El mito del milagro económico de izquierdas en Portugal

La política económica del Gobierno portugués dista de ser espectacular. El país no ha abandonado la austeridad y no está obteniendo mejores resultados que España

Foto: El primer ministro de Portugal, António Costa (d), y su ministro de Finanzas, Mario Centeno (i), en Lisboa. (EFE)
El primer ministro de Portugal, António Costa (d), y su ministro de Finanzas, Mario Centeno (i), en Lisboa. (EFE)

Desde hace varias semanas, venimos escuchando que la coalición gubernamental de izquierdas de Portugal está obteniendo unos resultados espectaculares en términos de crecimiento, creación de empleo y reducción del déficit público después de haber abandonado la insoportable austeridad impuesta por la Troika. Podemos no ha tardado en atribuirse semejante éxito: si el PSOE no se hubiera plegado a los poderes fácticos y hubiese accedido a pactar con los de Pablo Iglesias, entonces hoy España habría abandonado la asfixiante austeridad berlinesa y progresaríamos tanto como nuestros vecinos lusos.

Permítanme desentrañar las dos mentiras de esta historia: primero, Portugal no ha abandonado la austeridad; segundo, Portugal no está logrando mejores resultados que España.

Portugal, más austeridad que en España

La coalición de izquierdas de António Costa comenzó a gobernar en Portugal el 24 de noviembre de 2015. Es verdad que algunas de sus primeras medidas implicaron la reversión de algunos de los recortes y de las reformas recomendadas por la Troika: volvieron a rebajar la jornada laboral de los empleados públicos a 35 horas semanales, indexaron de nuevo las pensiones al IPC, paralizaron algunas privatizaciones e incrementaron el salario mínimo un 10%. Pero nada de ello significa que dieran marcha atrás en la austeridad.

Así, el gasto público del Estado luso pasó de 86.740 millones de euros en 2015 a 83.335 millones de euros en 2016: un recorte de casi el 4%. Durante ese mismo periodo, por el contrario, el Estado español incrementó su gasto público un 3,3%. Acaso se alegue que la coalición de izquierdas solo controla el Gobierno central y no la Administración municipal; pero da igual: el gasto del Gobierno central luso se redujo desde 65.800 millones de euros a 62.700 (una caída del 4,7%). O tal vez se replique que el grueso de ese ahorro procede del menor pago de intereses de la deuda; igualmente falso: los desembolsos del Gobierno central excluyendo intereses de la deuda se redujeron desde 57.400 millones de euros a 54.300 (un recortazo del 5% en términos nominales y del 6% en términos reales).

Han rebajado la jornada de los empleados públicos a 35 horas semanales, subieron el salario mínimo un 10% y paralizaron algunas privatizaciones

Así pues, cuando se nos diga que Portugal ha reducido en 2016 su déficit público por debajo del 3% por primera vez en toda la crisis, recordemos que lo ha logrado enteramente por el lado de meter tijeretazos al gasto público. En 2015, el gasto público del conjunto de las administraciones públicas lusas ascendió al 48,3% del PIB, mientras que sus ingresos totalizaron el 44% del PIB. Resultado: un déficit equivalente al 4,3% del PIB (déficit que, por cierto, ya había experimentado una sustancial rebaja frente al 7,2% del PIB con que había cerrado en 2014). En 2016, los ingresos públicos de Portugal se redujeron del 44% del PIB al 43,1%, de manera que todo el ajuste se realizó por el lado del gasto, el cual disminuyó desde el 48,3% al 45,1%.

Un gasto público del 45,1% del PIB es, por cierto, su nivel más bajo desde el año 2007: es decir, el superkeynesiano y antiaustericida Gobierno de izquierdas de Portugal ha adelgazado su sector público al nivel más bajo de la última década.

Llegados a este punto, quizás intente argumentarse que estos fuertes ahorros del gasto público no afectaron al dinamismo de la economía porque el Gobierno luso entendió la necesidad de impulsar la recuperación con mucha más inversión pública. Pero tampoco: la inversión pública se contrajo desde el 2,3% del PIB en 2015 al 1,5% del PIB, su nivel más bajo desde al menos 1995 (momento en el que comienza la serie histórica). Tanto es así que la inversión pública de Portugal en 2016 fue incluso inferior a la de España.

En definitiva, el Gobierno portugués 'de izquierdas' solo profundizó en 2016 en la austeridad de su antecesor Passos-Coelho. Es verdad que se frenaron algunos recortes (en cuyo caso, la austeridad habría sido aún mayor), pero no olvidemos que Rajoy también frenó algunas privatizaciones programadas por Zapatero (como Loterías) y revirtió en 2015 y 2016 parte de sus recortes previos (devolución de la paga extra a los funcionarios y rebaja del IRPF). Nada de eso significa que Rajoy se haya rebelado contra la Troika ni tampoco que lo haya hecho António Costa.

Portugal, menor progreso que en España

Y si no es verdad que Portugal haya revertido las políticas de contención del gasto y del déficit, tampoco lo es que su situación económica sea la envidia del resto de Europa. Al contrario, nuestro país está atravesando una situación en general más dulce que la de nuestro vecino peninsular.

Por un lado, la economía lusa creció en 2016 un 1,4% (dos décimas por debajo de lo que creció en 2015), menos de la mitad de lo que se expandió la economía española (el 3,2%). Por otro, el empleo también se incrementó mucho menos que en nuestro país: el 1,4% frente al 2,6%. Por ponerlo en perspectiva: si el empleo de España se hubiese expandido al mismo ritmo que en Portugal, nuestro país apenas habría creado 254.000 empleos en 2016, frente a los 466.000 que generó.

Es verdad que podría alegarse que Portugal tiene una tasa de paro sustancialmente menor a la nuestra, pero eso ha sido así durante toda la crisis: la economía lusa ha reducido su desempleo desde un máximo del 17,5% de la población activa al actual 10,2% (en 2015, ya cerró con una tasa de paro del 12,2%); en cambio, España la ha bajado desde un máximo del 26,3% al 18,4% a finales de 2016. También se podría intentar contraargumentar que España solo genera empleo temporal, a diferencia de lo que sucede en un Portugal progresista y de izquierdas, pero las diferencias son muy estrechas: el 45% de todo el empleo que generó Portugal en 2016 tenía un carácter temporal, frente al 54% de España.

A su vez, tampoco existe disparidad relevante en la evolución salarial entre ambos países: en 2016, Portugal vio incrementar sus salarios netos medios desde 828 euros mensuales a 839, un aumento del 1,3%, que fue inferior al incremento del 1,7% experimentado en 2015 (al pasar de 814 euros mensuales a 828). En España, los salarios medios netos en 2015 (último dato disponible) pasaron de 1.293 euros a 1.314, un incremento del 1,6%. De ahí que la masa salarial dentro del PIB, corregida por la inflación, creciera un 1,6% en Portugal a lo largo de 2016 frente al 2,7% en España.

El superkeynesiano y antiaustericida Gobierno de izquierdas de Portugal ha adelgazado su sector público al nivel más bajo de la última década

Por último, la pobreza (medida por la carencia material severa) sí mejoró en Portugal más que en España a lo largo de 2016, pero sigue ubicándose mucho más por encima que en nuestro país: en Portugal se redujo del 9,6% de la población en 2015 al 8,4% (una caída del 12,5%), mientras que en España lo hizo desde el 6,4% al 5,8% (una caída del 9,4%). En algunos indicadores de pobreza supuestamente muy sensibles para la izquierda, en cambio, Portugal evolucionó peor que en España: por ejemplo, en 2016 la tasa de hacinamiento en viviendas se estancó en el 10,3% en nuestro país vecino, mientras que se redujo en España desde el 5,5% al 5,4%.

Conclusión

En definitiva, Portugal no ha aplicado políticas contrarias a la austeridad ni tampoco ha experimentado una mejoría social y económica superior a la vivida en España a lo largo de 2016: recortaron su gasto público mucho más que nosotros y crecen y crean empleo a un ritmo muy inferior. Si alguien quisiera utilizar el caso de Portugal para reivindicar una agenda política de izquierdas, resultaría mucho más razonable argumentar que “como Portugal fue más austero que España, sus indicadores económicos evolucionaron peor”, pues al menos no se estaría dando de bruces con la realidad (por muy discutible que sea esta interpretación, dado que el crecimiento económico de Portugal ya era muy inferior al español antes de la crisis).

Lo anterior no quita para que, quizás, a lo largo de los próximos años la coalición de izquierdas lusa incremente el gasto público y aplique una política económica verdaderamente distinta a la recomendada por la Troika. Tampoco quita para que, quizás, a lo largo de los próximos años Portugal mejore económica y socialmente más que España. Habrá que verlo. Pero nada de todo ello ha sucedido en 2016 y, por consiguiente, usar el Portugal de 2016 como ejemplo de los superiores logros de las políticas antiausteridad de izquierdas frente al fracaso de las derechosas políticas austericidas de España es un puro relato propagandístico.

Laissez faire

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