido 3 meses para presentar la información real [no la mía, que estoy convencido de que no es correcta] pero no deben tener a bien realizar esa labor pedagógica con ignorantes como yo...
De todas formas, le repito lo dicho. Da gusto debatir de forma sosegada con personas que saben de lo que hablan.
Un saludo

#  Responder 1

55DJC69 15/01/2013 | 20:41

#49
Realmente:
-No hay ningún dato que demuestre que el modelo que pretende implantar la CAM sea más barato que el modelo actual.
-Los datos disponibles en nuestro medio sugieren todo lo contrario.
-Si algo se ha demostrado es la ineficiencia de los gestores que hemos tenido. ¿Sabe usted cuánto cuesta mantener cerrado el Hospital de Collado Villalba? Muchos millones de euros al año. Desde un punto de vista económico, ¿cómo se llama ese error de gestión? Porque yo sí que le puedo decir qué es lo que ocurre si un médico tiene un error de ese calibre en el ejercicio de su actividad profesional...

#  Responder 1

54DJC69 15/01/2013 | 20:37

#49
Es más, como es posible que todos los estudios que he leído estén sesgados y no haya leído estudios con resultados en la dirección contraria, le concedo que el Sistema Público actual es más caro.
Aunque soy un pobre médico, el sentido común es algo que tiene que estar siempre muy presente y pienso: los gestores de CAPIO son mejores que los gestores de la CAM [asumo su premisa y la de los gestores de la CAM]; por tanto, despídase a los gestores actuales de la CAM y fíchese a los gestores de CAPIO. Si los resultados son positivos [como muchos asumen, pero ningún dato ha corroborado], que reciban incentivos además de su sueldo...
Ah, pero entonces dicen algunos [los gobernantes de la CAM] que es la flexibilidad de la gestión privada [comparada con la rigidez del Sistema Público] la que permite esa eficiencia [no demostrada hasta ahora] en la gestión. Y entonces yo, que soy un médico que no entiende nada, me pregunto: ¿pero no son estos gobernantes los que constituyen el poder legislativo que tiene la potestad y obligación de legislar, entre otras cosas, para que ese Sistema funcione?
SIGUE

#  Responder 1

53DJC69 15/01/2013 | 20:29

#49
No, si yo le concedo que el modelo sanitario de USA no sea más caro. Entonces le digo: el modelo holandés es más caro en términos de PIB. Si eso tampoco vale [ya le digo que no tengo ni idea de economía e intento entender las decisiones de los gestores] le digo: el modelo de gestión privada de la FJD es más caro que el del Hospital de La Paz.
Además, sigo sin entender. Usted dice: "la ratio gasto/PIB es irrelevante; lo relevante es lo que libremente decidan las personas sobre lo que hacer con su renta y no los burócratas". Sin saber nada de economía, tengo la impresión de que si un modelo consumiera un 50% del PIB y otro el 5%, a igualdad de servicios el primero sería más caro [si esto no es correcto, dígamelo]. Y eso no debería tener nada que ver con lo que libremente decidan las personas. Dicho de otra forma: yo hubiera entendido que la CAM hubiera dicho: vamos a cambiar el modelo porque esa es nuestra convicción ideológica; pero hasta ahora nadie ha aportado un solo dato que demuestre que el nuevo modelo es más barato. Incluso le he ofrecido datos del mismo entorno de la CAM que sugieren que el nuevo modelo es más caro.
SIGUE

#  Responder 1

52Hércules 15/01/2013 | 20:00

#49 Venga, Sr. Turgot, no me sea Vd. trilero.

Los datos comparativos son apabullantes, el supuesto está más que probado. Con números.

Ademas, yo he sufrido el sistema americano en 1ª persona durante bastantes años. Verá, se parece mucho al oligopolio de las petroleras/eléctricas aquí: No hay competencia real. Los precios están claramente acordados. Los contratos de seguro son unos libracos inexpugnables, con más letra pequeña y trampas que una película de chinos. El objetivo no es otro que dejar al cliente con el culo al aire en cuanto deje de ser rentable.

Y su colofón es antológico :"la ratio gasto/PIB es irrelevante; lo relevante es lo que libremente decidan las personas sobre lo que hacer con su renta y no los burócratas."

Verá, la libertad en ese campo en USA es una pura quimera, el cliente no puede decidir libremente lo que hacer con su renta, se ve obligado a contratar con esas compañías mafiosas que fijan los precios. Y los burócratas: miran hacia otro lado. Ya ha visto el espectáculo que ha hecho falta para aprobar una birria de incremento de cobertura como el plan Obama.

#  Responder 1

A través de Apuntes de Enerconomía, José M. de la Viña, Dr. Ingeniero Naval, persigue transmitir sus experiencias y reflexiones sobre temas relacionados con la energía y el medio ambiente, sector en el que ha desarrollado gran parte de su carrera profesional. Informar, promover el debate, contribuir modestamente a que los lectores puedan forjarse sus propios puntos de vista y, de esta manera, ser entre todos capaces de construir un futuro mejor.

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