Réquiem por los 311 euros que usted acaba de perder

“La restructuración del sector la pagará el sector y no los contribuyentes”, declaró la exministra de Economía, Elena Salgado, en octubre de 2011 hablando de la
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    “La restructuración del sector la pagará el sector y no los contribuyentes”, declaró la exministra de Economía, Elena Salgado, en octubre de 2011 hablando de la banca, tras haber inyectado el FROB más de 14.000 millones en las cajas y bancos problemáticos. Semejante embuste se fundamentaba en otro, esta vez de su padrino, Pedro Solbes, quien con total desfachatez afirmó en el Consejo de Ministros que nacionalizó CajaSur que “la intervención se realizaba por motivos de liquidez, que no de solvencia”, falacia repetida por su equipo en los siguientes meses.

    Como afirmábamos, la deuda y la mentira van siempre unidas. Hoy se ha reconocido que los primeros 14.000 millones de euros invertidos por el contribuyente vía el FROB se han perdido y hay que realizar el reconocimiento contable, que se llevará previsiblemente parte a 2011 (ampliando el déficit pasado que ya nadie mira, pero que ha salido de nuestros bolsillos) y parte a 2012 (impacto contable que no será tenido en cuenta por Bruselas “porque no afecta al flujo de caja”).

    El total de las pérdidas de la crisis bancaria española ascenderá a unos 260.000 millones de euros (¿recuerdan la famosa mentira emitida en Davos en invierno de 2009, “la banca española ha aguantado bien la crisis”?). De dichas pérdidas, el contribuyente, que ha aportado ya casi 20.000 millones, asumirá otros 35.000-40.000 millones vía el préstamo concedido por Europa y garantizado por todos nosotros, y el Fondo de Garantía de Depósitos, o sea, el común de los contribuyentes, otros 10.000 millones. No sé si se ganará algo con estas “inversiones”, pero sí sé que ya se han perdido 14.000 millones, es decir, 300 euros por español.

    A su vez, dichas pérdidas se han sostenido sobre otra falacia: la contable. Un activo vale lo que yo juzgo que vale, y dicho juicio es santificado por un auditor y por el Banco de España hasta que dejen de hacerlo. Así, el patatal que financié en Murcia en 100 para construir una promoción sigue valiendo 100 mientras yo lo diga. Si con el respaldo de estos “activos” las autoridades me permiten emitir títulos valores (acciones o preferentes) vendidos en la red minorista, la razón de Estado justifica otra mentira más, aunque suponga apropiarse del dinero ajeno, varios miles de millones de euros adicionales.

    A su vez, los consejeros imputados judicial y mediáticamente, y cuyo mérito para estar en un consejo de una sociedad financiera respaldada implícitamente por los contribuyentes se basaba, en su mayor parte, en llevar el carnet del partido en la boca, se defienden con embustes como “yo no sabía nada del agujero”, “me enteré por la prensa” o “yo no estaba cualificado para entender de contabilidad”, rompiendo otra ley sagrada del capitalismo que consiste en compartir riesgos y recompensas. Estos consejeros sólo querían compartir recompensas (sus inmerecidas retribuciones sin ninguna formación que los acreditase como “consejeros”), sin compartir el riesgo, que finalmente acaba en nuestros bolsillos, para mayor desfachatez del sistema que hizo posible semejante aberración. Por eso es importante que a futuro se contemple la responsabilidad patrimonial y penal que graven dichas conductas.

    ¿Por qué el sistema político no paró dichas acciones tan perniciosas? Porque vivía de los réditos que provocaba a corto plazo, aunque conocía las inmensas facturas que provocaría a medio plazo. Recuerden la profecía de la Comisión Europea sobre el mercado inmobiliario español mientras Solbes era eurocomisario: “Hay una burbuja en España”. Rato, ministro de Economía, la negó. Cuando Solbes llegó al poder y Rato al FMI, este último avisó: “Hay una burbuja inmobiliaria en España”. Solbes la negó de nuevo.

    Si el capitalismo consiste en compartir pérdidas y recompensas, el socializar las pérdidas y no hacerlo con las recompensas genera un sistema perverso. Si actuaciones nefastas y sus mentirosos padrinos no son castigados como merecen, se estará pervirtiendo una vez más el contrato social en el que se basa nuestra economía.

    Bernard Ebbers, expresidente de Worldcom, declaró en su defensa en el juicio sobre el escándalo contable que afectó a su empresa: “Yo no entendía estos temas contables”. El jurado le consideró culpable, y fue condenado a 25 años de cárcel cuando contaba con 65 (hoy debe de andar por los 72: no saldrá). ¿La argumentación del jurado? Si usted sabía de contabilidad, es usted culpable por la prostitución de las cuentas de su firma. Si no sabía, también es usted culpable porque era su misión como administrador saber contabilidad. Y eso que la quiebra de Worldcom no exigió dinero del contribuyente.

    Soy partidario de rescatar la banca, porque cuando no se hizo, en los años treinta, el desempleo subió al 35%. Pero este ejercicio hay que hacerlo con la verdad por delante. No se puede reclamar dinero del contribuyente con embustes.

    Goebbels afirmó hace años que una mentira, repetida muchas veces, acaba considerándose una verdad. Sin embargo, la contabilidad y el estallido social han puesto contra las cuerdas esta aseveración.

    El Observatorio del IE
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