Viernes, 7 de junio de 2013

José M. de la Viña

APUNTES DE ENERCONOMÍA

El haraquiri de los mayas

05/10/2010
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Decía Chateaubriand que los bosques preceden a las civilizaciones, los desiertos las siguen. Una verdad como un templo maya.

Recientes descubrimientos confirman lo que se sospechaba desde hace tiempo. La civilización maya se autodestruyó. Colapsó medioambientalmente debido a unas prácticas que demostraron no ser sostenibles en el tiempo. Civilización que acabó desapareciendo, apuntillada por la sequía, allá en la lejana Centroamérica.

El mayor desastre demográfico de la historia

Fue probablemente el mayor desastre demográfico de la historia, mejorando el venidero. Para ellos las profecías (futuras) del abominado Malthus se cumplieron a rajatabla. Ya que la densidad de población de sus maravillosas ciudades era comparable a la del Los Ángeles actual. Y en las zonas rurales podían habitar unos 115 habitantes por kilómetro cuadrado.

Demasiados comparados con la densidad de la España actual, que es de unos 92 habitantes por kilómetro cuadrado. Pero los pobres no tenían nuestros modernos medios, aunque estos sean tan finitos e insostenibles como fueron los suyos. Eso sí, contaminantes eran bastante menos.

Sin embargo, desaparecieron a causa de los excesos. ¿Suena el latiguillo? Necesitaban, por ejemplo, quemar veinte árboles para calentar la piedra caliza necesaria para fabricar tan sólo un metro cuadrado del enlucido de cal que recubría sus impresionantes monumentos, templos o depósitos.

Por otro lado, no tenían más remedio que deforestar cada vez mayores superficies. Con el fin de cultivar y obtener comida para el cada día más populoso vecindario. Un proceso productivo circular y perverso. Según la NASA, que según parece no es ningún grupo rabioso o radical, y menos extremista, la pérdida masiva de árboles provocó un aumento de tres a cinco grados centígrados en las temperaturas. Y una reducción de las precipitaciones del 20% al 30%.

Una sociedad no muy diferente de la actual

Los mayas diseñaron una sociedad de consumo perfecta. Deforestaban bosques para aumentar la superficie cultivable que pudiera dar de comer a la cada vez más abundante población. Los árboles caídos los utilizaban para quemar y como materiales de construcción. Obras que empleaban abundante mano de obra para levantar tales maravillas. Actividad ladrillera e infraestructuras, muchas de ellas, que no servían para nada. Que estaban servidas por abundante personal improductivo: los adoradores y el personal que servían los grandiosos templos; una aristocracia privilegiada; una burocracia necesaria en cualquier cultura compleja, como aquella era; o las cohortes de servidumbre, ejército o servicios que no aportaban nada.

Todo ello, probablemente, con el fin último de mantener la sociedad anestesiada y bajo control, para variar. Para así poder sostener a tanto parásito. Y para alimentar el ego y la caradura de unos cuantos. ¿Alguna diferencia sustancial con la avanzada civilización occidental actual y con la de por aquí cerca en particular?

Un colapso debido a los excesos

Era un círculo vicioso que acabó en suicidio asistido. Cuando la sequía apareció y el castillo de naipes se derrumbó. Aunque lo habría hecho igualmente sin ella, antes o después. Porque no era una sociedad sostenible. Tan sólo una versión primitiva, pero con pautas similares, de la histérica sociedad actual. Eso sucedió durante el denominado Período Cálido Medieval, entre el siglo IX y el XIV aproximadamente, previo a la Pequeña Edad de Hielo.

Al mismo tiempo, todo el sudoeste del actual Estados Unidos y el norte de Méjico, entre otros muchos lugares de la Tierra, sufrieron también terribles sequías. Que obligaron a los indios Pueblo, por ejemplo, a abandonar su fabulosa ciudad en el cañón del Chaco, en Nuevo México, entre otras muchas migraciones de la época. Millones de personas murieron de hambre, además, en otros continentes. Mientras tanto, en la cálida Europa de entonces, nuestros antepasados vivían felices y en la gloria. Saboreando sus lances caballerescos y amorosos entre cruzada y cruzada, con permiso de la peste bubónica, colofón del período. Los ingleses y daneses, por ejemplo, cultivaban buen vino. Y los belicosos vikingos se establecían en la, como ahora de nuevo, casi acogedora Groenlandia.

En el caso de los mayas fue un hágaselo usted mismo parecido al de los habitantes de la isla de Pascua. Buenos ingenieros que eran, construyeron una magnífica infraestructura hidráulica para la época. Pero no fue suficiente para poder sobrevivir a las sequías extremas. El golpe de gracia se lo propinó la etapa cálida mencionada. Y toda su ingeniería no sirvió para compensar las consecuencias de la deforestación y el deterioro, provocado por ellos mismos, de sus frágiles ecosistemas. Fueron algunas de las consecuencias del cambio climático de la época.

Y la incapacidad nuestra para asimilar errores pasados

Nuestra sociedad, si no cambiamos las cosas, no tiene pinta de que vaya a evolucionar de manera diferente. Parece que no somos capaces de aprender nada de los que metieron la pata con antelación. Esas civilizaciones caídas cuyos restos todavía nos impresionan. Cosa que futuros terrícolas no podrán decir de la actual, con la horrorosa, indescriptible, caótica e insostenible arquitectura que desgraciadamente luce. Y con el urbanismo absurdo que diariamente padecemos.

Un fugaz atisbo de inteligencia consistiría en aprender de los errores que otros cometieron con antelación. Empaparnos de historia. Pero, por el camino que vamos, dudo que seamos capaces de asimilar nada. Parece que el agudo Chateaubriand, una vez más, volverá a tener razón.

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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6wakamole 05/10/2010 | 14:19

#4 EN cuanto a las estaciones de esqui, sabemos quien hace negocio y no son los habitantes precisamente... nos quejamos de Benidorm y estamos intentando llevar el mismo modelo a la montaña

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5wakamole 05/10/2010 | 14:18

#4 Si para alguien es peligrosa la carretea de Matalascañas es para la fauna, especialmente los linces. Claro, atropellas un bicho de estos a 100 por hora y te puedes poner a rezar... Conozco mejor el caso de San Martin de ValdeIglesias. Pueblo pequeño en el que se va produciendo una invasión de segunda vivienda. Aumenta el tráfico, los atascos, los accidentes y hay que hacer una nueva carretera. Y, aunque la comunidad de Madrid ha intentado hacer una carretera lo más sostenible posible, el problema está en que esto facilitará más el acceso y provocará más segunda vivienda y la carretera de dos carriles volverá a quedarse pequeña...

Pues el que compró una casa en San Martin sabe en las condiciones en las que lo hizo.

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4drizzt 05/10/2010 | 13:14

#3
Discrepo, se es ecologista con el dinero de los demás y normalmente sin entender las necesidades de los que hacen esas obras. Caso Matalascañas, ¿Conoces esa carretera?. Yo sí, y te puedo garantizar que es de la más peligrosas de la provincia de Huelva. Bien, paguemos a los señores de Matalacañas, entre todos, su viviendas a precios de mercado y cerremos la carretera, así protegemos Doñana.

San Isidro, otro sitio que conozco en las cercanías de San Glorio. Una inversión que puede dar vida a toda una zona con un despoblamiento rural tremendo, vida, trabajo. ¡Ah no!, eso no. Pues entonces, ¿qué tal si le pagamos a los lugareños de esa zona por el posible beneficio que van a dejar de percibir?

Vamos a recuperar el Lobo y el Oso. Me parece bien. Pero claro, habrá que pagar el coste en los ataques al ganado, ¿Verdad?. ¿Qué tal una tasa en la carne de vacuno, los quesos y los borregos para pagarlo?.

Hace un pantano en medio de la Amazonia: Eso es muy cómodo de decir cuando en no se tienen problemas de agua potable, como si puede haber en países que riega la cuenca del Amazonas.

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3wakamole 05/10/2010 | 13:00

#2 "...el desarrollo de la sociedad es lo que hace posible que te preocupes por el medio ambiente..." es correcto hasta que el medio ambiente te estorba. Entonces se puede meter una vía rápida por medio de Doñana, hacer estaciones de esqui en reservas naturales, hacer un pantano en medio de la Amazonía o perforar en el ártico.

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2drizzt 05/10/2010 | 11:21

#1
Nombrar el éxito de otras civilizaciones, no va con el mensaje catastrofista que se nos quiere vender.

Aparte, si hay algo que he visto y de lo que estoy convencido, es que precisamente, el desarrollo de la sociedad es lo que hace posible que te preocupes por el medio ambiente. Sólo hay que ver los métodos agrícolas de los países menos desarrollados como son y sobre todo como se cuida.

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A través de Apuntes de Enerconomía, José M. de la Viña, Dr. Ingeniero Naval, persigue transmitir sus experiencias y reflexiones sobre temas relacionados con la energía y el medio ambiente, sector en el que ha desarrollado gran parte de su carrera profesional. Informar, promover el debate, contribuir modestamente a que los lectores puedan forjarse sus propios puntos de vista y, de esta manera, ser entre todos capaces de construir un futuro mejor.

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