Atosigamiento fiscal

Probablemente han visto ustedes, o les suene, una de las primeras películas de Steven Spielberg, El diablo sobre ruedas. Rodada en 1971, fue inicialmente concebida para

Probablemente han visto ustedes, o les suene, una de las primeras películas de Steven Spielberg, El diablo sobre ruedas. Rodada en 1971, fue inicialmente concebida para la TV y, pese a su escaso presupuesto, está considerada como una obra de culto. El argumento de este thriller, como sabrán si la han visto, narra las vicisitudes de David Mann –Dennis Weaver–, representante comercial de productos electrónicos, que conduce su coche por una carretera casi desértica y es atosigado, sin motivo aparente, por el desconocido conductor de un enorme y oxidado camión cisterna. Pues bien, un acoso parecido al que sufre el protagonista es al que nos somete, en plena crisis económica, ese otro enorme Leviatán que es el Estado con su enorme carga impositiva.

La semana pasada, el Gobierno presentó en sociedad el proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el año próximo. Una presentación en la que su titular de Hacienda, Cristóbal Taxman Montoro, se ha afanado en vendernos que no habrá subida de impuestos en 2014. Mensaje que, seguramente ante la ausencia de agradecimientos recibidos, ha vuelto a reiterar este mismo martes. Como buen político, el ministro seguramente posee el don de la memoria selectiva, ya que parece haber olvidado que el incremento fiscal con el que inauguró su mandato, el mal llamado “recargo de solidaridad”, era temporal y por dos años. No les quepa duda de que cuando se acerquen las elecciones nos venderá su reducción parcial como un gran éxito. ¿Se acuerdan de aquello de poner la calefacción en verano para notar el alivio al apagarla?

Hasta entonces, y de forma similar al camionero de la citada película, este Gobierno continuará atosigando a los españoles con la insoportable carga fiscal a la que nos tiene sometidos por no atreverse con la reducción del tamaño de un omnipresente Estado. En este sentido, Pablo Rodríguez Suanzes firmaba este fin de semana en el suplemento económico del diario El Mundo un magnífico y muy ilustrativo artículo sobre unos presupuestos en los que “todas las subidas se mantendrán y no habrá bajadas”. Subidas que no sólo afectan al IRPF, sino también a otras figuras impositivas por la vía de la prórroga de medidas de años anteriores.

A buen seguro han escuchado ustedes alguna vez el tema Taxman de The Beatles, incluido en el álbum Revolver de 1966 y escrito por George Harrison. Pues bien, no se extrañen si algún día el equipo de comunicación del partido que gobierna lo escoge como introducción a los mítines del titular de la cartera de Hacienda, ya que resulta altamente premonitoria de los tiempos actuales. Porque escuchando al ministro, parece que aún tengamos que darle las gracias por no subir los impuestos en 2014.

Should five percent appear too small

Be thankful I don’t take it all

‘Cause I’m the taxman

Yeah. I’m the taxman

Y es que quizás no se hayan parado a pensar en la amplitud del ámbito de actuación tributario que tienen los diferentes niveles del Estado. Fíjense que no hay apenas parcela de la acción humana que escape a la creciente voracidad tributaria de un Estado pantagruélico. Voracidad que, como les he comentado en alguna ocasión, se ha visto favorecida por la hipertrofia administrativa en un edificio autonómico mal concebido y peor ejecutado por unos políticos locales que priman sus agendas personales sobre el bienestar de sus votantes. Si hacen un recuento rápido y no exhaustivo pueden identificar alrededor de un centenar de figuras impositivas –la gran mayoría, por cierto, han sido modificadas al alza en los últimos años –. Y sin contar tasas, precios públicos y multas.

Repasando el cuadro que les adjunto, les ruego me disculpen si no me resisto a añadir otra estrofa de la canción de los Beatles, que describe muy gráficamente el entramado tributario de nuestro país.

(If you drive a car, car)

I’ll tax the street

(If you try to sit, sit)

I’ll tax your seat

(If you get too cold, cold)

I’ll tax the heat

(If you take a walk, walk)

I’ll tax your feet

(Taxman)

Recuperando el tono serio, ¿creen ustedes que una sociedad agobiada con más de 100 tributos diferentes puede impulsar una economía sana? ¿De verdad piensan nuestros gobernantes que es posible que pueda florecer algún tipo de actividad económica en estas condiciones? ¿Cómo piensa nuestro Gobierno que haya brotes verdes si los aplasta con su oxidado tráiler de 40 toneladas?

Llamó la atención Mises, seguramente anticipándose a nuestro tiempo, sobre algunos expertos que declaraban que era necesario imponer tributos al pueblo hasta que empezara a doler –y también que discrepaba con esa actitud–. Y también dejó escrito en su Acción Humana que “la metamorfosis de los impuestos en armas de destrucción es marca de la casa de las finanzas públicas actuales”. Pues bien, parece que hace ya tiempo que hemos cruzado el umbral de dolor y que las subidas de impuestos están haciendo estragos en la recuperación económica. Y todo ello, ¿para qué? Para seguir con el déficit disparado, la deuda pública real, –sin los artificios contables del Protocolo de Déficit Excesivo– superando el 100% del PIB y, sobre todo, el drama del paro minando la moral de seis millones de españoles.

No debe sorprendernos, pues, que con el empecinamiento del Gobierno en sacarnos de la crisis a base de muchos impuestos, el FMI nos augure un escenario de estancamiento para el 2014. Pónganse en la piel de un inversor extranjero, ahora que parece que Cristóbal Taxman Montoro y Luis von Guindos casi todo lo fían al sector exterior, y díganme qué pensarían si quisieran invertir en España y se enfrentaran al cuadro mostrado. Así que, por favor, pidan al Gobierno que deje aparcado el camión cisterna con el que nos atosiga a españoles y potenciales inversores, y tome las medidas verdaderamente necesarias para permitir la recuperación económica.

Monetae Mutatione

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