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Problema de liquidez, no de solvencia

Las turbulencias actuales de los mercados se deben una crisis de liquidez, no de solvencia. Las primas de riesgo se encontraban en niveles históricamente bajos, sin
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    Las turbulencias actuales de los mercados se deben una crisis de liquidez, no de solvencia. Las primas de riesgo se encontraban en niveles históricamente bajos, sin que en ningún caso se incluyera una prima adicional por iliquidez. Sin embargo, la raíz de los problemas actuales de los mercados es la falta de liquidez determinados productos financieros.

    Estos productos, muchos de ellos vendidos como renta fija o sucedáneos sofisticados de la misma, no cotizan en un mercado con un elevado número de participantes. Por lo general, la contratación de dichos instrumentos se centra en muy pocas entidades financieras, que son las que suministran liquidez, siempre condicionada a elevados volúmenes. Como resultado, en un momento de incertidumbre, en el que los pocos operadores que aportan dicha liquidez se retraen, los tenedores de estos activos que quieren, o necesitan, venderlos se encuentran con un serio problema.

    Como contraste, los mercados organizados de acciones han demostrado su enorme grado de liquidez incluso en situaciones de enorme volatilidad. Cualquiera que haya querido vender acciones en Bolsa, incluso en enormes cantidades, tanto españolas como de cualquiera de los países industrializados, ha podido hacerlo. A modo de ejemplo, el volumen intermediado en la Bolsa española se ha incrementado un 75% en el mes de agosto, periodo tradicionalmente de baja actividad.

    Con frecuencia se entiende que la Bolsa tiene más riesgo, en contraposición con otras inversiones, precisamente por aportar una valoración en tiempo real, a la cual los tenedores de acciones pueden deshacer sus posiciones. Muchos inversores tienen la falsa sensación de estar invertidos en activos o productos sin riesgo o con escaso riesgo precisamente por su escasa liquidez. Esto incluye incluso la inversión en inmuebles. Como no hay valoración contrastable del activo, se tiende a pensar que la valoración coincide al menos con el importe invertido. La cruda realidad se hace presente cuando se necesita vender el activo.

    Adicionalmente, prácticamente en todos los mercados financieros desarrollados se han comercializado productos sofisticados, que auguran mayor rentabilidad que la rentabilidad sin riesgo, sin mencionar el grado de riesgo de los mismos en caso de iliquidez de los activos subyacentes en los que se invertía. Como han puesto de manifiesto representantes del Bundesbank la semana pasada, las turbulencias actuales de los mercados no se han debido a un problema de solvencia de las entidades financieras, ni de los emisores de estos activos, sino a una falta de liquidez de determinados productos sofisticados.

    Esto implica que, en la mayoría de los casos, si los inversores mantuvieran esos productos hasta vencimiento previsiblemente no tendrían ninguna pérdida y recibirían la rentabilidad prevista. El problema surge cuando los tenedores de estos activos se ven obligados a valorar a precio de mercado su inversión. Una determinada caída en la valoración puede provocarles el tener que vender los activos a un precio “no razonable” por la falta de liquidez. La iliquidez puede llegar a generar un espiral de desconfianza, trasladándose desde los mercados más ilíquidos a los más líquidos. Como no se pueden deshacer posiciones “ilíquidas” se deshacen posiciones en activos atractivos y con buenas expectativas pero con amplia liquidez.

    El papel de los Bancos Centrales en la resolución de esta crisis está siendo y va a ser determinante para que la desconfianza no se extienda a la economía real. Afortunadamente, el margen de maniobra del que disponen con tipos al 5,25% en EE.UU. y al 4% en Europa es amplio. Al final, aunque dolorosas, las purgas son necesarias para continuar con el crecimiento.

    *Director General de Renta 4

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