La única salida: una revolución política

Hasta aquí hemos llegado. Esta farsa de democracia se ha terminado. Su prolongación artificial solo añadirá mucha más miseria, mucho más dolor y muchas más lágrimas

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    Hasta aquí hemos llegado. Esta farsa de democracia se ha terminado. Su prolongación artificial solo añadirá mucha más miseria, mucho más dolor y muchas más lágrimas a los españoles. El grado de descomposición y degradación moral de la oligarquía política depredadora y corrupta, la que nos gobierna y la que está en la oposición, supera ya ampliamente lo considerado tolerable en el mundo civilizado. Y todo ello dentro del mayor desplome económico conocido por España en tiempos de paz, desplome que se está acentuando y no moderando. El miércoles, ante un Parlamento de aplaudidores y vendidos, Rubalcaba y Rajoy escenificaron con una desvergüenza pasmosa un debate amañado, donde el primero pasó sobre ascuas por la corrupción y el segundo ni la mencionó. Fue el hoy por ti y mañana por mí.

    Los niveles de deshonestidad, tráfico de influencias y malversación de caudales públicos han llegado a un nivel tal que no hay ni una sola institución que se salve. Es una degradación generalizada, que precipita España hacia un abismo económico y político insondable. Tenemos una crisis de Estado en toda regla y las crisis de Estado se resuelven solo con el cambio del modelo político, que es justo lo contrario de lo que pretende la casta. En concreto Rubalcaba, aún con el partido desarbolado ante los nuevos escándalos, piensa que Rajoy está acabado y ha pasado del “aquí no pasa nada” del miércoles al “a estos imbéciles nos los pasamos por la piedra”, les cercamos las sedes en un remake del Prestige y del 11M, obligamos a nuevas elecciones, resucitamos el Frente Popular y –con los votos de los separatistas, a los que ofrecería la ruptura de España en cómodos plazos– volvemos a gobernar y repartimos de nuevo las cartas.

    Y entonces, ¿qué otras instituciones podían frenar el desastre? Absolutamente  ninguna. La jerarquía católica está de perfil, con su parte nacionalista a favor de la destrucción de España, y el resto a ver por dónde soplará el viento. El Ejercito, tremendamente descontento pero desarticulado, es la única institución que todavía cree que la Constitución está para cumplirse, por lo que no moverán ficha por el cambio de modelo político. Habrá que ver qué hacen cuando la mafia política y la Corona decidan rendir España ante cuatro familias catalanas acusadas de corrupción –y al por mayor, nada de sobrecitos de 25.000 euros–. Y del monarca qué les voy a contar, si hasta recibe a Mas, que se ha declarado en rebeldía con el objetivo inamovible de la destrucción del orden constitucional y de España, y como está quebrado viene a pedirle 12.000 millones para financiar su traición. El Rey, en lugar de decirle que se los pida a la mafia rusa o a monseñor Sistach, le escucha sin tirarle por la ventana. Es para no creérselo.

     Un país así no puede seguir                                         

    ¿Conocen la historia de Falciani? Era un alto empleado del HSBC en Suiza que se vio sorprendido por una inusual entrada de importantes capitales que eran borradas casi inmediatamente por un programa llamado Hexagon, que no dejaba rastro. Intrigado por algo tan extraño incluso para Suiza, rastreó el asunto y grabó en un CD 130.000  nombres que entregaría a Christine Lagarde, entonces ministra de Finanzas de Francia. Con excelente criterio, Christine clasificó las personas por países e hizo llegar las listas correspondientes a los presidentes de Gobierno respectivos. La lista de españoles, presuntamente con 659 notables entre empresarios, banqueros y políticos de todo signo, se la entregó a Rajoy. Todos los países excepto Grecia y España hicieron pública la lista y crujieron fiscalmente a los susodichos. Falciani tuvo que salir de Suiza, ya que la violación del secreto bancario es un delito muy grave. Vino España –¿por qué a España?, ¿acaso tenía nombres que pensaba que garantizaban su seguridad?–, donde fue detenido y encarcelado en Gerona.

    Tenemos una crisis de Estado en toda regla y las crisis de Estado se resuelven solo con el cambio del modelo político, que es justo lo contrario de lo que pretende la casta

    Falciani se mostró dispuesto desde el principio a colaborar con las autoridades españolas y parece que lo hizo a tope, ergo aparte de la lista de Rajoy tiene que existir otra. El Gobierno suizo pidió la extradición, pero esta no ha sido concedida y ahora está en libertad provisional. Huelga decir que el Gobierno suizo está que fuma en pipa con el español y ha paralizado sine die cualquier entrega de información. Y la pregunta es: ¿Por qué no publican la lista? ¿A quiénes están protegiendo? Y no estoy hablando de las de más de 30.000 personas que se acogieron a la amnistía fiscal de buena fe, una lista que ningún Estado de derecho puede publicar como pide la izquierda radical, ya que destruiría el último vestigio de seguridad jurídica en España si es que queda alguno. Estoy hablando de los 659 notables de la otra lista, que si son verdad la mitad de la mitad de los nombres que se comentan, la casta política y las otras están acabadas. Rajoy tiene la obligación de publicarlo como todo el mundo civilizado. Es más: exigimos que lo haga ya.

    Otra historia de la degradación inaudita de España: la pasada semana tuve la ocasión de cenar en Londres con la responsable del mayor fondo de pensiones del Reino Unido. Me dijo que veía muchas oportunidades de inversión en España, donde muchos activos no se vendían sino que se regalaban, y que habían estado dispuestos a entrar en muchas cosas, pero que todo se había paralizado al ver las operaciones fraudulentas de la Generalitat en Aguas de Llobregat y en el túnel del Cadí, donde se han saltado la ley y la legislación específica vigente a voluntad. Si se fuman un puro con la Constitución y los derechos humanos y no pasa nada, ¿qué no son capaces de hacer con el resto? El resultado es que ya no hay un solo banco, fondo de inversiones o privados dispuestos a invertir en Cataluña en particular y en España en general, porque entienden que no existe seguridad jurídica alguna.

    Si el presidente del Gobierno oculta el origen del dinero y los nombres de los grandes evasores –porque presuntamente forman parte de mafia política o empresarial–; si las comunidades ignoran la ley o la cambian a voluntad cuando les conviene; si el presidente del Gobierno y toda la cúpula de su partido están acusados personalmente de recibir sobres; si además han llevado la nación a la bancarrota; si el déficit sigue fuera de control; si la deuda es ya  imposible de devolver; si la recesión se está acelerando con el PIB oficial cayendo el doble de lo esperado al 2,8% en tasa trimestral anualizada –que es la relevante–; si la destrucción de empleo es imparable y si los bancos han experimentado una caída de beneficios del 81% –el mayor desplome de su historia–, no hace falta ser adivino para comprender un país no puede seguir así.

    Un Gobierno provisional que haga la revolución política

    Y aparece Rajoy, un político del que no se conoce que haya dicho aún una sola verdad o cumplido una promesa, y nos suelta un discurso de una pobreza inaudita, llena de obviedades y lugares comunes que no demuestran nada,  temas discutibles pero difíciles de probar para ganar tiempo 'hasta que escampe', su táctica favorita, pero dejando silencios clamorosos. Es tremendamente significativo  que no salga como un miura diciendo que va a querellarse contra El País y contra todo bicho viviente. Ni siquiera que lo haga contra Bárcenas pese a tenerlo tirado, ya que aunque los apuntes son muy discutibles –aun siendo su letra, si esta correspondiese a apuntes de 16 años estos serían necesariamente mucho más heterogéneos– su homogeneidad en casi un 80% sugiere que fueron escritos en dos o tres tardes. Ningún juez independiente podría excluir la duda razonable.

    No hay nadie dispuesto a invertir en Cataluña en particular y en España en general, porque entienden que no existe seguridad jurídica

    “El PP no tiene dinero en paraísos fiscales”. Hombre, don Mariano, nadie abre cuentas a partidos políticos. “No estoy en la política por dinero”. Seguro, pero ¿y sus colegas de Gobierno y de partido? Que el jefe de la oposición, el del Faisán, es un oportunista y un miserable, ¡vaya novedad! Que sus declaraciones de renta y patrimonio están en orden, ¿quién puede dudarlo? Afirma rotundo que se compromete a la máxima transparencia. ¡Pues demuéstrelo y empiece por publicar la lista de Falciani! No queremos su declaración de renta, ¡queremos la lista de los 659 notables! Niega la existencia de corrupción y afirma sin rubor que nos gobiernan personas honradas e íntegras, cuando hasta los niños saben que vivimos en el mayor piélago de deshonestidad de la historia de España y hasta el mismo embajador de Estados Unidos le ha pedido que acabe de una vez con ella.

    Lo cierto y verdad es que Rajoy ha hecho una dejación absoluta de liderazgo, que no ha movido un solo dedo para detener el tsunami de corrupción que asola todas y cada una de las instituciones y que, en el colmo del cinismo, tiene la desvergüenza de defender la honestidad de Ana Mato ignorando las pruebas irrefutables presentadas por la Policía. Y luego, ¿cómo puede tener la cara de defender la honestidad del Gobierno cuando el ministro de Industria presenta en Consejo de Ministros una carta demostrando presuntamente que su colega de Hacienda podría estar bloqueando su reforma energética porque perjudicaba a Abengoa, sociedad de la Montoro había sido asesor, y no hace ni caso? Un tema que supone el expolio de miles de millones para los consumidores.

    Pero es que, además, aunque en Génova estén preocupados por los sobres porque les afecta directa y personalmente, Rajoy no puede ignorar que muchos militantes importantes del PP están aterrados por algo peor: los negocios del marido de la señora De Cospedal y los negocios de Montoro y asociados, que podrían convertirse en un escándalo infinitamente superior porque aquí hablamos de dinero de verdad, no de sobrecitos, y de otros conseguidores cónyuges de ministros y ministras. El daño interno y externo que el "sostenella y no enmendalla" que este insensato está ocasionando es ya inasumible.

    ¿Y cuáles son las opciones? La primera la que quiere la izquierda: convocatoria de elecciones y reedición del Frente Popular con la ayuda de los separatistas con la unidad de España como moneda de cambio, algo que sería el apocalipsis en lo económico y que, en el límite, podría llevarnos a febrero de 1936. La segunda es un Gobierno de concentración presidido por alguien del PP. Gallardón ve aquí su gran oportunidad, con el PSOE y otros partidos. Una opción querida por muchos que puede engañar de nuevo a lo opinión pública y dar tiempo a que la mafia haga un nuevo reparto de España como hacía Al Capone con los barrios de Chicago. Cualquiera de las dos implica un gravísimo problema porque no piensan cambiar las reglas del juego, no piensan convertir España en una democracia y no se modificaría un ápice el modelo de Estado. Todo lo contrario: la fragmentación se incrementaría. En estas condiciones la quiebra de España está cantada.

    ¿Qué nos queda entonces? Solo hay un camino: un Gobierno provisional de tecnócratas y notables tipo Monti, que intente detener el hundimiento económico primero y que someta a referéndum los dos grandes temas esenciales para recuperar la estabilidad y la libertad: el cambio de la ley electoral y del modelo de Estado –es decir, una revolución de la libertad política–. Evidentemente, esto es justo lo contrario de lo que quiere la mafia política, pero hay un procedimiento que podría obligarles, un escrito redactado por diez o quince personas independientes de reconocido prestigio, no la legión habitual de los abajo firmantes, y demostrando la situación de falta de democracia y de inviabilidad económica del modelo de Estado. Después, se pediría el apoyo al mismo de todos los españoles de bien que deseen la democracia, el poder elegir a sus propios representantes, el fin de la corrupción y la salida de la crisis.

    Si se consiguen dos o tres millones de firmas, ese documento, perfectamente inútil ante las instituciones españolas, sería presentado en Bruselas, Washington y Berlín, pidiendo la ayuda para que presionaran al Gobierno y al rey para que autorizara los referéndums por el cambio y la libertad. Como tienen cogidos por el cuello a estos mafiosos, puede tener un impacto imposible de controlar por la casta y sus medios afines. Es lo que algunos vamos a intentar, así que volveré a hablarles sobre el tema.

    El Disparate Económico
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