El euro nació con enormes carencias y defectos, es innegable. Transcurrido doce años desde su creación, el mantenimiento del euro es un mal menor. George Soros comparaba hace escasos días al euro con una tortilla. Una vez hecha la tortilla no es posible separar los huevos utilizados para su elaboración. Con el euro ocurre algo similar. Pese a todas sus deficiencias, y pese a todos los costes y reformas a acometer para conseguir que el euro sea viable a largo plazo, su permanencia es mucho menos costosa que su desaparición.
La Unión Monetaria Europea fue diseñado en su creación con un carácter de irrevocabilidad. En los tratados no se contempla ni la posibilidad de una salida voluntaria de la moneda única, ni la posibilidad de expulsión de un país miembro. No ocurre lo mismo con la pertenencia a la Unión Europea, donde sí existe un complejo mecanismo que podría posibilitar la salida de alguno de los estados miembros.
Esta irrevocabilidad del euro ha sido un principio básico incuestionable hasta la pasada semana. Por primera vez desde la creación del euro, los líderes de Francia y Alemania han reconocido abiertamente que Grecia podría salir del euro, si el resultado del fallido referéndum hubiese sido negativo. Las declaraciones de Ángela Merkel demandando a los griegos una respuesta clara sobre si deseaban permanecer en la moneda única o salir de ella, así lo ponían de manifiesto.
Las consecuencias de haber mencionado la posibilidad de que algún país miembro del euro pueda abandonar la moneda única son muy perniciosas. Aunque los mensajes iban dirigidos a Grecia, se sobreentiende que son extensibles a todos los países miembros, especialmente a los periféricos necesitados de inversiones extranjeras en la financiación de su deuda pública.
Como primera consecuencia, los inversores inevitablemente añadirán una prima de riesgo adicional a sus inversores en concepto de riesgo cambiario, inexistente hasta la semana pasada, consistente en poder recibir el principal de su inversión en una moneda distinta del euro. Adicionalmente, los estados van aumentado el riesgo de posibles espirales de desconfianza en los mercados de deuda pública. Lo mismo que la desconfianza, fundada o no, sobre una entidad financiera puede provocar una fuga de depósitos que lleve a dicha entidad a ser rescatado por problemas de liquidez, la desconfianza sobre un determinado país puede provocar la imposibilidad de refinanciar sus vencimientos de deuda siendo necesaria, en tal caso, la solicitud de un rescate internacional.
Los estados han de financiar tanto el déficit en el que incurren cada año como los vencimientos de la deuda acumulada. Desde el momento actual hasta finales de 2012, los cinco países periféricos (Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia) se enfrentan a vencimientos de deuda pública por importe de 563 mil millones de euros. Italia es el país con un calendario más exigente, necesitando refinanciar 363 mil millones de euros en los próximos 14 meses, con picos de 30 mil millones este mes de noviembre y 53 mil millones en febrero del próximo año.

Vencimientos de Deuda Pública Italiana en millones de euros
La espiral de desconfianza se ha traslado de Grecia a Italia, cotizando su bono a 10 años en el 6,5% de rentabilidad con un diferencial con el bono alemán en niveles similares a los de Irlanda en el momento de su intervención. No parece que a corto plazo las medidas que puedan tomarse en el país transalpino hagan cambiar radicalmente la situación actual. Mientras el tiempo pasa sin medidas concretas que palíen la elevada percepción de riesgo, la fecha de los vencimientos llegan inexorables.
Mientras los líderes europeos discuten sobre la concreción de los detalles de los acuerdos alcanzados en octubre, el BCE parece el único capaz de evitar que la situación se descalabre. Por un lado sigue comprando deuda pública de los periféricos, principalmente de Italia, a razón de unos 10.000 millones a la semana. Por otro lado es la única vía de financiación segura para la mayoría de los bancos europeos que ven cerrados los mercados de emisión de bonos y han de hacer frente a fuertes vencimientos en el próximo año (125 mil millones en el caso de la banca española). Adicionalmente ha evitado que los bancos griegos quiebren pese a ver reducidos sus depósitos en más de un 20% desde inicios de 2010, tendencia que inevitablemente se acentuará tras los acontecimientos de la pasada semana.
Incluso si uno de los huevos utilizados al hacer la tortilla se encontraba en mal estado, una vez hecha no es posible separar los huevos. Con el euro estamos abocados a asistir a más momentos de extrema tensión con los vividos la semana pasada, aunque en el último momento la situación se reconduzca. Lamentablemente la experiencia muestra que sólo se toman medidas drásticas en momentos de extrema tensión. El euro es la menos mala de las soluciones, aunque implique enormes sacrificios. Incluso los políticos griegos parecen ser conscientes de ello.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
21solo 08/11/2011 | 10:41
Buenas euroreflexiones sr. Sánchez, aunque no veo que esa hipotética salida del euro, que si podría perjudicar a corto plazo a los países que lo abandonaran, fuera tan nociva para las economías fuertes que quedaran dentro, como la alemana por ejemplo.
La prima de riesgo no tendría por que subir porque Alemania volviera a su viejo DM, salvo a corto plazo en el caso de que sus bancos estuvieran muy pillados en la deuda de los países que abandonaran el euro y no pudieran devolverla.
Es un curioso y buen ejemplo el que ha hecho Soros, pero reconocer que el euro no desaparece porque siendo ahora un clavo en el zapato de casi todos, si se prescindiera de él sería aún peor, tampoco parece que sea un acicate para que la prima de riesgo baje ni para que la inversión del capital internacional prefiera la UE a Asia.
Una cosa sí está clara, la primera ronda de la política de rescates de la UE ha fracasado, el EFSF ha sido incapaz de atender las necesidades de financiación de la deuda acumulada por los tres países en candelero y ahora, hay que recurrir también al FMI. Al final, a inundar de billetes de monopoly la UE, Alemania debe estar maldiciendo la hora en que se amplió el club.
A través de este espacio, Jesús Sánchez-Quiñones ofrece su visión particular de los mercados. Su posición como Director General de Renta 4 Banco, la primera entidad especializada en gestión patrimonial, mercados de capitales y servicios de inversión, le permite compartir con ustedes una perspectiva privilegiada