Siete falacias sobre las juntas generales de accionistas

En el afamado y sesgado documental Inside Job se presenta un dibujo maniqueo de economistas 'malos' y 'buenos'. Entre estos últimos sale especialmente favorecido Strauss Kahn,
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    En el afamado y sesgado documental Inside Job se presenta un dibujo maniqueo de economistas 'malos' y 'buenos'. Entre estos últimos sale especialmente favorecido Strauss Kahn, anterior director gerente del FMI, quien al poco tiempo tuvo que renunciar por una serie de escándalos sexuales. En mis artículos he señalado en repetidas ocasiones cómo dentro de todos nosotros vive un hipócrita. Es parte de la condición humana. La clave es qué hacemos para luchar contra nuestra propia hipocresía, y contra la hipocresía institucionalizada. 

    Llevo varios años contemplando juntas generales con un interés parecido al que me suscita un zoológico; una junta es a veces un espejo de la condición humana, y en muchas ocasiones la hipócrita condición se perpetúa en el tiempo ante el manso beneplácito de los supuestos dueños. Veamos alguna de las falacias que ilustran dicha hipocresía.

    Primera: la elección y reelección de consejeros 'independientes'. En muchas ocasiones, tal calificativo basta para que la plebe accionarial cubra el expediente de 'independencia'. Sin embargo, en numerosas ocasiones los consejeros no son independientes bien porque representan a empresas que mantienen importantes relaciones con las entidades a las que 'aconsejan', bien porque el número de años que llevan sirviendo independientemente los hace dependientes, bien porque les unen relaciones de amistad íntima con el primer ejecutivo, o bien porque la estructura de retribución es tan desmesurada que en la práctica se viola la independencia. La primera función de un consejero es aconsejar, lo que exige conocimiento sobre sus consejos. El nombrar consejeros por diversidad está bien si previamente se le requiere el conocimiento. El nombrar consejeros por diversidad y sin tener en cuenta el conocimiento es, en mi opinión, administración desleal. Estas falacias ilustran porqué estúpidas adquisiciones como la de ABN por RBS fue votada por unanimidad por un consejo con muchos “independientes”.

    Segunda: el nombramiento de ciertos miembros de comisiones de auditoría que deberían maximizar la calidad contable de la empresa. Dichas comisiones son muy relevantes, ya que pueden actuar de contrapeso al director financiero si este pretende falsear las cuentas de la empresa, además de supervisar el trabajo de auditoría externa e interna. Sin embargo, si la entidad pretende el control efectivo de dicha comisión para evitar opiniones díscolas, no hay más que nombrar a ignorantes contables y financieros en dicha comisión, y así se pueden mantener las ficciones contables con las que luego estafar mediante la emisión de títulos como las acciones preferentes. Las cuentas de muchas cajas de ahorro eran falsas durante varios años debidas precisamente a esta falacia.

    Tercera: la manipulación de las cifras de beneficios para contentar a la 'clap'. A pesar de estar viviendo la crisis económica más importante desde los años 30, en numerosas ocasiones las empresas siguen mostrando fantásticos ratios de crecimiento de los beneficios. Así, si la acción ha subido la junta se congratula por la proeza, y si ha bajado se contrapondrá dicha bajada a la subida de los beneficios para afirmar que “los mercados son ignorantes” o que “nadie se lo explica”. La aparente inconsistencia radica en la relatividad de los beneficios, ya que al mercado lo que le importa es su calidad, medida como flujo de caja dividido por los beneficios, y su recurrencia en el futuro. A menudo los 'beneficios' suben, pero no el flujo de caja ni tampoco por operaciones ordinarias. Por eso la acción baja.

    Cuarta: ensalzar el crecimiento del grupo como mérito propio. El crecimiento, efectivamente, es la principal variable que afecta a los múltiplos bursátiles, pero le falta el apellido; lo que genera valor es el crecimiento 'orgánico'. A menudo, cuando una firma entra en decadencia y ya no crece, o incluso decrece, realiza adquisiciones para integrarlas de forma que ópticamente siga apareciendo un 'crecimiento'. En realidad no lo es tal ya que las adquisiciones se pagan con caja, con deuda y con acciones, y en numerosas ocasiones en dichas adquisiciones se destruye valor en tales compras. Que el nivel de adquisiciones se dispare con la bolsa en máximos y esté en mínimos con la bolsa en sus niveles más bajos ilustra bien esta falacia.

    Quinta: la mejora de los ratios contables. En muchas ocasiones se presentan famosos ratios como el retorno sobre fondos propios (ROE), siempre en continua mejora. En realidad, muchas veces dichos ratios son manipulados. Imagínese que acaba de ser usted nombrado presidente de una gran corporación con un mal ratio ROE de un 6%, estando a primeros de enero. Su primera decisión estriba en aplicar políticas contables 'conservadoras', así que ordenará reducir el valor de activos 'cuestionables' adquiridos o desarrollados por el anterior presidente. Dicha acción minorará los fondos propios (el denominador del ratio) digamos un 50%. Luego se va usted de vacaciones doce meses y a la vuelta, con un mismo nivel de beneficios, el ROE habrá subido del 6% al 12%. Usted podrá afirmar orgullosamente en la junta “tras doce meses de arduo trabajo hemos conseguido duplicar nuestro retorno sobre fondos propios”. En realidad no ha sido más que apretar una tecla contable en el ordenador.

    Sexta: las recompras de acciones y las ampliaciones de capital 'gratis'. Se venden como un hecho bondadoso hacia los accionistas, cuando en realidad muchas veces van dirigidas a recomprar acciones para ser entregadas a los directivos para la ejecución de las stock options. Respecto a dichas ampliaciones de capital son sencillamente mentira, ya que el beneficio es el mismo y el número de acciones para repartirlo, mayor.

    El siempre brillante Warren Buffet invita a hablar en sus juntas generales a un inversor que tiene una opinión negativa sobre su empresa, para de esa forma abrir el debate y acotar los riesgos. Muchas de las seis primeras falacias se mitigarían si los consejos tuvieran la valentía y la honradez intelectual de imitar a tan afamado inversor.

    Tras la crisis financiera, muchos reguladores se afanan en redactar nuevos códigos de 'buen gobierno' que prevengan muchas de las falacias aquí ilustradas. Sin embargo, ¿quién está detrás de dichos reguladores? El poder político, que no cumple ninguna de las recomendaciones arriba expuestas, es el que más intenta sistemáticamente incumplirlas. He ahí la séptima y más desgraciada de las falacias.

    El Observatorio del IE
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