Probablemente conozcan ustedes la historia del explorador que, caminando por la selva con un yunque en sus brazos, se cruza con otro expedicionario que, al verlo, le pregunta el motivo de ir cargando con algo tan pesado. Nuestro protagonista le responde que es una medida de protección, si se topa con un león, suelta el yunque y así puede correr más rápido. Pues bien, viendo el proyecto de los Presupuestos Generales del Estado para 2013, uno tiene la sensación de que el explorador del yunque es Cristóbal Montoro, al cual se lo traspasaron sus predecesores en el Ministerio, Pedro Solbes y Elena Salgado, y se le ha olvidado soltarlo para que los españoles podamos escapar de la crisis.
Y es que, viendo el proyecto de presupuestos presentado por el Gobierno para 2013, y por más que el Ministro de Hacienda se empeñe en vendernos la dureza de sus ajustes, es patente que seguimos a cuestas con el yunque que cogimos durante los años de vino y rosas de la burbuja. Si observan ustedes con perspectiva las que han sido las cuentas públicas en la última década, podrán ver que los presupuestos que tan austeros les parecen a quienes los han diseñado y tan asfixiantes a oposición socialista y sindicatos, están lejos de haber sufrido “recortazo” alguno. Como ya he comentado en alguna ocasión, los únicos que se han ajustado el cinturón hasta la fecha han sido los ciudadanos y las empresas privadas.
Porque, si en vez de comparar los planes de gasto para el año próximo con los presupuestos vigentes —cuya aprobación, recordemos, fue irresponsablemente retrasada a abril de ese año por motivos estrictamente electorales—, los contrastamos con los de, por ejemplo, 2004, cuando la burbuja brillaba en todo su esplendor, podremos comprobar fácilmente que nuestro estado central aún gasta casi un 40% más de lo que hacía en plena fiesta crediticia. Miren a su alrededor y traten de encontrar alguna familia o empresa privada que pueda permitirse el lujo de, no ya gastar lo mismo que en el 2004, sino de hacerlo un 40% más.
En efecto, en el 2004 la economía crecía al 3,3% y el fuerte crecimiento de los ingresos públicos asociado permitió expandir el estado y, al mismo tiempo, mantener las cuentas públicas prácticamente en equilibrio con un déficit del 0,3% del PIB, reducir la deuda pública al 46% y todo ello con la prima de riesgo a menos de cinco puntos, es decir, el bono español a diez años cotizaba prácticamente a la par con el alemán.
En aquellos dorados años, cualquier atisbo de una severa corrección era cosa de agoreros y aguafiestas —acuérdense que incluso era frecuente escuchar que se había acabado con los ciclos económicos— y agentes públicos y privados gastaban como si no hubiera un mañana. Pero sí que había un mañana. Y ahora es dolorosamente evidente que aquello no era más que un espejismo basado en la expansión artificial del crédito. En aquella época estábamos sembrando la semilla de la crisis actual.
Cuando llegó la crisis, con ella se disparó el gasto social así como los intereses de deuda pública, impulsados tanto por el desfase entre ingresos y gastos, como por los rescates bancarios. No se puede negar el hecho de que el crecimiento año tras año del déficit público, y los presupuestos del 2013 no son una excepción, tienen un importante componente en el incremento de las prestaciones y de los intereses. Aceptando a efectos dialécticos que esto no puede ser de otra forma, ya que hay que seguir pagando pensiones y subsidios y a los bancos hay que seguir rescatándolos, les sugiero que se pregunten qué ocurre con el resto del gasto que no es ni servicio de la deuda ni prestaciones.
Pues bien, si se fijan en el desglose por políticas, podrán comprobar que esas partidas apenas si han variado con respecto a los años de esplendor. Si bien se ha reducido ostensiblemente la inversión en infraestructura, supuestamente productiva si exceptuamos aeropuertos fantasmas, AVEs vacíos y las rotondas del Plan E del gobierno anterior, ésta ha sido más que compensada por el crecimiento del gasto corriente dedicado sostener la estructura elefantiásica del estado. Díganme, ¿dónde está la austeridad si, salvo en infraestructuras, en el resto de partidas seguimos gastando como cuando éramos ricos?
Evidentemente, la mayor dosis de irresponsabilidad corresponde al ejecutivo de Zapatero, con su empeño en ocultar la crisis a los españoles en el año electoral del 2008 y aplicar caducas medidas keynesianas en los años siguientes, que no sólo no han contribuido a alcanzar los resultados buscados —generar empleo y, con ello, crecimiento— sino que han hundido al país en una profunda crisis de deuda. Pero al gobierno de Rajoy le está faltando el coraje y la determinación necesarios para devolver al estado a un tamaño razonable y asumible. Ha optado por el camino fácil de la expropiación del esfuerzo de los ciudadanos, perjudicando aún más a la economía privada y, todo ello, para tampoco conseguir los fines perseguidos. Más nos valdría seguir el camino de Canadá, como acertadamente postulaba ayer McCoy en su columna diaria (La solución a los problemas de España está… ¡en Canadá!).

Aunque pueda parecer puramente anecdótico, les ofrezco para muestra un botón de lo que puede ser un buen exponente de hasta dónde ha llegado el despilfarro público y el grado de intromisión del estado en las cuestiones privadas. Se trata del Instituto de la Juventud, adscrito al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Este organismo tiene su razón de ser en “promover la igualdad de oportunidades entre los y las jóvenes” (sic), “propiciar la participación libre y eficaz de la juventud en el desarrollo político, social, económico y cultural de España” e “impulsar la colaboración con los restantes departamentos ministeriales y las demás administraciones públicas”.
Es evidente que tan elevada y esencial labor sólo puede dirigirse desde un palacete de tres plantas y 1.400 metros cuadrados en el Paseo de la Castellana, como saben, una de las mejores avenidas de Madrid, más otro edificio de ocho plantas en la calle Ortega y Gasset, a unas manzanas de las tiendas de lujo de la llamada milla de oro. Por cierto, les recomiendo que no intenten buscar en Google por “Instituto de la Juventud”, no vaya a ser que descubran que también hay un Instituto Aragonés de la Juventud, un Instituto Riojano de la Juventud, un Instituto de la Juventud de Extremadura, etcétera, además de institutos municipales de la juventud varios. Un grano de arena, sí. Pero ya saben que grano a grano se hace montaña.
Ironías aparte, ¿podrían haber hecho algo más Rajoy y Montoro en el proyecto de presupuestos para 2013? Sí que podrían. De tener la convicción y el coraje suficientes, tenían a su alcance realizar el siguiente ejercicio: tomar todas las partidas de gasto y ordenarlas desde las más inevitables (intereses de la deuda) e irrenunciables (pensiones, subsidios de desempleo, etc.) a las más prescindibles (salarios de altos cargos, todo tipo de subvenciones, etc.), mirar luego hasta donde les llega con lo que tienen previsto ingresar y a partir de ahí, aplicar la tijera con decisión.
En el gráfico tienen un posible ejercicio, aunque les invito a que hagan el suyo propio si no están de acuerdo con el orden escogido. En todo caso, fíjense que lo que queda por arriba son fundamentalmente subvenciones. Si Montoro hace el ejercicio y no le gusta lo que le sale por encima de la línea, puede volver a priorizar hasta que esté conforme. Lo que es evidente es que no podemos seguir con el yunque a cuestas, ¿no creen?
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
45ecce homo 12/10/2012 | 11:18
#42 Sí.
Para las pequeñas y medianas empresas privadas que hemos tirado atrás de autofinanciación [que somos muchas], nuestro problema es de liquidez fundamentalmente [ ventas-morosos-anticipo iva-costes de financiación altos, iflación de costes, fuentes de financiación escasas, etc....]. Y aún no ha llegado el invierno.
Esta inercia, claro está, afectará a nuestra solvencia.
Nos entendemos, Antonio [ el sector público es otro mundo. Yo ya lo doy por perdido ].
Un saludo.
44antonio españa 12/10/2012 | 10:34
#37 Estimado Bloody, le agradezco que vuelva a pasar por este foro y su contribución al debate.
Estoy con Duke #36, lamentablemente el dinero hoy sí se puede crear de la nada. Lo pueden crear bancos centrales y la banca comercial vía la reserva fraccionaria. Basta un mero apunte contable, sólo son necesarios los bits correspondientes para que el apunte que registrado en los ordenadores de esas instituciones. Nada más.
Por supuesto, que se pueda crear de la nada, no implica que pueda hacerse ilimitadamente. La restricción la pone la confianza de los agentes económicos, que es muy amplia por la falta de transparencia, pero que un día se puede romper...
Un saludo,
43antonio españa 12/10/2012 | 10:24
#40 En efecto, hay que estar muy atentos porque esos balances sí que son una auténtica burbuja que no hace más que crecer.
También le diré, empero, que desde el abandono del patrón oro, considero que esos balances son puramente ficticios. Lo cual hace mucho más peligrosa la mencionada burbuja.
Un saludo,
42antonio españa 12/10/2012 | 10:19
#41 Muchas gracias por unirse al debate, ecce homo.
Haciendo uso de la clásica distinción entre lo importante y lo urgente de los libros de management, le diría que la cuestión de la liquidez es sin duda lo más urgente a día de hoy [ahí están los vencimientos], pero lo realmente importante es la solvencia [que es lo que determina que nos presten o no para refinanciar las tensiones de liquidez]. ¿No le parece?
En su columna Monetae mutatione, Antonio España (Málaga, 1973) combina la aplicación del instrumental analítico desarrollado por la escuela austriaca de economía con su personal apreciación de los hechos económicos y monetarios que periódicamente sacuden la economía en forma de ciclos económicos. Casado y con tres hijos, Antonio España es Ingeniero de Telecomunicación por la Universidad de Málaga, MBA por el IESE y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos. Con una importante trayectoria profesional como directivo y consultor de negocio, actualmente trabaja asesorando a grandes compañías en estrategia y operaciones, aunque las opiniones y tomas de posición expresadas en este blog son exclusivamente suyas.