El legado económico de Fidel

La situación de la Cuba de 2016 no se puede juzgar por criterios sencillos, sino que requiere un análisis global

Foto: Foto: Reuters.
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A la muerte de una de las figuras políticas más importantes y controvertidas de los últimos 60 años se impone un análisis detallado de cuál es la realidad en datos del que tal vez haya sido el país del mundo que ha despertado sentimientos más intensos, tanto a favor como en contra, desde el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista en 1959.

Desde un punto de vista macroeconómico, las cifras que arroja la economía cubana desde 2009 muestran un crecimiento medio del PIB del 2,2%, una cifra bastante apreciable, impulsada básicamente por el consumo de los hogares, que ha crecido con fuerza durante el periodo.

En cuanto al sector exterior, Cuba, según los últimos datos disponibles, tenía un superávit comercial del 5,2% del PIB, y un superávit por cuenta corriente del 3,3%. El volumen de las exportaciones supone el 19% del PIB, lo que quiere decir que la economía cubana tiene un grado de internacionalización bastante notable. Los impuestos sobre las importaciones suponen el 1,1% del PIB, lo que significa que Cuba es una economía con aranceles muy bajos. Su deuda externa es muy reducida, del 17,1% del PIB, y mostrando en los últimos años una tendencia descendente.

El sector público cubano tiene un peso mayor de lo habitual en otras economías pero, sorprendentemente, esta cifra solo fue en 2014 del 59,3% en cuanto a gastos y del 61,9% en cuanto a ingresos, es decir, solo unos 10 puntos porcentuales más que algunos países europeos en los que el Estado apenas tiene protagonismo en el sector productivo de bienes y servicios, fuera de lo que es la propia Administración pública. Recordemos que en Cuba el Estado tiene un gran protagonismo en la propiedad y gestión en amplios sectores de la economía. Es decir, que el sector privado abarca el 40% de la economía, con un peso importante de las empresas cooperativas. El peso del sector público en Cuba sigue una trayectoria descendente en los últimos años, habiendo bajado algo más de 10 puntos en los últimos seis años. El déficit público se halla en cifras muy contenidas, el 2,3% en 2014.

El sector público tiene un peso mayor que en otras economías, pero esta cifra solo fue en 2014 del 59,3% en cuanto a gastos y del 61,9% en cuanto a ingresos

La inflación se encuentra también en cifras francamente bajas, el 1,6% de promedio entre 2009 y 2014. La tasa de paro está en el 2,7%, por lo que virtualmente no existe el desempleo involuntario.

El PIB de Cuba en 2014 fue de 80.656 millones de pesos convertibles, lo que equivale a la misma cifra en dólares, que para una población de 11,4 millones de personas (casi estabilizada) da una renta per cápita de unos 7.075 dólares. La inversión (formación bruta de capital) es relativamente baja, el 8,4% del PIB.

El sector primario representa el 4,4% del PIB cubano; la construcción, el 5,5%. La industria representa el 14,4% del PIB, con una predominancia de la industria manufacturera. Destaca el elevadísimo peso de la sanidad y servicios sociales (englobados en el mismo epígrafe), con el 17,4% del PIB, y el de la educación (6,4% del PIB). Hoteles y restaurantes son el 5,9% del PIB, con lo que se ve que el sector turístico tiene un peso menor de lo que parecería a primera vista. El gasto en I+D es muy bajo, el 0,4% del PIB. Por tanto, la estructura productiva cubana es la de una economía de servicios bastante normal en el contexto internacional actual, aunque especialmente centrada en los servicios sociales, sanidad y educación.

El peso de los salarios en el PIB ha ido disminuyendo en los últimos años, desde el 37% hasta el 32,2% del PIB. El excedente bruto de explotación o beneficio empresarial es del 43,6%, habiendo aumentado tres puntos en los últimos seis años. Esta participación de los salarios en el PIB es extremadamente baja, pero recordemos que al ser muchas empresas de propiedad pública, el beneficio repercute directamente en servicios públicos. Además, la propiedad de las empresas privadas en Cuba está mucho más distribuida que en otros países, con lo que el beneficio empresarial de esas empresas también contribuye a la renta de los trabajadores.

Sorprende su éxito en bienestar, salud y educación, en los que es el país con mejores datos a nivel global respecto a su disponibilidad de recursos materiales

¿Qué conclusiones podemos sacar del legado económico de Fidel Castro? Si atendemos a los datos expuestos, podemos ver que la capacidad de la economía cubana para proporcionar una elevada cantidad de productos de consumo a su población es baja de acuerdo a los estándares europeos. Hay que tener en cuenta que Cuba se ha tenido que enfrentar a un bloqueo brutal por parte de los EEUU, lo que ha dificultado mucho que la economía cubana pueda cubrir las necesidades materiales de la población de una forma más satisfactoria.

Sin embargo, sorprende su éxito en parámetros objetivos de bienestar, salud y educación, en los que sin duda es el país con mejores datos a nivel global respecto a su disponibilidad de recursos materiales. En esperanza de vida, se encuentra en el puesto 36º del mundo, justo por delante de los riquísimos EEUU. También es el único país del América Latina, según Unicef, en que no existe la desnutrición infantil severa. En cuanto a educación, según la Unesco, Cuba ha sido el único país que ha cumplido los objetivos marcados en esta materia para 2015. También tiene la mayor cifra de médicos del mundo por 1.000 habitantes (7,7). Cuba también se ha convertido en una superpotencia humanitaria, con 25.000 médicos cooperantes; casi uno de cada tres médicos cubanos es cooperante.

Lo más importante de todo, al menos para los que estamos muy preocupados por la deriva tan insostenible a nivel medioambiental que tiene la economía mundial, es que Cuba es el único país del mundo cuya economía es capaz a la vez de proporcionar elevados estándares de salud y educación a la población y ser sostenible medioambientalmente, como ha destacado el WWF. Esto lo vemos en el gráfico.

Este hecho supone una esperanza y a la vez un reto. La esperanza de que podemos evitar el colapso medioambiental de la biosfera y a la vez evitar los peores sufrimientos humanos. Y un reto porque eso, como ha demostrado la experiencia cubana, será muy difícil de hacer. No se puede obviar la animadversión que ha despertado en muchas personas la forma de hacer determinadas cosas en la Cuba de Fidel, por lo que habrá que encontrar un camino que sea más universalmente aceptable.

Gráfico de la Semana

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