Daniel Lacalle

LLENO DE ENERGÍA

Independencia: desastre para Cataluña y España

03/11/2012
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“Tens els ulls plens de flors i la boca, nas i orelles per ignorar el crit i el plor, tu vols sants, roses i estrelles”. Pau Riba, 1970 

Las salidas de capital de España alcanzan los 247.173 millones. Seguimos diciendo que es “por miedo al euro” y cosas así, pero no debemos olvidar el más que lógico impacto de la incertidumbre sobre la secesión. De ahí que Cataluña sufra también, encabezando la cifra neta de destrucción de empresas.

Esta semana tuvimos la cena anual de varios amigos de distintos fondos de inversión y una de las cosas que comentamos eran los posibles “cisnes negros” de 2013. “Cisne negro” es el termino que se utiliza para definir eventos económicos que hoy se minimizan por parecer altamente improbables, pero que, de ocurrir, tienen efectos devastadores. 

Los tres posibles cisnes negros del 2013, según mis amigos, son:  El precipicio fiscal americano –que comentamos aquí-, el estallido de la burbuja de deuda de Japón –que analizábamos aquí-, y la secesión de regiones en España.

Tras mi artículo “el rescate catalán, bono basura y riesgo crediticio”, me parece que seguimos minimizando en toda España los riesgos de la política depredadora y excluyente, y la carrera hacia cero que Estado y Comunidades Autónomas están llevando a cabo.

No hay un solo inversor que yo conozca que vea la independencia como algo positivo porque:

El acceso al mercado de capitales de Cataluña y del resto de España se reduciría dramáticamente. En el mercado de deuda, dos países separados no tienen el mismo crédito que uno. No ha ocurrido jamás. Cataluña existiría, igual que Chipre, Malta o Macedonia. No digamos que es imposible. Pero el crédito disponible anualmente caería tranquilamente a los niveles de esos países, al menos un 35-40%. Si comparamos con Finlandia, una caída del 15-20%. Impacto similar sufriría España.

El acceso a deuda de las empresas privadas se resentiría aún más. ¿Qué viene después de la independencia? Impuestos. Recortes a ingresos regulados. Impagos. Seguridad Social y pensiones cercenadas. Ni de lejos piensen que las empresas privadas, de las dos partes, iban a tener acceso al mercado de capitales hasta que se supiera con certeza el impacto en su generación de caja de la voracidad política.

El diferencial gastos e ingresos sería insostenible. Sea como sea, ambos países gastarían un 16% y un 25% más de lo que ingresan. Con la previsible caída de los ingresos impositivos, la prima de riesgo se dispararía en los dos. Metan ustedes los déficits fiscales que quieran –si se los creen-, pero deduzcan los costes de pagar a la UE y la OTAN y de más estructuras estatales nuevas.

Los políticos de uno y otro lado hacen sus análisis sobre la independencia como un balance de suma cero –o peor, expansivo- y eso es incorrecto. El saldo no es cero, es negativo.

Ningún inversor se sienta a esperar si el impacto de la independencia sobre el PIB es 5% o 10% o 15%. Se va. Adiós. El beneficiado de este desastre no es ni Cataluña ni Madrid. Es Londres o Nueva York, entre otros, mientras los políticos hablan de brotes verdes y alegrías independentistas.

Si vamos a un entorno secesionista en España, tendrá efectos muy negativos, tanto para la región separada, como para el resto del Estado y para la economía global –por el nivel tan elevado de endeudamiento exterior público y privado de España en su conjunto, y Cataluña y sus empresas en particular-.  No ha habido ni un solo caso en el pasado en el que la independencia no haya venido acompañada de una caída enorme del PIB y de las prestaciones sociales. Vean el  estudio sobre la independencia de los países bálticos del European Journal of Political Economy. Cinco años de media de recesión.

 

En Inglaterra dicen “hope for the best, but prepare for the worst” -espera lo mejor, pero prepárate para lo peor-. Sin embargo, aquí estamos vendiendo la moto de que la independencia generará oro. Pero no es cierto. Desastre conjunto.

La independencia de una región o un país podrá defenderse por razones personales o culturales –yo ahí no me meto- pero no económicas. No se trata de decir si es es viable como país independiente, que lo sería, pero a muy largo plazo y tras una factura imposible de asumir. Se trata de qué coste estamos dispuestos a asumir por esa independencia. Al menos en mi época en Navarra se decía “la independencia nos costará 100 años de pobreza pero seremos libres”. Honestidad. Suicida, pero honesto.

Nos prometen que aumentará la esperanza de vida –lo juro-, las pensiones y que el paro desaparecerá si Cataluña es independiente. Y desde Madrid se nos asegura que es malísimo para Cataluña, pero que al resto de españoles les beneficiará si se separan porque las empresas catalanas emigrarán a otras regiones y todos nos repartiríamos la misma tarta sin coste. Falso. El capital se irá. De todos.

Al día siguiente de la independencia, agárrense porque en los dos lados vienen curvas:

* El efecto Irlanda: el problema de Cataluña y de España es que el endeudamiento público y privado es insostenible y la estructura gubernamental hipertrofiada. Juntas y separadas. No atacar ese problema antes de entrar en aspiraciones nacionales es suicida. Lo que mis amigos nacionalistas dicen de “eso se arreglará después cuando seamos libres” es falso. La hipertrofia estatal, el destrozo de la seguridad social, servicios y pensiones y la corrupción se disparan siempre después de procesos secesionistas. Y lo pagan los ciudadanos. Siempre.

Cataluña gasta un 15% más de lo que ingresa. Si se independiza bajarían los ingresos y subirían los gastos. La Generalitat suele comparar a Cataluña con Irlanda o Finlandia. El “efecto desplazamiento” (crowding out) del Estado y de los rescates bancarios –a ver quién iba a pagar el rescate de los bancos catalanes ante la avalancha de morosidad- es muy relevante. A ver quién iba a cubrir las  necesidades de refinanciación de una Generalitat que gasta 15.000 millones al año, cada mes 400 millones de euros en sueldos y facturas, con más de 150 coches oficiales y un “país” cuyo gasto publico hoy es de 33.500 millones anuales.

Para que se hagan una idea, la primera empresa industrial de España, que es siete veces más grande que Cataluña en PIB equivalente, paga dentro del país unos 700 millones de euros de sueldos, incluida alta dirección, y tiene siete personas con derecho a coche. 

El mismo acceso a crédito que Malta, Chipre, Macedonia, Estonia… ¿De dónde va a sacar 8.000-9.000 millones de crédito anual? Ante una independencia, la dificultad de acceder al mercado de capitales haría que todas las pocas posibilidades de financiación fueran destinadas al Estado para tratar de evitar el impago y mantener su estructura. Y ningún inversor apoya un país, España o Cataluña, que emplea sus recursos financieros en gasto corriente y clientelismo.

* España a nivel de Portugal. En el resto de España pasaría lo mismo. Financiarse a muy corto plazo con cantidades ínfimas. Ya ocurre hoy y se está llevando por delante el acceso a crédito de empresas y familias. El efecto multiplicador sería, cuando menos, inasumible.

 

* El efecto Macedonia: Macedonia es un Estado independiente que está vetado en la UE por Grecia. Si España veta mientras se enzarzan en el “cuanto me debes, donde está lo mio” –y ocurriría- tienen un país independiente con una moneda en caída libre. Desplomaría también los ingresos de España, al quebrar muchas empresas catalanas que “exportan” al resto y tienen deuda en euros. Y, por supuesto, hundiría el PIB y los ingresos de Cataluña, que tendría que hacer impago sobre su deuda, llevándose por delante a la deuda de España, que incluye garantías y avales a entidades catalanas.

* El efecto Estonia: adiós derechos sociales. Me parto leyendo que la independencia mejoraría las pensiones. Todos los países que se han independizado –y entre ellos muchos son ricos en petróleo y gas, que nosotros solo tenemos en sueños- han visto sus sistemas de pensiones y de Seguridad Social colapsar. Pero es que el efecto sobre la deuda del Estado español sería devastador, hundiendo la Seguridad Social y pensiones, que están invertidas hasta un 80% en deuda soberana.

El efecto Azerbaiyán: uno de mis colegas, Ilkin, que ha visto a una generación empobrecerse en las independizaciones de los países de la URSS y bálticos, me permite darles a ustedes el ejemplo de lo que pasa tras la independencia. El pillaje político y la corrupción se disparan aún más. “¿Se quejan ustedes de clientelismo y corrupción? Aumentarían. Todo para decrecer durante cinco o diez años, empobrecerse y luego crecer”.

 

* El efecto Escocia: David Cameron lo ha dicho claro: “se quedan su parte de la deuda del Reino Unido, pero no la libra”. UBS en su informe “Can Catalonia Leave? Hardly”, estima que la deuda de Cataluña pasaría a ser un 78,4% del PIB tras absorber la parte correspondiente de la deuda del Estado. Incluso si esto no fuera así y declarase la parte que le corresponde del Estado como “odiosa”, su déficit anual superaría el 3,7% actual, porque los supuestos “déficit fiscales” se gastarían con creces en cubrir los gastos nuevos –UE, OTAN, nuevas estructuras estatales y el incremento del coste de la deuda- que rondaría el 10% solo extrapolando la prima de riesgo de la deuda de Cataluña actual. Lo interesante es que se llevaría por delante al Estado español, cuya deuda probablemente vería a la prima de riesgo a 600/700 puntos básicos al aumentar el déficit.

* El efecto Gales: si Cataluña declara odiosa la deuda correspondiente del resto del Estado, ya puede decir adiós a transferencias, avales y a recuperar el déficit fiscal. Cuando casi la mitad de las “exportaciones” de Cataluña son a España, un efecto reducción de comercio “normal” entre las dos partes implica una caída del PIB de 10-15% en Cataluña y de 2-4% en el resto de España, con lo que la deuda de las dos partes se dispararía y la solvencia se desplomaría.

España y Cataluña separados. “Short and Shorter”

Los números son absolutamente atroces para los dos. No es suma cero. Dos menos uno aquí es igual a menos que uno. Porque no descontamos la fuga de capital, el “crowding out” de los Estados y la pérdida de acceso de las dos partes al mercado de capitales.

El déficit fiscal que Cataluña reclama -aunque en 2010 fuese superávit fiscal- se lo gastaría en gran parte en crear más estructuras estatales, pagar a la UE y la OTAN y cubrir el incremento del coste de deuda. Y seamos claros, ningún inversor que yo conozca se cree ese déficit.

Fíjense qué casualidad que los bonos catalanes, a pesar del aval y rescate del Estado, y de las cifras optimistas sobre la independencia, siguen cotizando una prima de riesgo de casi 900 puntos básicos y sus bonos a vencimiento 2015-2016 cotizan con una media de descuento del 16%. Esto no indica ningún tipo de credibilidad institucional.

 

Pero es que España tras la independencia se iba a encontrar con una situación que haría imposible tener un déficit menor al 8%. Short and Shorter. Y no quiero decirles donde se iban a ir en bolsa las empresas catalanas cotizadas y las españolas con exposición a Cataluña ante la muy previsible voracidad recaudatoria “haciendo país” de los dos monstruos burocráticos.

El problema de España y de Cataluña es el derroche de recursos escasos, el 'morrazo político'. Pero la independencia no soluciona eso. Lo acrecienta. Oigo independencia y a más de uno se le ponen los ojos como platos pensando en la comisión de urgencia que van a crear –gasto- en el consejo de evaluación de las relaciones bilaterales –gasto- y las agencias de cooperación sindical –subvención-.

Hay que atacar este desastre despilfarrador antes de decidir qué modelo de Estado queremos, y el ejemplo de Inglaterra y Escocia nos prueba que se puede hacer sin estridencias. No me extraña que se indignen de que su dinero se vaya a Invercarias, Unnim, cúpulas de Barceló, subvenciones, estudios sobre la oveja y la “equidad a la acción sindical en salud laboral en las bananeras de El Salvador". Pero no duden ni un solo minuto de que al día siguiente de la independencia ustedes pagarán por los costes y los 1.650 millones que Cataluña gasta en diputaciones y consejos comarcales, o los que gasta el Estado en diputaciones, seguirán.

Les dejo con las palabras de Marc Vidal: "Estamos en manos de gente que no ha montado una empresa jamás, que nunca han pagado una nómina de su bolsillo y entran a trabajar cuando quieren (“en mans de gent que no ha montat una empresa mai, no ha pagat una nòmina i entran a treballar quan volen"). Todos queremos una gestión más eficiente de los recursos, una fiscalidad más cercana al ciudadano que paga. Para ello hay que independizarse, juntos, pero independizarse del monstruo que todo lo fagocita que es la estructura política hipertrofiada, subvencionada y clientelar.

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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83fdel5994 06/11/2012 | 23:20

Todo esto que está pasando con el tema del indepentismo en Catalunya no es más que una maniobra de la clase política para distraer a la población de la crisis y de la corrupción de la misma casta política, hace reir que ahora unos políticos que nunca han hablado de independentismo lo hagan de esta forma, tan falsamente, es curioso que este tama ha salido a la palestra a raíz de los recortes, especialmente en la sanidad catalana, antes no se había oído nada sobre el tema. Al igual que antes de que comenzara esta nefasta crisis financiera, cuando la economía crecía y se ganaba mucho dinero, entonces nadie hablaba de "pacto fiscal" ni nadie decía que otros le robaban, es que se nota mucho la demagogia, además respetando la historia no hay motivos históricos para tal independencia ya que Catalunya nunca ha sido un territorio soberano y por otro lado creo que económicamente tampoco es viable, cuando la clase empresarial está en contra por algo será.

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82Oscar Wilde 05/11/2012 | 22:34

#80 No ha contestado ud a mi comentario. Me parece estupendo lo bien que les va a ir y todo el dinero que les va a sobrar. Pero si de verdad se van a marchar, en vez de repetirnos sus monsergas nacionalistas explique como va a arreglar el único problema practico que tenemos que resolver: que hacemos con la deuda pública.

Si su comentario pretende decir que ya verán si en un alarde buena voluntad aceptan quedarse una parte o no, semejante infantilismo simplemente esta dejando en evidencia una vez más que no nos vamos a librar de uds. La deuda es suya le guste o no, incluso aunque decida no pagarla. Es como si cuando se divorcia una pareja, se reparten la cada pero deciden no pagar la hipoteca. Pues al banco no le va a importar mucho por qué se divorciaron.

Si realmente tuvieran un plan

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81Jaume 74 04/11/2012 | 21:37

#79 Vamos a ver, cualquier independencia viene con ingresos y costes adicionales. En el caso de Catalunya respecto a España el neto sería de unos 16.000 millones. Si Ud. cree que sólo hay costes, es una opinión respetable pero sin ninguna base real. A partir de allí las conclusiones a las que llega son insostenibles en ningún foro serio. A #78 decirle que Catalunya puede sostener con sus ingresos fiscales los 42.000 millones de deuda de la Generalitat. Estará de acuerdo conmigo que una deuda de un 21% del PIB con superávit del sector público es envidiable. Esta es la deuda que "le toca" a Catalunya. Si como resultado de una negociación, aceptamos llevarnos parte de la deuda española, esto sería como máximo la parte proporcional, un 80% del PIB, perfectamente asumible con un sector público en equilibrio. Claro que para firmar esto debería olvidarse de sus indisimuladas y bastante absurdas amenazas de salida de la UE y chorradas similares. Si no pueden ni convencer a Argentina que no les expropie, a cuenta de qué van a boicotear la independencia. Déjense de quijotismos ridículos y empleémonos en ser buenos vecinos.

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80Jaume 74 04/11/2012 | 21:37

#79 Vamos a ver, cualquier independencia viene con ingresos y costes adicionales. En el caso de Catalunya respecto a España el neto sería de unos 16.000 millones. Si Ud. cree que sólo hay costes, es una opinión respetable pero sin ninguna base real. A partir de allí las conclusiones a las que llega son insostenibles en ningún foro serio. A #78 decirle que Catalunya puede sostener con sus ingresos fiscales los 42.000 millones de deuda de la Generalitat. Estará de acuerdo conmigo que una deuda de un 21% del PIB con superávit del sector público es envidiable. Esta es la deuda que "le toca" a Catalunya. Si como resultado de una negociación, aceptamos llevarnos parte de la deuda española, esto sería como máximo la parte proporcional, un 80% del PIB, perfectamente asumible con un sector público en equilibrio. Claro que para firmar esto debería olvidarse de sus indisimuladas y bastante absurdas amenazas de salida de la UE y chorradas similares. Si no pueden ni convencer a Argentina que no les expropie, a cuenta de qué van a boicotear la independencia. Déjense de quijotismos ridículos y empleémonos en ser buenos vecinos.

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79jcr1935 04/11/2012 | 18:50

#77
Lo siento Jaime, pero tu comentario sobre la hipotética independencia de la región de Cataluña, no hay por dónde agarrarlo.
Primero, por que la independencia de cualquier región de España depende de todos los españoles y no sólo de los secesionistas, como a vosotros os dice Mas.
Segundo, porque el citado sujeto también os miente cuando alardea de que una eventual secesión, que va a ser que no, reduciría el abultado déficit público generado por él, con su pésima gestión al frente de la Generalidad, actualmente arruinada, pues además de enjugar la deuda de 47 000 millones, tendría que cubrir los gastos de las pensiones, prestaciones de desempleo, estructuras de defensa, embajadas por todo el mundo, etc., que ahora paga España
Así mismo, los grandes bancos de inversión ya os han advertido que la independencia imposible de Mas, tras su fracaso de gestión en la Generalidad, en sólo dos años, pasaría de ser un sueño a convertirse en una pesadilla para Cataluña.
Los bancos UBS, JP Morgan y el japonés Nomura, entre otras entidades financieras internacionales, han elaborado informes demoledores sobre la deriva secesionista de CIU.
Fuera de la UE y del Euro ¿Quo vadis Cataluña?

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Autor de "Nosotros, los Mercados" (Deusto, 2013). Gestor en uno de los principales Hedge Funds de la City y número 1 en el Extel Oil & Gas 2011. Daniel Lacalle cuenta con másde 20 años de experiencia en el sector financiero, ha sido votado durante cuatro años consecutivos entre los principales gestores del Extel Survey en las categorías General, Petroleras y Eléctricas y es miembro del Instituto Juan de Mariana. Casado y padre de tres hijos, reside en Londres. Daniel Lacalle puede invertir en las empresas mencionadas en el blog. Su opinión es exclusivamente personal, no refleja posiciones ni estrategias de los fondos que gestiona y sus comentarios no constituyen una recomendación de compra o de venta. Síguele en Twitter @dlacalle o en Facebook

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