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El Observatorio del IE

Los bancos y el corto plazo

¿Saben cuál es la diferencia entre un banco y un hedge fund? Un banco es un hedge fund mucho más apalancado. Esto no es un chiste,
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¿Saben cuál es la diferencia entre un banco y un hedge fund? Un banco es un hedge fund mucho más apalancado. Esto no es un chiste, es verdad. En el sector de los hedge funds apalancamientos superiores a cuatro veces se consideran muy peligrosos.

El más notable, Long Term Capital Management (que de “Long Term” tuvo lo que los 1.000 años que iba a durar el III Reich) estaba apalancado ocho veces. Desde el desastre de 1998 que supuso el fin de LTCM la proporción de recursos ajenos sobre recursos propios en los hedge funds se redujo considerablemente. Paradójicamente, dicha proporción no ha hecho más que aumentar en el sector bancario. Así, los bancos presentan ratios de recursos ajenos sobre recursos propios que están entre veinte y treinta veces (los más cercanos a treinta o ya han quebrado o están cerca de ello).

Éste es el quid de la crisis crediticia. Si con un euro de capital genero veinte de activos (sobre todo préstamos), esa cartera crediticia será empleada por los deudores en adquirir activos como inmuebles, bonos, o bolsa, cuyo precio, en consecuencia, subirá. Como los bancos centrales sólo miran los precios de consumo y no los precios de los activos, la burbuja crece y crece, engordando hasta morir.

Aquí reside parte del problema actual. Una vez empieza la espiral deflacionista prevista por Fischer en 1933; por cada euro que pierde un banco éste debe reducir veinte o treinta euros de su cartera crediticia (sus activos), para mantener constante el supuesto ratio de solvencia. Al reducir la cartera crediticia se acentúa la caída del precio de los activos (ya que el menor crédito disponible redunda en caídas de precios de casas, bolsa y ciertos bonos), lo que incrementa la morosidad bancaria, resultando en mayores pérdidas que a su vez provocan mayores restricciones crediticias, desembocando en una mayor deflación de activos.

El resultado es una espiral deflacionista que lleva al sector financiero y a la economía al borde del abismo. Decía en Julio de 2007 Vikram Pandit, el malogrado máximo responsable de Citigroup que la música de la liquidez seguía sonando, y mientras fuese así Citigroup iba a seguir bailando a su son. Quién le iba a decir que en unos meses el son sería macabro, y la marcha fúnebre se bailaría sobre su tumba.

Sin embargo, realicemos un ejercicio de higiene mental. Supongamos que Vikram Pandit hubiese percibido en Otoño de 2006 que la excesiva liquidez que imperaba en el sistema financiero suponía un riesgo sistémico extremadamente peligroso para su institución. En consecuencia, da la orden de frenar la expansión crediticia en hipotecas, de cubrir sus posiciones largas en títulos subprime norteamericanos, de despedir parte de la plantilla de titulización y de productos estructurados, de cerrar posiciones abiertas con monoline y con las grandes agencias hipotecarias, de congelar los préstamos a instituciones de capital riesgo y de limitar al máximo sus posiciones abiertas en el negocio de los derivados de crédito (CDS).

La pregunta que sigue es ¿cuándo habría durado el Sr. Pandit como responsable de Citi? La cuota de mercado del banco habría decaído en cuestión de meses, también sus retornos sobre recursos propios, y aunque estas medidas hubiesen sido muy saludables para salvar a Citi del desastre en el medio plazo, lo más probable es que el consejero delegado fuese despedido antes de Navidades de 2006. El nuevo mandatario habría reabierto las operaciones clausuradas por Pandit y la historia hubiese sido parecida a la que al final acaeció.

Esta suposición nos lleva a una importante reflexión ¿están siendo los bancos gestionados pensando el corto o el largo plazo? Y lamentablemente la crisis nos muestra que en estos años el corto plazo ha pesado mucho más que el largo, con el agravante de que los equipos directivos poco pueden hacer contra esta tendencia, debido a la visión cortoplacista del mercado, que a su vez se basa en la exigencia que existe sobre los gestores para que obtengan rentabilidades mensuales.

¿Qué medidas se pueden afrontar para reducir este vicioso círculo? De entrada nunca ofrecer un guidance (pronóstico de resultados) de corto plazo al mercado; así, las compañías norteamericanas están dejando de ofrecer guidance trimestral por su perversión. Segundo, cambiar la estructura retributiva de empleados y directivos de forma que se primen los objetivos plurianuales sobre los anuales.

Tercero limitar sectorialmente o por regulación la capacidad que tienen los bancos para aumentar sus retornos sobre fondos propios (ROE) mediante apalancamiento, primando las mejoras operativas (será de nuevo útil que todos volvamos a aprender la descomposición de DuPont de un ROE para ver cómo un mayor endeudamiento es la vía fácil para aumentar el ROE, y de paso, el bonus).

Cuarto, ya que los sistemas de medición de riesgos basados en Basilea han demostrado sus debilidades (intrínsecas por un lado, y por otro debido a la incapacidad de muchos consejeros independientes y no independientes para entenderlos), volveremos a observar regulaciones que impongan límites al apalancamiento de los bancos (recursos ajenos dividido de recursos propios), cociente que más fácil de entender para reguladores, consejeros y también para las escurridizas agencias de rating.

Quinto extender e intensificar las provisiones genéricas anticíclicas, de forma que en los buenos años se provisionen cantidades muy superiores a la morosidad registrada. Empezaba mi columna de hace dos semanas con una frase de Keynes: “es mucho más fácil para el ser humano equivocarse junto a los demás que enfrentarse a la multitud y decir la verdad”. ¿Qué creen que pensó Vikram Pandit en Julio de 2007?

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