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O recupera la Bolsa o no se recupera la economía

Tradicionalmente se ha considerado a la Bolsa como un buen indicador de las expectativas económicas futuras. La evolución de los índices bursátiles parecía anticipar el comportamiento
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    Tradicionalmente se ha considerado a la Bolsa como un buen indicador de las expectativas económicas futuras. La evolución de los índices bursátiles parecía anticipar el comportamiento económico futuro. La Bolsa, en circunstancias normales, recoge en las cotizaciones de las acciones la rentabilidad futura prevista de las empresas cotizadas, descontándolas al momento presente.

     

    Históricamente los índices bursátiles han tocado fondo unos seis meses antes de que se produjese el nivel más bajo de la recesión. Así ha sucedido en diez de las once recesiones a las que hemos asistido desde el fin de la segunda guerra mundial. La única excepción fue la recesión de 2001, debido principalmente a los escándalos contables que provocaron que las bolsas no se recuperan hasta casi un año después del inicio de la recuperación.

     

    Los índices bursátiles han perdido más del 50% de su valoración desde octubre de 2007. La actual crisis económica y bursátil tiene su epicentro en las entidades financieras. Las cotizaciones de los bancos no parecen recoger las expectativas de beneficios futuros sino la incertidumbre sobre que entidades se mantendrán independientes tal y como las conocemos ahora. La actual aversión al riesgo y la falta de confianza en el futuro parece indicar que la Bolsa ha dejado de reflejar la rentabilidad futura de las empresas.

     

    La Bolsa es un indicador de la evolución de la economía para millones de ciudadanos, tengan inversiones en renta variable o no. La evolución de los principales índices bursátiles condiciona decisiones de consumo e inversión tanto de personas físicas como de empresas. En la actual crisis, la Bolsa se está convirtiendo en un “tribunal examinador” en tiempo real de las medidas adoptadas por los distintos gobiernos y autoridades internacionales. A modo de ejemplo, la falta de concreción de detalles del plan Geithner el pasado mes de febrero provocó una caída de la bolsa norteamericana del 4,6% el día de su presentación.

     

    En este entorno, las caídas adicionales de los índices bursátiles sólo empeoran más el deterioro económico y las expectativas de consumidores y empresas. Mientras las bolsas no se estabilicen y recuperen parte del terreno perdido, los distintos planes de auxilio de las distintas autoridades económicas tendrán un efecto menor. Sólo una cierta recuperación de las Bolsas, por una menor percepción del riesgo sistémico actual que parecen descontar los mercados, servirá como señal de punto de inflexión de la actual crisis. Mientras esto no ocurra, la caída de las Bolsas sólo empeorará las expectativas de los agentes económicos, alimentando el círculo vicioso en el que nos encontramos.

     

    A día de hoy es difícil ser optimistas sobre la evolución económica, pero lo mismo que en el año 2000 los ciclos no habían muerto, ahora tampoco lo han hecho. La actual espiral bajista de las bolsas en algún momento encontrará suelo. A la velocidad con que se mueven los índices previsiblemente no estará muy alejado en el tiempo.