No, Rajoy, el modelo productivo no ha cambiado

A pesar de lo que dicen el Gobierno y analistas y medios afines, ningún indicador apunta hacia un cambio en el modelo productivo

Foto: El jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy. (EFE)
El jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy. (EFE)

Continuamos en un voluntarismo Walt Disney en que la órbita del PP, con el silencio cómplice del resto de partidos dinásticos, se empeñan en intentar hacernos comulgar con ruedas de molino. Esta vez, con el asunto de un supuesto cambio de modelo productivo que se habría producido en la economía española y que nos estaría haciendo entrar en un círculo virtuoso. Por suerte, a muchos nos pillan ya más que escarmentados, después de negar la burbuja inmobiliaria, negar la crisis, negar el rescate y ahora negar que seguimos estando sumergidos en un pozo negro de deuda y crisis social y que lo único que ha ocurrido es que en lugar de encontrarnos sumergidos hasta la altura de las fosas nasales ahora lo estamos hasta el cuello. Unos más que otros, desde luego. Sobre todo si miramos hacia los que cortan el bacalao en el Ibex 35.

Pero vayamos por partes. ¿Qué debe ocurrir en una economía para que podamos hablar de cambio en el modelo productivo? Nos podemos fijar en dos parámetros básicos que nunca pueden faltar. El primero es un fuerte aumento en la inversión en equipo, que es lo que vemos a continuación, en el gráfico de disponibilidades interiores desde 2005. Como se ve, estamos nada menos que un 30% por debajo de los máximos precrisis, y aproximadamente a los niveles de 2009-2011, justo antes del inicio del segundo desplome de la crisis.

Ha habido una cierta recuperación desde los patéticos mínimos de 2013, pero esta ha sido muy insuficiente y, lo peor, da indicios claros de agotamiento en los últimos meses. Luego del primer factor, nada de nada.

El segundo factor que tampoco puede faltar nunca es un incremento en el gasto en I+D, que es lo que vemos en los dos siguientes gráficos. Primero observamos la situación en 2007, en que España era un país con una muy insuficiente inversión en I+D, aunque estábamos más o menos a la altura de Italia. Como se ve, nuestra inversión era entre la mitad y la cuarta parte por habitante de lo que se veía en la Europa rica.

¿Y dónde estamos en 2015 (último año publicado)? Esto es lo que vemos ahora. Nuestra inversión en I+D no solo no ha aumentado sino que ha disminuido, mientras que en casi todo el resto de países ha aumentado de forma notable. De hecho, se nos han colado por delante la República Checa y Eslovenia, y nuestra inversión ahora es entre la tercera y la quinta parte de la de la Europa rica.

No hay, pues, cambio alguno en el modelo productivo hacia una economía de mayor valor añadido. Sí que hay cambio, a la vista de los números, hacia una economía más miserable basada en la explotación de una fuerza de trabajo abundante y doblegada por unas altísimas y persistentes tasas de paro y un Estado social rudimentario, por decirlo suavemente. Los patronos del Ibex, los que de verdad administran el país y cuyos capataces del PPSOE no son sino fieles empleados, no hacen más que mantener a la población lo más sometida posible por el terror a la pobreza extrema, mientras que su mentalidad caciquil los hace rehuir de cualquier sector productivo que implique conocimiento y competencia en pie de igualdad. Lo suyo son las influencias y los privilegios. No son más que máquinas de producir miseria.

¿Y saben de dónde proviene esta pequeña bonanza que vivimos? Pues la respuesta es bien sencilla, de la rotativa que mantiene el señor Draghi en el 20 de Sonnemannstraße, en Fráncfort. Aquí tienen un gráfico para asustar al miedo, en que España e Italia viajan de cabeza al abismo de la deuda con el eurosistema. Porque realmente ahora los eurócratas no pueden hacer otra cosa si no quieren que se les hunda el chiringuito y el euro estalle por las costuras de la rebelión ciudadana. Hasta que a un neoyorquino con flequillo rubio, presionado por todos lados por la siguiente crisis financiera, se le hinchen las narices y dé el puñetazo en la mesa. Y si no es él, será el siguiente que venga. Y en ese momento, la inmensa mentira en la que vivimos estallará en nuestra cara.

Gráfico de la Semana

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