Cuanto peor, mejor. Es una de las ideas recurrentes en torno a la bolsa ya sobrevuela a las opiniones contrarias que abundan en la economía financiera (mercado). Otra es que suele anticipar escenarios futuros de la economía real (macro, empleo, consumo) con bastantes meses de antelación. Salvo
‘cisnes negros’ y shocks puntuales, siempre lo hace. Por eso, las opiniones contrarias son escuchadas con atención en momentos de indefinición. Hoy el mercado parece tocado como ocurría en 2009.
Es un hecho que la economía real está exhausta y carece de nuevos estímulos para sostener su crecimiento en muchos de los grandes países es más que un hecho a la luz de los últimos indicadores.
Ahora bien, ¿están las bolsas en el mismo momento de expectativas? No lo parece. La posibilidad de que no llegue el fin del mundo, que Grecia, España o EEUU no hagan default también existe. Y es razonable pensarlo.
Muchas de las grandes multinacionales, que llevan tres años recortando costes y estructuras, han ido amasando en este tiempo posiciones de tesorería no vistas nunca jamás. Es especialmente flagrante lo que ha ocurrido en el sector tecnológico, el verdadero sostén del mercado en estos últimos años de crash financiero.
Jeff Reeves, editor de investorplace.com, enumera y justifica brevemente hasta once de las razones por las que, en su opinión, se puede desatar una nueva tormenta alcista sobre las acciones que cotizan en bolsa.
Ya ocurrió de marzo a noviembre de 2009, cuando algunos de los principales mercados llegaron a casi duplicar sus niveles. Fue un rebote violento en respuesta el pánico entre los inversores y crash bursátil de 2008. Sin embargo, entre 2010 y 2011 la mayoría de índices se han movido en una especie de baile lateral en espera de lo que sucede con las crisis de deuda soberana que se han encendido en Occidente.
Entre los motivos de Reeves para pensar esto se encuentra las montañas de capital acumuladas entre la cuentas de grandes corporaciones.Según las cifras que maneja,
sólo en EEUU superan de largo los 1,1 billones de dólares. Esa situación del balance contrasta con otras compañías que siguen intentando desendeudarse o desapalancarse desde hace tres años. Algunas han llegado a niveles de equilibrio otra vez. Todas ellas van a tener que invertir y poner su dinero a trabajar después de haber disfrutado de dinero casi gratis emitiendo deuda corporativa y refinanciando a precios más bajos.
Si los tipos, como en Europa, inician el regreso a la neutralidad -en torno al 3,5% y 4%-
es probable que ya no sea rentable ser una ‘empresa deflacionaria’, es decir, que incrementa su tasa de ‘ahorro’ (caja) y no lo gasta, invierte en contratar empleados o en nuevos equipos y máquinas. Deben salir en algún momento de la anorexia empresarial en la que viven si no quieren llegar. A su vez, el número de fusiones y compras corporativas sigue creciendo paralelamente. Pero las compañías y fondos que tienen dinero no saben dónde ponerlo.
Las alternativas a la bolsa en este momento son escasas. Ni siquiera las materias primas, el petróleo o el oro parecen atractivos en los niveles actuales, tras registrar sustanciales incrementos desde 2009. Tampoco las cuentas de alta rentabilidad o los depósitos. Las rentabilidades por dividendo en muchas cotizadas rozan casi el 10% anual hoy. Y luego está el regreso de la actividad en las salidas a bolsa, que provoca tres efectos inmediatos.
Uno, aumentar la oferta en la que invertir de muchos fondos de inversión que siguen en liquidez y fuera de mercado de acciones. Y dos, inyectan dinero fresco a los accionistas que venden en las OPVs y que pueden volver a reinvertir. ¿Tres? Que el dinero fluya de unos valores a otros y aumenten los volúmenes y las comisiones por intermediación.
Las valoraciones de los grandes grupos -que son los que más peso tienen en los índices como el Dow Jones o el Ibex 35 español- rozan lo ridículo. Grupos como Microsoft tienen un PER (relación entre el beneficio y la cotización) de 8 veces, similar a otros como Caterpillar o las grandes petroleras del mundo (Exxon, Total, BP...). En España, Telefónica cotiza a 8 veces beneficios, mientras que la estimación para Santander o BBVA es que coticen a 6 veces. La media histórica del Ibex se sitúa en 14-15 veces, aunque ese nivel recoge un comportamiento mayoritariamente alcista desde su creación en 1992.