España, sin corregir los viejos problemas, volverá a hundirse

Unos datos macro aparentemente buenos encubren una preocupante realidad

Foto: El ministro de Economía, Industria y Competitividad, Luis de Guindos. (EFE)
El ministro de Economía, Industria y Competitividad, Luis de Guindos. (EFE)

Muchos analistas económicos, ante la evolución de la economía española en los últimos tres años, están ya lanzando las campanas al vuelo y proclaman que por fin hemos entrado en un círculo virtuoso, superando las antiguas dinámicas presentes desde los años ochenta del siglo pasado, basadas en ciclos de endeudamiento público-endeudamiento exterior-aumento de la demanda interna-'boom' de la construcción y colapso económico cuando los inversores extranjeros empezaban a desconfiar. Dio igual que estuviéramos en el euro. El ciclo fue más largo, pero el colapso económico se produjo igualmente y fue mucho más intenso y prolongado. ¿En qué se basan estos analistas para tener esta positiva opinión de la actual recuperación?

En el primer gráfico, vemos el primer indicador que sustenta tal afirmación, que es la evolución de balanza por cuenta corriente. Como vemos en el gráfico (que recoge además la cuenta de capital), y al contrario que en ciclos de recuperación anteriores, la balanza por cuenta corriente no solo no se ha deteriorado sino que presumiblemente acabará 2016 con el dato más positivo de la historia.

El segundo dato es posiblemente contraintuitivo para muchos, pero lejos de ser negativo en la actual coyuntura de fuerte creación de empleo, es muy positivo. Este dato es el consumo de cemento, que vemos en el siguiente gráfico. Como se ve, a pesar del leve repunte de 2014 y 2015, durante la mayor parte de 2016 ha permanecido en negativo, con consumos sobre la quinta parte del máximo de la burbuja y a niveles de los primeros años sesenta del siglo XX. Esto contradice escandalosamente las noticias que aparecen con frecuencia en los medios sobre que “la construcción vuelve a ser el motor de la economía” o “que la construcción levanta el vuelo”. Los analistas de los que hablamos saben perfectamente que esto no son más que publirreportajes pagados por la banca, ansiosa de deshacerse de sus activos tóxicos. Por lo tanto, interpretan que la activación económica que vivimos no es del mismo tipo que en ciclos anteriores. Y tienen razón. Pero en lo que no tienen razón, como veremos, es en que esto signifique que hemos entrado en una dinámica virtuosa. Uno puede superar un cáncer y luego morir de un infarto, y algo parecido es lo que lleva camino de pasarle a la economía española, como veremos a continuación.

El primer dato que desentona de la sinfonía oficialista del círculo virtuoso es la inversión en equipo. Supuestamente, habría que esperar que la economía española estuviera haciendo una transición hacia un sistema productivo más intensivo en capital y por lo tanto más competitivo y de mayor valor añadido. Tras unas caídas impresionantes de la inversión en equipo en el periodo 2008-2013, la recuperación ha sido tibia y parcial, estando en el último dato disponible (noviembre de 2016) un 29% por debajo de la de noviembre de 2007. Más preocupante todavía, vemos cómo ha dejado de crecer en el tramo final del año.

Un segundo dato que desmonta la interpretación favorable del actual ciclo alcista es la medida de la posición competitiva española en precios de producción. Como se ve, la ligera mejoría frente a los países desarrollados que vimos a partir de 2013 se ha truncado, y otra vez vuelven a subir los precios de producción, además en un periodo en que el IPC ha estado muy contenido.

Un tercer indicador que capta una instantánea demoledora de nuestra auténtica situación es el comercio internacional de productos de alta tecnología que publica el INE. Tras unos años relativamente favorables, en 2014 (último dato disponible) se rompió la tendencia y descendieron estas exportaciones mientras aumentaban las importaciones. Por supuesto, esto es totalmente incompatible con la pretensión de que estamos cambiando el modelo productivo hacia uno de alto valor añadido.

La interpretación más plausible sobre lo que está pasando es que vivimos un periodo de incremento de la demanda interna causado por una disminución del ahorro —que confirma el INE— y que se ha situado casi en mínimos desde que estalló la crisis, unido a una expansión del gasto público y una favorable posición exterior gracias a los bajos precios del petróleo. La fortaleza de la demanda externa también ha contribuido a este buen comportamiento de la economía.

Pero falta explicar por qué este incremento en la demanda interna no está repercutiendo en un deterioro rápido de la balanza comercial, como ha venido siempre siendo habitual en la economía española en los ciclos alcistas. De hecho, la mayor parte de la responsabilidad, como he dicho, es de los bajos precios del petróleo, pero existe otro factor importante que creo que se está dando, y son los bajísimos salarios del nuevo empleo creado, algo que vemos en la encuesta de costes laborales. En ella, se ve cómo, a pesar de que la negociación salarial se ha materializado en pequeñas subidas de sueldos en 2016 respecto a 2015, el coste salarial global disminuye. La única explicación a esta paradoja es que los nuevos empleos se ofertan con salarios muy bajos aprovechando las facilidades de la reforma laboral en este sentido. Es sabido que los niveles más bajos de renta tienen una propensión menor a consumir productos importados que el resto de la población, lo que daría una explicación a que las importaciones no estén aumentando más rápido todavía de lo que lo están haciendo (+4,3% en volumen en lo que va de 2016 frente a un 4,1% las exportaciones).

La conclusión que podemos sacar de la situación actual es que no existe absolutamente ningún indicio de que la estructura productiva española esté cambiando. Antes bien, parece que incluso se está fomentando con la reforma laboral que se aumente la producción en sectores de bajo valor añadido. El único punto favorable es que resulta evidente que la construcción no está remontando y que no se está fraguando ningún nuevo 'boom' inmobiliario, lo que ya sería el colmo de los despropósitos.

Pero en un mundo que está cambiando a toda velocidad, con una cuarta revolución industrial en marcha, esta situación dibuja un futuro bastante tenebroso para la economía española, que está quedando evidentemente descolgada de este proceso, al igual que quedamos descolgados de la tercera oleada de cambio tecnológico. La cantidad de países cuya estructura productiva está pasando a ser competidora directa nuestra es cada vez mayor, y nos vamos situando rápidamente en el peor nicho de mercado dentro de la estructura económica mundial. El Gobierno español no parece entender ni media palabra de todo esto y sigue con un obtuso 'laissez faire' respecto a nuestro sistema productivo que muchos países predican, pero solo los más tontos entre los tontos practican. Y entre ese ominoso grupo de gobiernos estúpidos, destaca sin duda alguna el nuestro.

Gráfico de la Semana

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