Verde que te quiero verde

A orillas de la sirenita, vistiendo sus mejores galas de renovable esperanza, desfilan, entre humeantes cortinas, brotes, vientos, y hasta ramas. Apremia congelar el tiempo, nos
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    A orillas de la sirenita, vistiendo sus mejores galas de renovable esperanza, desfilan, entre humeantes cortinas, brotes, vientos, y hasta ramas. Apremia congelar el tiempo, nos dicen, antes que arribe la marea amarga, mientras intenta cambiarse, cual sonámbulo romance, caballo por casa, montura por espejo, y cuchillo por manta. Last call negociable con ojos de fría plata, ¿no ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta?. Falsa sutura en corto y a muy largo la fianza, tal vez olvidando que yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa.

     

    Si todavía perdura el eco de Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad, donde quedaban patentes los efectos del calentamiento global sobre una gran variedad de sistemas físicos y biológicos, algunas de las conclusiones del Informe servido como recordatorio previo a la Cumbre resultan demoledoras. Así, se estima que en la actualidad, el cambio climático pone en jaque a dos terceras partes de la población mundial, con más de 300 millones de personas gravemente afectadas, otros 500 viviendo en condiciones de riesgo extremo, cerca de 20 millones de desplazados, y cobrándose un lúgubre tributo en torno a 300.000 muertes anuales. En 2030, las proyecciones apuntan a que se sobrepasará el duplo en desgracias personales, mientras triplicarían las pérdidas económicas, hasta superar los 300.000 millones de dólares por ejercicio.

     

    Dejando a un lado el debate sobre su etiología, lo cierto y verdad es que la última década ha sido la más calurosa de cuantas se tiene constancia, con la Pachamama enardeciéndose 0'74ºC adicionales entre 1906 y 2005, adquiriendo una progresiva y preocupante aceleración en el último tercio del periodo, a razón de 0'18ºC cada diez años. De continuar esta tendencia, la temperatura media de la Tierra podría incrementarse en 2ºC antes de dar la bienvenida, si el calendario Maya lo permite, al próximo siglo. En tanto los glaciares se derriten, sube el nivel del mar, y mutan los ecosistemas, la supervivencia del planeta exige el inaplazable consenso para la reversión de un proceso en el que, sin duda, el factor humano resulta determinante. Dado que las concentraciones de CO2 han aumentado casi una cuarta parte en los últimos diez lustros, y que los efectos de cualquier reducción en las emisiones de GEI operan con un retardo aproximado de 20 años, el futuro es ahora.

     

    El reto, por tanto, consiste en alcanzar un acuerdo sobre un nuevo patrón de crecimiento biosostenible que incluya, además de la correspondiente merma de efluvios, el diseño de mecanismos de adaptación tecnológica que permitan su viabilidad a largo plazo, así como imprescindibles facilidades de financiación y fondos compensatorios. Para lograr estos objetivos, se barajan tres opciones básicas: la modificación y ampliación del Protocolo de Kyoto antes de su expiración en 2012, la fabricación de otro más ambicioso e integrador en el camino, y/o aunar consensos mediante iniciativas individuales anejas, al estilo de la APP, cuyos miembros representan más de la mitad de la población, consumo energético, y emisiones de GEI mundiales. Como trasfondo, la reforma de un modelo global basado en combustibles fósiles y su transición, a ser posible ordenada, hacia fuentes green & clean.

     

    El equilibrio respecto a necesidades e imperativos; entre rebajas de emisiones en los países industrializados y límites a su aumento en los países en desarrollo, las diferencias de criterio en relación al timing e itinerarios del proceso, así como las asimetrías en los compromisos acerca de los niveles de referencia; constituyen el quid de la cuestión. La consecución de un pacto equitativo sobre quién, cuánto, cuándo, y a cambio de qué, permitiría rubricar un acuerdo jurídicamente vinculante, sometido a sanciones por incumplimiento, cuya materialización se espera en forma de Tratado para 2010. Seal the deal. La UE ya predica con el ejemplo, mediante la adopción incondicional de su paquete climático "20/20/20 en 2020", además de ambiciosos objetivos para 2050, y aún estaría dispuesta a realizar esfuerzos adicionales si encontrase sensible reciprocidad por parte de otros big players que, a estas alturas, siguen dando una de cal y otra de arena.

     

    Tanto Estados Unidos como China, ambos responsables de cuatro décimas partes de las emisiones totales de GEI, juegan al ratón y al gato desde posiciones en exceso deudoras de sus propios conflictos de intereses y dinámicas internas. En el caso norteamericano, en tanto la new green economy mantiene abierto su procedimiento legislativo, la propuesta de referenciar sus próximos sacrificios en base a recientes tendencias desvirtúa cualquier posible consenso. Y posponer los duros e imprescindibles ajustes confiando en la bondad de modelos predictivos que, por definición, simplifican la realidad, quizá tampoco resulte de gran ayuda. Sin embargo, parece ser el momento propicio para demostrar la franqueza del Yes, we can. Respecto al Gigante Dormido, sus planes para reducir su excesiva dependencia del carbón mediante un progresivo abrazo de fuentes renovables, que se espera supongan la tercera parte de su mix energético en 2050, también aparenta ser otra estrategia dilatoria con la que se justificaría pasar de puntillas sin asumir responsabilidades, devolviendo un erróneo cambio de excusas y coartadas.  

     

    Aunque abordar con éxito la transición verde requiere rascarse bien el bolsillo en un entorno fiduciario hostil, los costes del fracaso por acción u omisión resultan mortales de necesidad. Y lo primero es antes. A tenor de los últimos datos publicados, nuestras demandas sobre la biosfera para que provea recursos naturales y absorba CO2 superan su capacidad en un 44%. La huella ecológica media per cápita se sitúa en 2'6 hectáreas globales, mientras la correspondiente biocapacidad disponible es tan sólo de 1'8. Una brecha que ha crecido casi una cuarta parte en diez años. Incluyendo proyecciones demográficas, se espera un aumento de la demanda global de energía del 55% en las dos próximas décadas, lo que exigiría invertir en infraestructuras ad hoc cerca de 26 billones de dólares. Estamos, literalmente, fundiéndonos planeta y medio. Y la naturaleza, tan sabia, tan cruel que parece, nos permite seguir legando una creciente deuda ecológica cuyo default se pagará en especie. Sin primera plana, herencia, ni testigos.

    El Teatro del Dinero
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