En defensa de los analistas de bolsa... una profesión denostada que cambiará

Imaginemos a un panadero que vende sus barras a un euro, y que veinte años después tiene que hacerlo a diez céntimos

Foto: Foto de recurso de análisis financiero
Foto de recurso de análisis financiero

En la recientemente aclamada película 'Elle', del maestro holandés Paul Verhoeven, durante una cena cada comensal comenta su profesión. Un joven se disculpa diciendo que su profesión es peor que la de una condición pedófila, ya que trabajaba como “banquero de inversión, profesión más que denostada”; en realidad, la profesión es la de vendedor de bonos, y el personaje de la película da bastante de sí. Hace cinco de años publiqué un artículo “en defensa de los banqueros de inversión” debido a la vorágine mediática y social que se desató sobre tal profesión, demonizándola en mi opinión injustamente. Razonaba que la mayoría de los muchos banqueros que he conocido en mi vida eran personas extremadamente trabajadoras, inteligentes y honradas, y que en muchas ocasiones los medios tendían a seleccionar un caso cuestionable para consciente o inconscientemente proyectar la sombra sobre el colectivo, de forma que la psique social desempeñara el resto del trabajo: el linchamiento moral. En realidad nada nuevo bajo el sol, ya que dicho método se ha empleado con éxito desde hace siglos, y especialmente en el siglo XX por determinados regímenes.

La inminente aplicación de la normativa MIFID 2 prohibirá cobrar el coste del análisis en las comisiones de intermediación de instrumentos financieros. De ahí que hayan irrumpido artículos de todo tipo pronosticando la desaparición de la profesión del analista, que no goza tampoco de su mejor reputación. Entre los argumentos que se esgrimen destacan: a) que al no crear supuestamente valor la gestión activa sino la pasiva (que compran acciones en base a si están o no en un índice y no por fundamentales que analizar), el presupuesto para pagar análisis continuará reduciéndose, lo que hará peligrar aún más la industria, y que b) al tener que asumir las gestoras en su cuenta de pérdida de ganancias el análisis, y no el partícipe, provocará una fuerte reducción del pago y consumo de análisis.

Un inversor observa la cotización en un móvil. (EFE)
Un inversor observa la cotización en un móvil. (EFE)

En realidad, la amenaza de la profesión viene desde muy lejos. Yo comencé mi carrera profesional de analista, y aproximadamente se cobraba entonces un 0,6% por intermediar una acción, por su recomendación por un ventas y por proporcionar el análisis económico y empresarial asociado a la decisión de un fondo de inversión en comprar o vender el activo. Veinte años después la comisión media que se obtiene por estos servicios es de menos de un 0,06% (frente a comisiones de gestión activa que oscilan entre el 1% y el 2% anual de los fondos gestionados), todo esto en un contexto en el que ha multiplicado el coste regulatorio. Imaginemos a un panadero que vende sus barras a un euro, y que veinte años después tiene que hacerlo a diez céntimos; ¿hay alguna forma de que gestione sus costes para que pueda hacer frente a tan enorme compresión de ingresos? En este contexto no es de extrañar que queden cada vez menos analistas, que los que queden presenten cada vez menos años de experiencia en el sector que cubren, y que los analistas restantes, cada vez con más empresas y clientes bajo cobertura, sean incapaces de producir informes densos y profundos sobre el futuro de industrias y de compañías, análisis que además nadie quiere pagar.

Yo mismo fui amenazado con un juicio si seguía escribiendo sobre la contabilidad de una empresa de medios cotizada

Como he tenido la enorme fortuna de conocer muchos analistas en mi vida profesional, la inmensa mayoría de lo que sé se lo debo a ellos. En su mayor parte son tipos incisivos, escépticos, independientes (es cierto que a veces no puedes escribir todo lo que piensas, como ocurre en otras grandes profesiones, yo mismo fui amenazado con un juicio si seguía escribiendo sobre la contabilidad de una empresa de medios cotizada, pero al teléfono siempre hablabas a un cliente con total franqueza), con capacidad numérica, con dosis de persuasión oral y escrita y con relevante integridad.

¿Qué ocurrirá en el futuro? Mi impresión es que la vorágine que se inició hace ya muchos años se intensificará, lo que llevará a una reducción aún mayor de capacidad instalada, o sea que seguirán los despidos. Con todo, la menor oferta, como explica la economía clásica, redundará en mayores precios a medio plazo, lo que provocará la irrupción futura de una industria reinventada, en la que se producirá menos análisis, de mayor profundidad, y más coherente con el realmente demandado por las instituciones, en otras palabras, como era el análisis hace muchos años. Este “nuevo” análisis volverá a reunir los requisitos para que se pueda afrontar desde la cuenta de pérdidas y ganancias de la institución cliente, como en cualquier otro negocio.

A nivel de mercado, el ascenso de fondos de gestión pasiva provocará la desaparición de los fondos de gestión activa que no creen valor

A nivel de mercado, el ascenso de fondos de gestión pasiva provocará la desaparición de los fondos de gestión activa que no creen valor, lo que abrirá enormes oportunidades a los restantes fondos de gestión activa de calidad, que no tendrán que comprar o vender una compañía sólo porque estén en un índice sino porque son empresas de calidad a precios atractivos. Esta tendencia redundará necesariamente en un mayor consumo de análisis. Por otro lado, muchas compañías medianas verán cómo desaparece el análisis que se emite sobre sus nombres, lo que repercutirá en menor liquidez y en un mayor coste de capital de dichas empresas, como han señalado ya varias investigaciones, por lo que tendrán que acudir a soluciones más o menos perfectas como las que se aplican en los mercados de bonos corporativos, que pasan de nuevo por el análisis. Por último, la separación total entre ejecución y análisis permitirá que cada gestora pueda abrir su presupuesto al análisis global que realmente necesite, lo que permitirá abrir un “supermercado” de análisis (como hoy ocurre en fondos) que favorecerá la especialización y la personalización.

Recuerdo hace muchos años una clase de un profesor de estadística que nos planteó el famoso paper de Princeton de 1973 que relataba cómo un mono que tiraba dardos a las páginas financieras de un periódico acertaba más que un grupo de analistas de bolsa. Este paper ha pasado de boca en boca, aunque en realidad no se trata más que de un exabrupto. Si fuera verdad, las grandes gestoras como Fidelity tendrían una sala llena de monos tirando dardos, en lugar de consumir y pagar por el análisis como hacen; de hecho, el 45% de las comisiones pagadas por los fondos activos se asignan por análisis, el 35% por ejecución, y el 25% por ventas.

Al acabar la clase encontré al profesor tomando un café leyendo un informe de bolsa. He ahí la trágica contradicción de la psique.

El Observatorio del IE

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