Los inquisidores económicos de la austeridad y sus tremendas consecuencias

“No hay excusa para las tremendas consecuencias económicas y sociales que la política de austeridad impuesta en la UE está provocando”. Estas palabras son

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    “No hay excusa para las tremendas consecuencias económicas y sociales que la política de austeridad impuesta en la UE está provocando”.

    Estas palabras son de Achim Truger, economista de la Berlin School of Economics. No todos los alemanes piensan como el señor Sinn o la señora Merkel. Pero, por desgracia, algunos “expertos” aún son favorables a la austeridad. 

    En el 2010, veinte “reputados economistas” (lo mejor de la casa: Davies Goodhart de la LSE, Vilckers de la Universidad de Oxford, Pesaran de Cambridge, Rogoff de Harvard, Sargent de Nueva York…) apoyaron en una carta la austeridad de Cameron. ¡Nada menos que un subgobernador y cuatro miembros del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra, un exsecretario del Tesoro, el jefe del departamento de Economía de la LSE y el expresidente de la Asociación Económica Europea!

    Según el ministro Osborne, “los mejores economistas del mundo han enviado el mensaje de que el Gobierno no tiene un plan de reducción del déficit y esto amenaza la economía por el aumento de tipos”.  Era necesaria “la consolidación fiscal con reducción del gasto público, o la pérdida de confianza aumentaría los tipos y la estabilidad de la libra”.  No todos opinaban igual. Otros economistas respondieron que los recortes tenían que ser pospuestos, ya que el sector público debía “mantener el gasto para ayudar la reducción del gasto privado”.

    Dos años más tarde, es tan evidente que la austeridad no ha funcionado que, según el artículo, solo uno de esos veinte “economistas” está dispuesto ahora a apoyarla de nuevo. Nueve de los veinte han pedido al ministro que “abandone su oposición a los estímulos fiscales y que promueva la política de crecimiento y mayor gasto en infraestructuras”.

    Uno de ellos dice ahora que “el sector privado está tan débil que el sector público es el único que puede gastar para hacer que la economía funcione”. Lo contrario que dijo antes. Otro, que “necesitamos crecimiento y esto requiere inversión. El gasto público en infraestructuras, que tiene un alto multiplicador, tiene sentido”. 

    Uno más que “existe una oportunidad para que el sector público realice proyectos de infraestructura. Hay muy poco peligro de crowding out y el gasto tiene altos retornos”. Otro, Vickers, al preguntarle si firmaría la carta, ahora responde que “gracias, pero paso”. Incluso Rogoff, cuyos estudios son utilizados por los “expertos” españoles para defender la austeridad, el que decía que los países con menos deuda y gasto público crecen más, afirma ahora que “siempre he favorecido la inversión en proyectos de infraestructura pública”. De risa.

    El fallo en la austeridad no es exclusivo del Reino Unido. Todos los que han seguido las “recomendaciones” de austeridad han agravado su situación: Irlanda, Italia, Portugal… Si saben que es errónea, ¿por qué estos “inquisidores de la austeridad” todavía la apoyan? Algunos, porque niegan que una de las causas de la crisis sea el endeudamiento privado. Para ellos, el problema es de deuda pública, lo cual es mentira.

     

    Dicen que la austeridad funciona a pesar que el FMI confirma que la idea de que ella lleva a la recuperación es una ilusión: “Los estudios proporcionan poco apoyo a la hipótesis de la austeridad expansiva”. Más aún: “Los métodos que proclaman el carácter expansivo de la austeridad son tendenciosos, parciales”. Métodos tendenciosos para justificar la política de austeridad.

    Dicen que la política fiscal no sirve al no tener efectos en la economía. La verdad es que se sabe que el gasto público tiene efectos positivos desde 1998. El FMI acaba de reconocer su error sobre el multiplicador. La política fiscal sirve contra la crisis. Otros informes también prueban lo mismo. No solo tiene un efecto positivo. Delong y Summers explican que “la política fiscal es crucial, la expansión fiscal puede incluso autofinanciarse. La política de reducir déficits públicos puede tener efectos adversos, exacerbando problemas para pagar la deuda”. 

    Algunos defensores de la austeridad se basan en mitos como el de que el gasto público detrae recursos de otras actividades, el crowding out, la teoría de “Fondos Prestables”, que los ahorros son finitos o que 1 euro de gasto del sector publico impide 1 euro del privado.

    Esto es falso. Desde 1971, no existe tal cantidad limitada de fondos porque las entidades financieras no tienen limitación para prestar, salvo la de capital. La capacidad de compra de la deuda viene en primer lugar del gasto público. Kalecki lo explicó hasta la saciedad. Ante la evidencia, cambian de excusa y dicen que, en realidad, no hay austeridad ya que los gobiernos no cumplen sus objetivos de reducción de déficits.

    Portugal ha sido el “buen hijo” de la troika por su imposición de ajustes. Ha impuesto todas las medidas de austeridad que le han pedido. Pues bien, acaba de reconocer que no puede cumplir su objetivo de déficit. ¿La causa? ¿Exceso de gasto público? ¿Planes “E”? No. La caída de la recaudación de impuestos.

    Paulo Mauro estudió por qué aunque los gobiernos lo intentan, no reducen sus déficits. Su conclusión es que el menor crecimiento es “el factor que determina si un ajuste fiscal va a tener éxito. Tan pronto como el crecimiento cae, el descenso de los ingresos por impuestos desvía el objetivo de reducción del déficit”. 

    Esto es lo que está pasando. Según Eurostat, el déficit público aumentó a pesar de las medidas de ajuste, o mejor dicho, debido a ellas. Por esto es tan importante una política de crecimiento. Pero ellos lo niegan. Dicen que la austeridad es necesaria para la confianza. Según Trichet, “la sostenibilidad fiscal incrementa la confianza de familias, empresas e inversores, que es el factor clave de la recuperación”. Según él, “es incorrecto decir que la austeridad cause contracción”.

    El hombre que estuvo en el BCE cuando todo se germinaba. Por eso ganó el Carlomagno. Premio que dan a quien dice que cuando “las cosas se ponen serias, hay que mentir”. La idea de la “confianza” se relaciona con las expectativas racionales de Muth y el mercado eficiente, que asume que el sector privado no comete errores al prever el futuro y que adapta sus decisiones según sus expectativas sobre la actuación de los gobiernos. Esta teoría tan increíblemente absurda es, según Trichet, “la clave de la recuperación”.

    Es el cuento de que si mañana el señor Rajoy anunciara que, por el milagroso efecto de la austeridad, no hay déficit, al minuto siguiente, las familias saldrían a gastar, las empresas a contratar y los inversores a invertir. Ni el FMI se lo cree. Idea tan surrealista que es imposible creer que gente que pasó la escuela elemental lo diga.

    Otros piden austeridad y devaluación interna, a pesar de que el informe del BCE sobre el mercado laboral demuestra que esta medida no funcionará, pero a ellos que más le da.

    Otros dicen que el sector exterior es la solución… Pero no todos los países pueden exportar a la vez; alguien tendrá que importar y la austeridad provocará un largo periodo de desempleo que los sectores exportadores no absorberán porque la elasticidad del gasto interno es mayor que la del exterior.

    Entonces proponen emprender porque faltan emprendedores en España. El sector público que no actúe, que deje a los emprendedores. La verdad es que existen más autónomos y más pymes en el sur que en Alemania. 

    Como demuestra la teoría económica y la realidad, la austeridad no funciona, empeora la crisis. Sin embargo, algunos persisten en la idea. ¿Por qué? Porque no se trata de austeridad. El tema es mayor. Se trata de si el sector público tiene papel en la economía o no, de mantener el “estado de bienestar”, de tener prestaciones sociales o leyes de pobres, de tener un buen sistema laboral o el modelo chino.

    Se trata de cambiar el modelo social, de privatizar, de ganar pasta. Estamos en guerra y la estamos perdiendo, por goleada. Se trata de construir la UE que no se pudo tener en 1999. La crisis es la oportunidad para avanzar hacia la unión total. No es casual. La UE creó deliberadamente la mayor burbuja del crédito de la historia: el euro. Y esto lo sabían. ¡Cómo van a hacer algo para evitarla!

    La UME fue creada para que fallara. Hasta una vuelta al Imperio Otomano o unir países que empezaran por la letra “M” habría tenido más éxito que esta UME y el euro. Y para que no quepa duda, lo dicen a la cara: la UE se transformará en un solo país, “la Comisión se convertirá en un Gobierno, el Consejo se convertirá en una segunda Cámara y el Parlamento Europeo tomará responsabilidades”.

    Pero para llegar a este punto, hay que mantener a la población confundida, deprimida, temerosa de perder su trabajo, su casa, su pensión, hacerla culpable de la crisis por comprarse una casa y convencerla de que ellos tienen la deuda con las entidades alemanas.

    Para esto, el papel de los “expertos” es clave, porque al manipular y ocultar el origen de la crisis permiten que la agenda se alcance, aun a costa de los ciudadanos. Estamos hablando de personas con nombres y apellidos, con familias, ilusiones, amigos que están perdiéndolo todo. Los efectos de la crisis están documentados. Existe una “asociación entre suicidios y desempleo”, como vemos estos días, pero les da igual. Esto es criminal. 

    Desde Londres
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